Chile:Entre el dolor y la esperanza

por | Abr 19, 2010 | Familia Vicenciana, Situaciones de necesidad y respuestas | 1 comentario

Dichato, entre el dolor y la esperanza: Testimonio de un misionero.  Ofrecemos una reflexión del P. Alejandro Fabres, C.M., que se encuentra desde la Semana Santa en Dichato, uno de los lugares más golpeados por el terremoto y maremoto, compartiendo con los habitantes del lugar «el dolor y la esperanza»:

Mis muy queridos hermanos:

Hace días se me viene a la mente el título de un programa especial que grabó radio cooperativa hace muchos años que se llamó «Chile, entre el dolor y la esperanza». Con un abismo cronológico e histórico, hoy podría hablar de «Dichato, entre el dolor y la esperanza» y creo que viene muy bien para lo que quiero expresar en estas pocas líneas.

Cuando llegamos con las Hijas de la Caridad a está localidad ubicada en la octava región, cerca de la ciudad de Concepción, mi visión fue la de un bombardeo como el que se ve en las películas de acción. La destrucción se miraba, mejor dicho se palpaba por todas partes. Casas destruídas, semiderrumbadas, escombros por todas partes, sin agua, sin luz en la mayoría de los sectores, con temblores a cada momento. Era una visión bastante dantesca. Pienso que a todos los impresionó en demasía.

Pero se podía tomar dos opciones. Sentarte a llorar con la gente y dejar que el miedo y la desolación te paralizara o comenzar a consolar (nos) y a trabajar.
Y fue esto último a lo que habíamos venido. Las decisiones fueron fluyendo según las sugerencias dadas por las Hermanas que estaban en el sector y que les había tocado vivir todo esto junto con el sacerdote que tiene a cargo la localidad y que también era damnificado, además de empezar «in situ» a escuchar a la gente.

Los militares habían hecho una tarea tremenda, en un primer momento de tipo asistencial y luego de apoyo logístico en todas las necesidades. La municipalidad tenía ocupadas (y aun es así) las dependencias de la capilla que gracias a Dios no tuvo desperfectos.

Comenzamos a recorrer las calles y a visitar la gente. Estabamos próximos a comenzar nuestra Semana Santa, y había que organizarla con la comunidad, nos reunimos con agentes pastorales. Todos entusiastas y cooperadores, pero en cada rincón de pueblo de veía que ellos ya habían comenzado hacía mucho rato su vía crusis.

Domingo de Ramos marcó el inició de un encuentro mayor con el pueblo de Dios. Nos acogieron con un gran cariño. Nos daban las gracias por estar con ellos allí. Nos pedían que bendigeramos algunos objetos. Me llegó un rosario que era lo único que una mujer había salvado de su hogar. Caminamos con ellos en cada una de las celebraciones. Escuchando, mirando, oyendo treinta veces y de distintas maneras la misma historia. Era su manera de hacer catarsis.

Las Hijas de la Caridad estuvieron atentas a cada una de las necesidades espirituales que los dichatinos tenían, además de un grupo de jóvenes de la parroquia de Mulchén que allanaban los caminos.

Así fue todo nuestro triduo pascual, incluido Pascua de Resurrección. Con chocolate y muhca calidez de todos.

Con el segundo equipo constituído por Dos Laicas, Dos Hijas de la Caridad (Sor Herminia y Sor Eva) y yo, hemos iniciado una segunda etapa, que es la de visitar además de los campamentos, las casas en las que aun vive gente sin agua y sin luz. Seguimos en la labor de escucha. Hoy ya se comienza a ver menos necesidades económicas (que existen y son variadas) y más necesidades espirituales. Hacía tiempo que no tenía tantas confesiones, la gente siente la necesidad de acercarse a Dios. Muchos cuentan sus soledades, sus miedos. Hay que comenzar a recomponer el alma. Nuestra pequeña comunidad ha ayudado a eso, prestando los servicios concretos y también abrazando, saludando, etc.

Aproveche un momento para ir a ver también al equipo de Talcahuano, alli nuestras hermanas y los misioneros han sido de gran aporte, el valor testimonial de su presencia, viendo que comemos y vivimos de la misma manera que los que han perdido todo. Me sentí reconfortado a ver a Sor Myriam, Sor Rosa y Sor Guillermina, llenas de entusiasmo laborando con los demás, sonando mocos, saludando, alegres, verdaderas Hijas de la Caridad con todo lo que estas palabras quieren decir. Juan David Mamani tampoco se queda atrás. Celebramos eucaristía en carpa, compartimos experiencias.

Ya de regreso en Dichato seguimos con la tarea. La Eucaristía diaria es nuestra fortaleza, además de la oración diaria. Pero tratamos de que nuestra vida sea una Eucaristía. Hemos llegado a lugares tan diferentes, católicos y evangélicos nos reciben por igual.

Las distintas actividades que el municipio han generado, van haciendo que las personas recobren entre comillas su vida normal. Este domingo, por primera vez las familias bajaron a la costanera, para divertirse con sus pequeños. Fue un regalo de Dios.

Esperamos seguir acompañando, seguir sirviendo y seguir amando con un corazón dispuesto para ello. Nos acogemos a la oración de cada uno para que vivamos esta experiencia como una manera de alabar a Dios y servir a los pobres quienes siguen siendo nuestros amos y señores.

Padre Alejandro Fabres CM.

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1 comentario

  1. Alma

    Wow! Es admirable la presencia de la familia vicentina entre los pobres.
    que Dios les bendiga por tener la capacidad de compartir su amor y alegria en momentos de dolor.
    Mis oraciones por ustedes, todos los dias.

    Responder

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