Roma 3 de junio de 2012.

A todos los miembros de la Familia Vicenciana

 ¡Que la gracia y la paz de Nuestro Señor Jesucristo llenen nuestro corazón ahora y siempre!

Cada año como saben, proponemos un tema de reflexión y profundización, como Familia, en torno a  las celebraciones de nuestro santo fundador.   El año pasado centramos nuestra mirada para recoger  los frutos  que la celebración del 350 aniversario ha suscitado en nosotros, tanto a nivel local como rama, como a nivel general como Familia.  En este sentido las distintas experiencias compartidas desde su creatividad, nos han enriquecido enormemente.   Podemos decir que como familia:

  • Se Fortaleció la interrelación  y nacieron nuevas relaciones con otras formas de expresión espiritual afines a la nuestra.
  • Se profundizó en la Formación  Vicenciana.
  • Se aprovechó la creatividad para las distintas expresiones celebrativas, culturales  y artísticas.
  • Se ha fortalecido  nuestra vocación vicenciana.
  • Se ha crecido en la dimensión espiritual.
  • Hemos crecido en la búsqueda de mayor Cercanía al Empobrecido.
  • Se fortaleció la Dimensión Misionera.

Estos entre otros han sido los frutos compartidos a raíz de la invitación hecha el año pasado.

Este año, siguiendo con esta mística familiar, los invito a profundizar en la Colaboración Vicenciana.  Para ello proponemos como tema: Colaboración y Evangelización  y como lema: “Trabajemos juntos, para compartir la Buena Noticia y dar vida a  los pobres”.

 Permítanme iniciar con un acontecimiento  conocido por todos, pero que para nosotros es el inicio de todo.  Así como decimos en el caso de Jesús “todo empezó en Galilea”; en el caso de Vicente, podemos decir: “todo empezó en Folleville y en Chatillón”.    Tal como la  confesión del aquel campesino, después del Sermón de 1917 en Folleville, le abre los ojos de Vicente ante la miseria humana en todas su dimensiones, así también, la experiencia solidaria suscitada en Chatillón, después que en su homilía hablara de una familia necesitada, le revela la necesidad de una acción organizada ante las necesidades de la gente.  De esta manera,  nacemos como Familia, una familia que

busca atender las necesidades materiales inmediatas de los pobres, pero también  las necesidades espirituales que le empobrecen más.  Pero más aún, una Familia que  cuestiona y denuncia con su estilo de vida a  las estructuras que empobrecen.

Por el bautismo pertenecemos a un proyecto, el proyecto de Dios, revelado por su Hijo Jesucristo y que los evangelios deja muy claro: Se trata del Reino y su Justicia.  Como Familia Vicentina tenemos la bendición y el privilegio de contar con una espiritualidad que nos permite Vivir hoy este proyecto de Vida.   La espiritualidad que nace de un hombre que cada día se preguntaba: ¿Qué haría el Hijo de Dios en esta  o aquella situación?

Sin embargo esta Familia se ve inmersa en un mundo que cada día se aleja del concepto de familia y prepondera  un estilo de vida individualista, competitivo y egocéntrico, es decir, inhumano, ya que el ser humano, en su sentido más profundo, no se puede entender sin el Otro.

En este sentido tenemos una propuesta alterna a este mundo.  No sólo porque nuestro estilo de vida  busca la transformación de este mundo en una buena noticia para el ser humano, realizada desde la Buena Noticia a los empobrecidos; sino, porque podemos y queremos ser un referente de cómo hacerlo en el sentido de trabajo en equipo.  Cada rama es muy diferente, y esto nos enriquece, pero tenemos a Jesucristo como hilo conductor y un estilo muy propio de vivir a Jesucristo.  Un estilo que lleva casi cuatrocientos años: el estilo vicenciano, es decir, “Jesucristo aquí y ahora” 

Como una forma práctica de hacer vida esto les invito a:

  1. Fortalecer las organizaciones locales y regionales que tenemos como Familia.  Si no existen potenciarlos para que se den.
  2.  Fortalecer los proyectos con los empobrecidos que tenemos como Familia.  Los proyectos que cada rama realizamos son buenos, pero si hacemos proyectos comunes, será mucho mejor.
  3. Tener espacios celebrativos y de oración como Familia, aprovechando los distintos acontecimientos locales y regionales: aniversarios, jubileos, fiestas vicencianas, entre otros.

Se que cada rama, así como la Familia en General, pasa por distintas situaciones que muchas veces desaniman a sus miembros y en algún momento puede hacer difícil el trabajo.  Incluso, en algunos momentos, se ve tentada a seguir los proyectos inhumanos mencionados antes.   Sin embargo no nació para esto, sino para generar Vida y como diría el maestro: “Vida en Abundancia”.   Por ello quisiera que se enfoquen en las cualidades que  cada rama y cada miembro tienen y  que si unimos estas cualidades podemos hacer un hermoso trabajo, donde nuestros amos se beneficien.

Para terminar me gustaría que reflexionemos esta metáfora, seguramente conocida por muchos de ustedes, pero que cada vez que volvemos a ella podemos re-elaborar nuestro pensamiento.

Asamblea en una carpintería

En una carpintería hubo una extraña asamblea, las herramientas se reunieron para solucionar sus diferencias. El martillo fue el primero en ejercer la presidencia, pero la asamblea le notificó que debía renunciar. ¿Cuál es la causa? Hacía demasiado ruido, y se pasaba el tiempo golpeando. El martillo reconoció su culpa, pero pidió que fuera expulsado el tornillo ya que había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo.

El tornillo aceptó su retiro, pero a su vez pedió la expulsión de la lija, ya que era muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás.

La lija estuvo de acuerdo, con la condición de que fuera expulsado el metro, pues se la pasaba midiendo a los demás, como si él fuera perfecto.

En eso entró el carpintero, se puso delantal e inició su trabajo, utilizando alternativamente el martillo, la lija, el metro y el tornillo. Al final, el trozo de madera se había convertido en un lindo mueble.

Cuando la carpintería quedó sola otra vez, la asamblea reanudó la deliberación. Dijo el serrucho: “Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos ya en nuestras flaquezas y concentrémonos en nuestras virtudes”. La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba solidez, la lija limaba asperezas y el metro era preciso y exacto. Se sintieron como un equipo capaz de producir hermosos muebles, y sus diferencias pasaron a segundo plano.

La Iglesia existe para evangelizar, es decir llevar una Buena Noticia.  En nuestra espiritualidad Vicenciana esta Buena Noticia es hacia los pobres.  Que Dios nos conceda la gracia para que sigamos siendo esta Buena Noticia, para que nuestros Amos en Jesucristo tengan vida y la tengan en  abundancia.

 

Su hermano en San Vicente

G. Gregory Gay, C.M.

Superior General

 

 

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