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PEQUEÑA CRÓNICA DE UN GRAN ACONTECIMIENTO

por | May 13, 2009 | Asociación de la Medalla Milagrosa | 0 comentarios

basi01En el Consejo Nacional de la AMM pensamos que teníamos que preparar una gran Celebración en Madrid, además de las muchas que han tenido lugar en catedrales e iglesias de ciudades de toda España en donde está establecida la Asociación. Esta es la crónica escrita por el P Enrique Rivas, C.M. Delegado del Director General de al Asociación, P. G.Gregory Gay, Superior General de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad, y Director Nacional de la AMM en España.

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PEQUEÑA CRÓNICA DE UN GRAN ACONTECIMIENTO

CELEBRACIÓN DE CIEN AÑOS DE UNA APROBACIÓN PONTIFICIA

LA ASOCIACIÓN DE LA MEDALLA MILAGROSA DE ESPAÑA SE UNE A LAS CELEBRACIONES DEL CENTENARIO DE TODO EL MUNDO

Enrique Rivas, C.M.

El Director General de la AMM nos había convocado a un Año Jubilar, a celebrar entre el 9 de julio de 2008 y el 20 de noviembre de 2009, para darle gracias a Dios por la aprobación de la AMM que hizo en 1909 el Papa San Pío X. Todos, en la Asociación, somos conscientes de que aquél fue el punto de partida de un desarrollo amplísimo y fecundo que supuso la divulgación del mensaje que la Stma. Virgen confió a Santa Catalina Labouré. Por ese motivo, en el Consejo Nacional de la AMM pensamos que teníamos que preparar una gran Celebración en Madrid, además de las muchas que han tenido lugar en catedrales e iglesias de ciudades de toda España en donde está establecida la Asociación.

PLANTEAMIENTO DE LA CELEBRACIÓN

Nos pusimos manos a la obra. Se escogió la fecha del 10 de mayo, dentro del mes dedicado a María, y porque era una fecha en que la Eucaristía se podía retransmitir por Televisión Española a todo el país, ya que deseábamos que todos los socios de la AMM, de todos los rincones de España  pudiesen asistir virtualmente a la celebración.

También quisimos, desde el principio, que la celebración fuese presidida por alguien significativo en la Iglesia, pues queríamos dar gracias, además de hacerlo al Señor, de quien proceden todo los dones, a la Iglesia, que realizó la aprobación en 1909.

El Arzobispo de Madrid, Cardenal D. Antonio María Rouco Varela, al ser presidente de la Conferencia Episcopal, y por lo mismo la persona eclesialmente más significativa de la Iglesia en España, nos pareció que era la persona más apropiada para que presidiese la Eucaristía. A él dirigimos nuestra petición, que aceptó.

La otra persona protagonista de aquella Aprobación de 1909 era el Superior General de los PP. Paúles y de las Hijas de la Caridad. Nuestra petición se dirigió también el actual Superior General, P. Gregory G. Gay, C.M., que aceptó amablemente acompañarnos en esta fecha tan importante.

Con la aceptación de los protagonistas, nos tocaba comenzar a preparar los demás detalles de la celebración. Fue una tarea ardua, pero gozosa por todo lo que queríamos celebrar.

PREPARACIÓN

El lugar escogido fue, con toda lógica, la Basílica de la Milagrosa de Madrid. Desde el primer momento, el Rector nos dio todo tipo de facilidades.

Se organizaron comisiones, algunas con mucha tarea, como la de Medios que, enseguida preparó un amplio dossier de prensa que se transmitió a todas las agencias de prensa y medios relacionados con la Iglesia, así como a las revistas, a los Delegados de Medios de Comunicación de todas las Diócesis, etc. Presidía esta comisión D. Venancio Luis Agudo, periodista emérito, antiguo director del periódico «Ya», y colaborador habitual de nuestro Boletín. Y se consiguió que en numerosos medios de comunicación, como webs, revistas, agencias, etc. se transmitiese la noticia, y sobre todo se hablase del mensaje de la Medalla y de su Asociación. Creemos que el balance, en ese sentido, fue positivo.

No menos trabajaron las otras Comisiones (de liturgia, cantos, ornamentación, acogida, contacto con la Familia Vicenciana, económica, técnica…), con colaboración de asociados de Madrid y, sobretodo, del Consejo Nacional de la AMM.

