La reciente muerte de Julio ha sido, si no sorpresa, sí un fuerte momento en esta última semana. Puestos a señalar algún aspecto de su muyu intensa y significativa vida, me detengo en un aspecto: su vocación y misión de FORMADOR. Y lo hago en tres momentos en los que he compartido con él “mesa y mantel”

1) ZARAGOZA. Inicia su recorrido la nueva Provincia. Momentos ilusionantes para quienes en aquel entonces eran jóvenes misioneros. La división me pilló en Madrid (Hortaleza). Por razones geográficas fui asignado a la de Zaragoza. Por razones estratégicas se nos envió a la Universidad Civil de Zaragoza. Una apuesta arriesgada. Haríamos los dos primeros años (entonces llamados “comunes”) de Filosofía y Letras. No hubo más alternativa. Fuimos a residir a la “nueva casa de Goya” (aún existía la “vieja” que cerraba el solar). Allí tropezamos con la Curia, la comunidad de la casa y el “estudiantado”. Como responsables de los estudiantes los PP. Julio Suescun, Amador Lapuente y Joaquín Rosell. Aquí coincidí, dos años, con Julio. Ocupabamos los pisos segundo y tercero. En el bajo se ubicaba la cocina-comer y, junto a la entrada, una amplia capilla que pronto quedó dividida en dos para tener un pequeño salón de juegos. Era Julio un formador “cercano” y “claro”. Jamás le ví ir por las ramas. No tenía ninguna dificultad en afrontar los múltiples problemas que las personas, la casa y las circunstancias traían cada día. Vida de la Comunidad de estudiantes, relaciones con el resto de la Conmunidad, idas y venidas a la Universidad, estudio diario, diversión, tiempo de verano, fondo común, actividad pastoral, estructuración de los pequeños espacios… Siempre abierto a sugerencias: “fondo común” de los estudiantes y “aisgnación personal”, grupo nmusical “Goya 92″, festivales y festorrios internos, planificación de los trabajos veraniegos, campo de baloncesto, saqueo de materiales de la “casa vieja” para engrosar el fondo común, preocupación por una mejor ubicación del estudiantado (Casablanca), etc… Dos intensos años que finalizaron con una apuesta: para Navidad estaría inaugurada la nueva casa de Casablanca; a cambio una mariscada. Fuime a Bilbao (Deusto; ni me acordaba de la apuesta); marzo (teléfono) “cuando quieras te pago la apuesta”; fui y cumplió su palabra.

2) ASAMBLEAS. Si mis datos no me fallan, junto con Jaime Corera, es el único misionero que ha participado en TODAS las Asambleas Provinciales tenidas desde la fundación de la Provincia de Zaragoza. Incluso estaba elegido para la próxima. Preparé, junto a él, dos ellas. Fue mi aprendizaje (porque todo debe aprenderse). Habitual en el cargo de “moderador”. Su adscripción a las Comisiones “Central” (cuando las había)  y de “Redacción” (siempre) eran fijas. Lo mismo la Presidencia de ambas y el oficio de “relator”. No había texto discutido o infernal que no fuese capaz de trascribirlo al consenso. Gran parte de la Documentación Provincial (Normas o Líneas Operativas) llevan su inconfundible sello. Todo a punto sin prescindir de momentos de asueto. Capacidad inconmesurable en las últimas redacciones. “A mí, Paíno, que los arrollo”. Difícil se vislumbra esta faceta para la próxima Asamblea. Aunar vicencianismo, teología y sentido común no es nada fácil.

3) SIEV. Perteneció a este Secretariado desde su fundación. Después de seis años, se tomó uno de descanso y volvió como Secretario Ejecutivo del mismo (es decir, de “factotum”, menos de las convocatorias y la economía). Merced a su “influencia” fui nombrado miembro del mismo por el actual Superior General. Coincidí con Julio los tres últimos años. Se convirtió (además de nuestra larga amistad) en mi tutor personal. Viajes, esperas, comidas, fiestas, traducciones, etc… De todo ello yo era (y sigo siendo) un imperfecto ignorante. Su ayuda fue inestimable y su preocupación por hacerme las cosas más fáciles impagable. Mis miedos en Roma, París o Dublín eran menos con su presencia. Nuestros trabajos eran más amables con su presencia. Roma, sobre todo, no tenía demasiados secretos para él y, nuestras reuniones, siempre terminaban con alguna invitación a comer o cenar. ¿Permitir pagar?… ¡Podíamos llegar!… ¡Navarra siempre p’alante!

Tres momento vitales. Otras personas pueden hablar de Salamanca o Casablanca. Muchas Hijas de la Caridad pueden testimoniar su profundidad y dedicación a los Ejercicios Espirituales. Una vida dedicada, especialmente, a la formación de la Familia Vicenciana. Se nos ha ido un maestro de formadores, se me ha ido un amigo. ¡Descansa en paz!…. Merecido lo tienes.

Autor: Mítxel Olabuénaga, C.M.

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