La Familia Vicentina de las tierras centroamericanas, es decir en Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Costa Rica y Panamá, han celebrado la clausura del Año Jubilar Mayo 2011-2012.

Se han desarrollado a lo largo del año distintas actividades formativas, recreativas, reflexivas, artísticas y culturales; pero sobre todo en la búsqueda de mayor cercanía con el empobrecido.

Las actividades de clausura tuvieron lugar en  Guatemala entre el 6 y 13 de mayo. Dentro de las celebraciones se desarrolló El Congreso Centroamericano Misionero Vicentino como un espacio enmarcado en la celebración jubilar por los 150 años de presencia misionera vicentina en estas tierras, convirtiéndose así, en un buen motivo para el encuentro de todas las Ramas de la gran familia que conforman el gran árbol cuya misión es llevar la Buena Noticia de la vida en plenitud, vida centrada en Jesucristo, a sus destinatarios directos: las personas empobrecidas, marginadas y excluidas de nuestros pueblos.

La revitalización que este Congreso ofrece es fundamental para el caminar, pues ayuda a buscar respuestas concretas, afectivas y efectivas, que brinden nuevas esperanzas, nueva vida a quienes están siendo condenados a muerte por estructuras injustas, estructuras de pecado. Por ello, se hace necesario hacer un alto en el camino, ver la realidad hacia adentro y hacia afuera, juzgarla desde los criterios del Evangelio y la espiritualidad vicentina, de tal forma que la Misión de nuestra gran familia se adecúe a los distintos contextos y realidades.

La metodología utilizada en el Congreso: Ver, Juzgar, Actuar, pretende dejar un horizonte claro para que, como Familia Vicentina, se encaminen todos los esfuerzos en una sola dirección, de tal forma que se generen proyectos regionales centroamericanos, que permitan asimilar e implementar de manera concreta el método llamado: Cambio Sistémico. Todo esto implica un proceso de conversión y maduración, buscando que la pluralidad cultural y de ramas de la familia vicentina se convierta en una fuerza motora que nos una en lo diverso, con una misma mirada y un mismo corazón, en relación fraterna y solidaria, para amar y servir más y mejor a nuestros amos y señores que nos evangelizan desde su ser y su realidad.

Será el Espíritu de Dios, a través del legado de San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac y tantas y tantos que después de ellos asimilaron y actualizaron esa espiritualidad a los diversos contextos, quien dará la fuerza para concretar y sacar frutos de esta experiencia de encuentro y celebración, siguiendo siempre en camino con nuestro hermano Jesús de Nazaret, el evangelizador de los empobrecidos.


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