Celebración en de San Vicente en Costa Rica

por | Sep 24, 2008 | Familia Vicenciana | 2 comentarios

Desde Costa Rica nos hablan de las distintas celebracioes durante este mes vicenciano. Se constata en ellas la vitalidad de la Viceprovincia de la C.M. y de toda la Familia Vicenciana en Costa Rica.

El mes vicentino ha estado lleno de celebraciones, la primera fue nuestro Retiro Anual en la primera semana del mes, que se basó en la reflexión de las Conclusiones del Documento de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Aparecida, sobre la Vida Consagrada. Al finalizar el retiro dos nuevos miembros admitidos a la Congregación emitían sus Buenos Propósitos, Reynaldo Bejarano y karel Martin; ambos habían iniciado su Seminario Interno en Cuba y lo han finalizado entre nosotros. Por último, la celebración del día de San Vicente de Paúl con toda la Familia Vicentina reunió a miembros de todas las ramas que hay en Costa Rica, cerca de 200 personas se hicieron presentes, las reflexiones giraron entorno a los temas propuestos por el Superior General para el Cambio Sistémico. Han sido algunas celebraciones que dan prueba que nuestra Viceprovincia y nuestra Familia Vicentina caminan firmes en este pequeño país centroamericano.

Jairo Julián Solano Torres, C.M.

Etiquetas: VCPSC

2 Comentarios

  1. José murillo Agüero

    Fiesta de San Vicente de Paúl
    27 de setiembre.
    Carta conferencia a los Siervos Misioneros, 19 de julio de 1921
    No hay duda de que ningún tema puede ser de más provecho espiritual que una consideración de las virtudes de esta amable santo. Estudiando estas virtudes y honrándolo a él, nos maravillamos que un hombre pudiera llegar a ser tan bueno, tan humilde, tan caritativo, tan parecido a Cristo. Nos maravillamos más cuando nos damos cuenta que él también heredo todos los males que nosotros experimentamos, que también tuvo nuestras tentaciones.
    ¿Cuál es el secreto de su Santidad? Debemos buscarla en sus fuentes, en sus orígenes, esto es, en su corazón, en su mente, en la voluntad del Santo. Ante todo en su mente. Toda su bondad y toda maldad esta sugerida o nace de la mente. San Vicente entrenó, educó su mente en el amor a la verdad y a la santidad; su vida es una evidencia que debió de haber pasado un juicio riguroso y debió de haber censurado sus pensamientos. Esos mismos pensamientos que vienen a nosotros, sin duda, trataron de filtrarse en su mente, pensamientos faltos de caridad, pensamientos de mentir, aun pensamientos impuros; toda clase de pensamientos malos, pero el Santo estaba en guardia y con vigorosa y devota oración repelió toda contaminación con la tentación del pecado.
    El corazón es el centro de los afectos; es el reservar, el depósito del amor. El corazón de San Vicente era un corazón humano y toda su vida demostró con el amor su grandeza. Ningún hombre ama tanto como ama un Santo y pocos son los Santos que han amado como amó San Vicente. Debido al gran amor en su corazón se dio cuenta de que ser protegidos pues de otra manera degeneraría. A una enredadera hay que guiarla para que llegue a lo alto. Si se le permite que caprichosamente crezca se extenderá hacia abajo; se enrredará en la hierba o en el asqueroso pozo, en un caso para que dar a escondida en la maraña de las hierbas, y en el otro caso para ser pisoteada y estrujada en la oscura tierra. Es lo mismo con los afectos de nuestros corazones. No hay nada en nosotros que deba de vigilarse más cuidadosamente como estos impulsos hacia las criaturas. Nada hay que nos degenere tan rápidamente; nada hay que traer una ruina tan rápida y tan completa.
    La vida de San Vicente tiene un significado especial para los hijos del cenáculo. Él es uno de nuestros patronos particulares. Lo miramos como a nuestro Padre; nuestra esperanza y confianza en su devota intercesión ha aumentado. Pídele a Él que en nuestros corazones y en el corazón del Cenáculo pueda haber ese gran amor que lo distinguió, que humildemente nos mantengamos virtuosos, que el celo inflame nuestros corazones y que nuestras desilusiones y nuestra lucha con la naturaleza pueda ser contrarrestada por un deseo ardiendo hacia los pobres y hacia todos aquellos desolados en todas las cosas espirituales. Que más Bendita Gracia, mis queridos hijos, puedo yo desearles en mis oraciones que el deseo de que seáis de vosotros el espíritu de San Vicente de Paúl.
    Padre Tomás Agustín Judge, CM