LA MILAGROSA DE SAN GINÉS

Buscamos expresar nuestra historia en un símbolo que nos la recordase. Teníamos uno muy bueno, que sabíamos que se conservaba en la Parroquia de San Ginés de Madrid: la imagen histórica de la Virgen Milagrosa (la «Virgen de los rayos»). La primera que hubo en Madrid, y creemos que en España, y tal vez en el mundo. Tenemos documentos de 1850, que ya hablan de ella. Sabíamos que estaba retirada del culto, pero acudimos al Párroco de la Parroquia, D. José Luis Montes, que también es Delegado de Patrimonio de la Archidiócesis, y al mismo tiempo hermano de una Hija de la Caridad, y, en efecto, nos facilitó el traslado de la imagen a la Basílica para colocarla a un lado del presbiterio, como testimonio de la antigüedad de la devoción a la Milagrosa en nuestra patria. Fueron trámites largos y costos, pero que hicieron felices a muchas personas que conocían el proyecto y valoraban lo que esto significaba. La imagen no desentonaba con la bellísima talla de la Milagrosa, obra de Claudio Rius, que preside todo el altar desde su camarín, en el centro del retablo.

La recepción de la imagen en la Basílica, en la mañana del día 8 de mayo fue el arranque de las celebraciones. Los que tuvimos la suerte de estar allí y asistir a su colocación nos sentimos profundamente emocionados. En Ella veíamos la historia de la devoción a la Milagrosa, la de tantas personas que a lo largo de tantísimos años han levantado su mirada confiada a los ojos de María, confiando en Ella. Y en la mirada niña del rostro de esta imagen, percibimos las respuestas maternales que Ella siempre ofrece a quienes la invocan con confianza.

El patio de la Basílica estaba completamente engalanado para recibirla con colgaduras en los balcones de la Casa Provincial de los PP. Paúles.

LA CELEBRACIÓN

A partir de aquí, ya todo fue rápido. En la tarde del sábado, día 9, se reunió en la Sede Nacional de la AMM el Consejo Nacional al completo, sus veinte miembros. Allí distribuimos las tareas para la gran celebración del día siguiente, y hasta pudimos ensayarlas en la Basílica, donde permanecimos hasta las once de la noche.

El día 10 amaneció lluvioso. Temíamos que bastantes personas se quedarían en casa, debido a que la Eucaristía iba a ser televisada, y el día no estaba muy bueno como para acudir a la Basílica, pero no. A las 10 de la mañana, media hora antes de la eucaristía, ya no había un sitio libre en el templo.

Se había invitado a los Centros Diocesanos y Locales de España a que trajesen sus banderas y estandartes, y en efecto, grupos de asociados los prepararon, con mimo, en el pasillo de la sacristía al no poder hacerlo en el patio, por la lluvia, donde estaba previsto que se hiciese.

También, en la sacristía se revestían los concelebrantes en gran número. Vinieron bastantes Consiliarios Diocesanos y hasta los Locales, que junto a los PP. Paúles de la Casa de García de Paredes y de otras casas de Madrid, integraron el gran grupo de la concelebración. Entre ellos, estaban el P. General, los Visitadores de Madrid y Zaragoza y, en representación de la Provincia de Salamanca, el Asistente Provincial. Agradecimos mucho la presencia y compañía de estas Provincias españolas. El P. Rector de la Basílica, P. Miguel Romón Vita, C.M.,  cuidaba los detalles de última hora. A él le tenemos que agradecer su acogida y generosidad. A todos los concelebrantes se les obsequió con una estola blanca, con el logotipo de la AMM finamente bordado.

A las 10 de la mañana llegó el Sr. Cardenal, a la puerta del templo acudieron a recibirle el Rector de la Basílica y el Director Nacional de la AMM. Después de una breve oración ante el Santísimo Sacramento, pasó a revestirse a la sacristía.

LA RETRANSMISIÓN POR TVE

Estábamos citados para comenzar a las 10,38 horas, pues, al ser televisada la eucaristía, sabíamos que antes se iba a retransmitir un pequeño reportaje sobre la AMM, que duraba 8 minutos.

La retransmisión televisada fue preparada con mucho interés, el día anterior, por el magnífico equipo de profesionales de Televisión Española, dirigidos por el director del programa «El día del Señor», el sacerdote asturiano incardinado en Madrid, D. Juan Carlos Ramos. Todo fueron facilidades e interés por dar una imagen perfecta de lo que se celebraba.

