5. PORTAIL, UN HOMBRE ESPIRITUAL

Portail aprendió a ser sacerdote llevado de la mano de Vicente. Se puede decir que es el reflejo de las virtudes sacerdotales de su maestro. Las asume y las vive de modo sólido y piadoso hasta el punto de convertirse en referencia de todos aquellos que llegan a San Lázaro para prepararse para el sacerdocio o profundizar en la gracia recibida. El mismo Olier, futuro fundador de San Sulpicio, se puso bajo su dirección.

La oración y el retiro espiritual eran prácticas muy valoradas por él. Con frecuencia se retiraba a la casita que estaba al fondo de la finca de San Lázaro, donde los misioneros solían hacer sus retiros o ejercicios espirituales en soledad. Santa Luisa recuerda este hecho varias veces en sus cartas a sus Hijas.

Como hombre de oración, preparó, en 1644, la adaptación del libro de Meditaciones que siempre estuvo en uso en la Congregación. Probablemente lo hizo él, aunque no falta quien se lo atribuya al P. Almerás. Jean Buys, un jesuita holandés, había publicado su “Manual de piadosas meditaciones”, en latín, en 1624. Vicente siempre había valorado este libro como una gran guía para la oración. En 1644 pide que la traducción francesa que ya existía se adapte sobre todo a los seglares que hacían ejercicios espirituales en San Lázaro. Y en efecto, se hicieron adaptaciones y se le añadieron unas noventa meditaciones nuevas.

Portail supo encajar con naturalidad las dificultades normales de la convivencia comunitaria, especialmente en ese vivir juntos que implica siempre el ministerio de las Misiones. No siempre fue fácil. Había personas con temperamentos fuertes que no facilitaban el diálogo. Portail tuvo la suerte de que alguien desde San Lázaro, Vicente de Paúl, le ayudaba a hacerlo. Así ocurrió con el P. Antonio Lucas, joven un tanto impetuoso e inexperto, con el que estaba dando Misiones. Vicente, al escribirle, apela a que Portail es mayor de edad, y el segundo en antigüedad en la Compañía. Tiene que dar ejemplo, “de forma que, cediendo de su superiori­dad se una usted a él en caridad”.

El recuerdo de Portail en los escritos de la Congregación está unido siempre al de su profunda humildad. Tenía un buen maestro a quien parecerse. Collet le dedica este elogio: “Cuando el Siervo de Dios se retiró al Colegio de los Bons-Enfants, fue seguido por el Sr. Antonio Portail, Sacerdote de la Diócesis de Arles, quien desde hacía casi quince años era su discípulo declarado. Este primer compañero de Vicente apenas hubo probado la pureza y la elevación de sus máximas cuando se unió a él, y sólo la muerte fue capaz de separarle de él. Tenía mucha relación con su Padre espiritual y le imitaba principalmente en su humildad. Hizo tan grandes progresos en esta virtud que, aunque tuviera muchos méritos,  y hubiera hecho muy buenos estudios en la Sorbona y escribiera perfectamente bien, no buscaba más que ser desconocido o despreciado.”

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