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  2. José Murillo Agüero

    Fiesta del Beato (San) Juan Gabriel Perboyre
    7 de noviembre
    1. Carta desde el Seminario San Vicente de Paúl. Germantown, Pensilvania, EUA. 15 de octubre de 1890.
    2. La última carta al cenáculo, 7 de noviembre de 1933.
    “En una de sus primeras cartas a su familia el Padre Tomás Agustín Judie escribió el 15 de octubre de 1890”. Les escribo a vosotros, con relación al Beato Juan Gabriel Perboyre, un mártir y un ferviente hijo de San Vicente de Paúl. Lo martirizaron en China en 1840 y fue beatificado por el Papa León XIII el 11 de noviembre de 1889.
    El Beato Juan Gabriel nació en Francia en 1802 y al ordenarse como sacerdote, como un padre de San Vicente lo enviaron a la misión en China. Poco después de su llegada allí surgió una persecución contra los cristianos. Al oír los mandarines que en su vecindario había un sacerdote invadieron la casa en que estaba, pero habiéndole informado a Juan Gabriel lo que intentaban tuvo este tiempo de recoger los objetos sagrados y huyó a un bosque cercano. Lo apresaron allí, sin embargo, a través de la traición de uno de sus conversos y después de haberlo arrastrado de un tribunal a otro tribunal, lo mataron.
    Atravesó Juan Gabriel por todas las torturas que la barbarie China podía inventar y vosotros sabéis que en los despliegues de lo inhumano esta gente no tiene rivales. Pero la parte más notable de los sufrimientos y muerte de nuestro mártir fue la semejanza con los sufrimientos y la muerte de Nuestro Señor. Primero fue traicionado por treinta pedazos de plata, después fue de una corte a otra. Lo echaron por once meses en una asquerosa mazmorra o calabozo entre los más viles prisioneros cuyos aguijones (insultos) estaban siempre en sus oídos. Lo suspendieron en el aire por los dedos pulgares y por el pelo; lo apalearon y golpearon, le ataron las muñecas con fuertes hierros que le hicieron heridas que sangraban; le obligaron a arrodillarse en cadenas y en pedazos de hierro y lo infamaron como cristiano. Sin embargo él rehúso negar a Nuestro Señor y habiendo su paciencia vencido la barbarie de sus opresores, estos lo condenaron a muerte.
    Lo colgaron en una cruz un viernes en medio de dos malhechores y lentamente lo estrangularon hasta morir. Y así murió uno de los grandes mártires de la Iglesia, y su cuerpo, que no tenía ni un solo sitio sano antes de su muerte, se torno después bello y sano.
    “En su última carta a la Familia del cenáculo el Padre Tomás Agustín Judge, escribió el 7 de noviembre de 1933”. Tomo esta oportunidad en la fiesta del Beato Juan Gabriel Perboyre, sacerdote vicentino, mártir en China, para enviar mis bendiciones y los saludos más afectuosos a mis queridos hijos recomendando el celo y la gran caridad de este misionero que tanto iluminó la Iglesia en China. Recuerden, vosotros sois misioneros relacionados con la espiritualidad del Beato Juan.
    Padre Tomás Agustín Judge, CM

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