El reportaje que se retransmitió antes se había grabado unas dos semanas antes. Hicieron unas entrevistas al P. Director Nacional, a la Hermana Delegada Nacional, Sor Carmen Victoria Ruiz de Toro, H.C. y a Dª Eugenia Sanchís, miembro de la Asociación de la Basílica. Y hasta se escenificó la recepción, oración en familia y despedida de la Capilla de la Virgen en el hogar de los Srs. de Cubillo, pertenecientes a la AMM de la Basílica, y que accedieron gustosos a la molestia de emplear una mañana para dicha grabación. La escenificación resulta simpática por la escena en sí y por la gracia con que las tres niñas de la casa hicieron la Oración de acogida de la Virgen delante de la capilla.

Al Director Nacional se le pidió que hablase sobre la Asociación; a la Hermana Delegada, sobre la labor de las Hijas de la Caridad en la AMM; y a Dª Eugenia, sobre el apostolado de la Visita Domiciliaria.

El locutor, proyectando muy bellas imágenes, nos habló de las apariciones a Santa Catalina Labouré, y nos describió la Basílica, con unas tomas muy bien hechas.

LA EUCARISTÍA

En el momento de conectar en directo desde la Basílica, ya estaba preparada la procesión de entrada de los concelebrantes, a los que precedían las banderas y estandartes que se colocaron en la girola, cerrando el fondo del altar. Allí permanecieron durante toda la celebración.

En la ceremonia, actuó como maestro de ceremonias el canónigo de la catedral de Madrid,  D. Juan Junquera. En la celebración, el pueblo alternó con el Coro los cantos de toda la Eucaristía. La Coral «San Vicente de Paúl», de la parroquia del mismo nombre de Carabanchel, cantó, magníficamente conjuntada por su Director, D. Antonio González Torres, haciendo de solista para el Salmo responsorial D. Pedro Arroyo Castaño y acompañados por el órgano de la Basílica, tocado magistralmente, como siempre, por su titular, el P. José Mª Martín Ruiz, C.M. Fueron cantos sencillos, para que pudiese participar toda la asamblea, aunque en el momento de la comunión nos elevaron espiritualmente con una magnífica interpretación del «Ave verum» de Mozart. Nos hicieron caer en la cuenta de que aquel Cuerpo que estábamos recibiendo era «el cuerpo nacido de María Virgen» («corpus natum ex Maria Virgine»).

Se celebró la misa propia del Domingo V de Pascua. Pero el Cardenal Rouco centró toda su homilía en el significado de lo que estábamos celebrando. Fue breve, concisa, y magníficamente trabada en su argumento y desarrollo. La reproducimos al final de esta crónica.

La oración de los fieles, además de pedir por las intenciones propuestas por la Conferencia Episcopal: la paz en la Tierra de Jesús, recordada en la visita del Papa; y por España, para conseguir que sus instituciones democráticas y todo el pueblo fomenten la verdad, la libertad, la justicia y la paz, se pidió con un sentido vicenciano, por los que viven en pobreza, y por la AMM, para que sea fiel al impulso que le dio la Iglesia hace cien años y del que sigue viviendo en nuestros días.

Las ofrendas fueron presentadas por miembros del Consejo Nacional, y fueron tres: el pan y el vino, la Medalla, y el emblema de la AMM.

Al final, después de la bendición, el mismo Sr. Cardenal entonó el canto popular del ¡Oh María…! El detalle, no previsto, resultó muy emocionante, hasta hacer saltar las lágrimas, según confesaron después algunos de los participantes en la celebración. Era toda la Basílica la que resonaba en una sola voz en el canto tan querido y tantas veces repetido.

La vivencia experimentada en esta jornada dejará huella en todos los que hemos participado en ella. Y somos muchos, pues aunque la basílica estaba llena, sabemos, a través de numerosas llamadas telefónicas y crónicas aparecidas ya en páginas web y en revistas, que fueron muchísimos más los que desde sus casas, en todos los rincones de España estaban muy unidos a nosotros. Creo que todos tuvimos allí la sensación de que formábamos una gran familia, allí, junto al altar donde se derraman las gracias. Y tal vez la más grande de todas ha sido ésa, sentirnos unidos, en un corazón único. Sabíamos que era la Madre la que nos había congregado para llevarnos a Jesús. Y creo que eso fue algo palpable.

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