Benedicto XVI almuerza con pobres de Roma

por | Dic 27, 2009 | Iglesia | 0 comentarios

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 27 de diciembre de 2009 (ZENIT.org). Después de haber rezado el Ángelus a mediodía, el Papa se trasladó al tradicional barrio de Trastévere para visitar un comedor creado por la Comunidad de San Egidio, realidad eclesial surgida en esta zona de Roma que asiste a los más necesitados.

Benedicto XVI almuerza con pobres de Roma
Reciben asistencia de la Comunidad de San Egidio

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 27 de diciembre de 2009 (ZENIT.org).- Benedicto XVI almorzó este domingo con algunos de los más necesitados que viven en Roma y recordó que hay más alegría en compartir que en el egoísmo.

Después de haber rezado el Ángelus a mediodía, el Papa se trasladó al tradicional barrio de Trastévere para visitar un comedor creado por la Comunidad de San Egidio, realidad eclesial surgida en esta zona de Roma que asiste a los más necesitados.

Con él compartieron alimentos en la misma mesa doce personas necesitadas, entre ellas, una familia gitana de cuatro personas; un refugiado político afgano chií de 34 años; un anciano italiano, ex barbero, viudo de 90 años; una italiana de 82 años; un joven de 25 años, en silla de ruedas desde su nacimiento, quien fue abandonado por su familia.
A mesa se sentaba también una señora musulmana de Somalia, de 63 años, quien llegó a Italia en los años 80 para que su hijo minusválido pudiera recibir tratamiento médico; un nigeriano católico de 35 años quien atravesó el desierto de Libia antes de alcanzar tierra italiana; y dos italianos: un vendedor ambulante de 52 años, sin casa, y un antiguo trabajador de circo, de 66 años, quien mientras trabajaba con su circo en Teherán, fue sorprendido por la guerra entre Irak e Irán en 1980, y obligado a regresar a Italia, después de haber perdido su trabajo.

Los pobres, algo menos de doscientos, separados en diferentes mesas, degustaron lasaña, albóndigas, lentejas y puré. Tras la comida se distribuyeron dulces ofrecidos por el Papa y se brindó con un vino espumante.

Los 31 niños presentes también recibieron regalos de manos del Papa. A los más grandes les regaló muñecas, camiones, aviones, rompecabezas, libros, lápices; a los bebés sonajeros y peluches.

El Papa les aseguró que vino a visitarles «precisamente en la Fiesta de la Santa Familia, porque en un cierto sentido, ella os asemeja».

«De hecho, también la familia de Jesús, desde sus primeros pasos, encontró dificultades: vivió la preocupación de no encontrar hospitalidad, se vio obligada a emigrar a Egipto por la violencia del Rey Herodes».

«Vosotros sabéis bien lo que significa la dificultad, pero tenéis a alguien que os quiere y os ayuda», haciendo referencia al «servicio diligente de la Comunidad de San Egidio, que ofrece un signo del amor de Dios por los pobres».

El Papa fue recibido en la sede de la Comunidad San Egidio, por el fundador, Andrea Riccardi y por monseñor Vincenzo Paglia, obispo de Terni-Narni-Amelia, asistente eclesiástico de dicha comunidad, junto a dos huéspedes de la comunidad, una gitana Yelena Hailovic y un senegalés, Laye Sissoko.

Tras rezar la oración de la bendición y compartir el almuerzo, el Papa dirigió unas palabras de agradecimiento a los organizadores del evento, pero sobre todo a los invitados.

«Durante el almuerzo, he podido escuchar las historias dolorosas y cargadas de humanidad de algunos de vosotros: historias de ancianos, emigrantes, gente sin hogar, gitanos, minusválidos, personas con problemas económicos y otras dificultades…; todos, de un modo u otro, golpeados por la vida. Estoy aquí entre vosotros para deciros que estoy con vosotros, que os quiero, y que vuestras vicisitudes no están lejos del pensamiento del Papa, sino en el centro y en el corazón de la Comunidad de los creyentes».

Reconociendo el servicio que prestan los voluntarios y miembros de la Comunidad de San Egidio, aseguró que «amar, servir da la alegría del Señor que dice: ‘Hay más alegría en dar que en recibir».

«En este tiempo de particulares dificultades económicas cada quien debe ser signo de esperanza y testigo de un mundo nuevo para quien, encerrado en el propio egoísmo e iluso de poder ser feliz sólo, vive en la tristeza o en una alegría efímera que deja el corazón vacío».

Tras distribuir los regalos a los niños, el pontífice descubrió una placa en memoria de su visita y abordó el coche que lo trasladó de regreso al Vaticano.

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