Buenas tardes amigos!

Os escribios desde la Comisión de Comunicación del Encuentro Internacional de Jóvenes Vicencianos, que se está celebrando estos días en Madrid. Nos ponemos en contaco con vosotros porque cada día os vamos a ir mandando por correo información sobre todo lo que está ocurriendo aquí. Nos gustaría que lo publicaráis en vuestras respectivas páginas web, si véis que tiene acabida y que os interesa.

Aquí os mando las dos primeras noticias, que hacen referencia a los días que ya llevamos funcionando. En un segundo mail os mandaré una foto para cada artículo!!!!!

Cualquier duda, a través de este mail podéis poneros en contacto con nosotros. comunicacionfamvin@gmail.com

Un saludo. Beatriz

 

BIENVENIDOS A CASA

Madrid, 12 de agosto.

En la capilla y compartiendo la oración. Así hanvivido la acogida los 1.390 peregrinos que hoy han llegado a Madrid para participar en nuestro Encuentro de Jóvenes Vicencianos. Después de tanto esfuerzo, tiempo y kilómetros en el camino, ya estamos todos. La gran pregunta ahora es, ¿qué hemos traído en nuestras mochilas?

Uno de los cientos de jóvenes que llegaba a Madrid nos explicaba el motivo por el que está aquí: “Queremos compartir nuestra fe con los miembros de la Familia Vicenciana. Aprovecharemos estos días para profundizar en las raíces de nuestro carisma vicenciano y vivir en comunidad”.
Una de las cientos de Hijas de Caridad que van a acompañar a estos jóvenes nos contaba: “Necesitamos y queremos compartir la fe en Cristo y la fe en nuestra Iglesia”.

Entre el EJV y la JMJ nos vamos a juntar un total de1737, entre voluntarios (164) y peregrinos (1573). Por grupos lingüísticos estaría a la cabeza el grupo mayoritario de habla hispana, formado por más de 500 peregrinos y voluntarios. Pisándole los talones están los de habla inglesa, que suman unos 350. Tras ellos, Brasil y Portugal reúnen a unas 230 personas
que hablan portugués. Y en último lugar, pero no por ello menos importante, están los participantes de habla italiana, que suman algo más de 100.

Sevilla, Buenos Aires, Taiwán o Zambia…, la distancia es algo ya relativo y que no pesa entre los jóvenes. Todos vienen dispuestos a exprimir estos días de convivencia, a sacarle todo el jugo a los acontecimientos que nos reúnen. La ilusión hace olvidar el cansancio y la lluvia que recibió a muchos de estos peregrinos. La tormenta que cae en Madrid no ha logrado mermar un ápice el ánimo que los jóvenes han traído desde su tierra. Llos momentos compartidos con
los demás hacen que merezcan la pena todos los esfuerzos. Sobre todo porque lo
mejor siempre está por llegar.

“SER, NO APARENTAR”

13 de agosto, Madrid

Bajo el lema “Ser, no aparentar” arrancó el Encuentro de Jóvenes Vicencianos que durante este fin de semana reúne a casi 1.500 miembros de la familia vicenciana en Madrid. El pistoletazo de salida tuvo lugar con la oración de apertura que se celebró en la Basílica de La Milagrosa con una participación global en la que se unieron españoles, franceses, alemanes, italianos, brasileños, argentinos, portugueses y así hasta casi medio centenar de nacionalidades cuyo centro es su fe en Cristo y su pilar la participación en el carisma vicenciano.

El Padre General de la Congregación de la Misión, Gregory Gay, fue el encargado de inaugurar el encuentro con una exposición en la que exhortó radicalmente a los jóvenes a una apuesta clara por el servicio al pobre. “Nunca en el mundo se había hecho tan necesaria esta misión como ahora. Vivimos en un mundo con innumerables y gigantescas fábricas de pobreza. ¿Viven los pobres con dignidad? ¿Hay pobres en la tierra? Entonces esos pobres
necesitan la Buena Noticia del Reino de Jesucristo en todo el sentido amplio de la palabra. Ésta, hermanos es nuestra Misión como Familia. Por lo tanto, ser vicentinos y vicentinas, es una identidad que le urge al mundo”.

Calados por la rotundidad del Padre General, la oración comunitaria continuó entre cantos hasta el instante en el que se recogía el lema que nos va a acompañar en este día: “Ser, no aparentar”.
Mediante un happening, los jóvenes fueron descubriendo que en la vida no podemos tener dos caras, que debemos tener una única personalidad y asumir qué errores estamos cometiendo. “¿Nos dejamos guiar por Dios?”, ante esa pregunta y rodeados por la representación de un numeroso grupo de mimos con caras blancas y manos blancas, los jóvenes miran una careta que acaban de recibir y que deberán llevar colgada durante todo el día. ¿El objetivo? La máscara simboliza las diferentes caras que cada uno de nosotros tenemos en nuestras vida.

Con esta incómoda carga pensaremos durante el día si somos o no trasparentes,
si actuamos de forma distinta dependiendo del lugar donde nos encontremos o qué
imagen damos ante los demás. El reto está claro, nuestra imagen no puede tener
dobleces, nuestra vocación vicenciana tampoco.

 

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