Tiempo Ordinario C. Domingo 2ºLlenad la tinajas de agua

por | Sep 17, 2008 | Congregación de la Misión, Reflexiones | 0 comentarios

“Llenad las tinajas de agua”

1. Ambientación: Invitados a bodas

Frecuentemente, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, la salvación de Dios se describe como la participación en un banquete. Así Isaías dice que el Señor, al final de los tiempos, preparará sobre la cumbre del monte, un banquete de manjares enjundiosos y vinos de solera (Is.25,6). Y Jesús repitió tantas veces lo del banquete, que uno de sus oyentes exclamó: Dichoso el que pueda participar en el banquete del Reino de Dios (Lc.14,15).

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El banquete es fuente de alegría, por la abundancia y calidad de los manjares, regados con exquisitos vinos, por la presencia de los familiares y amigos, entretenidos en amena conversación, y por la constatación del éxito, muchas veces sólo en esperanza, de lo que se celebra. No se puede decir de una manera más clara que el cristiano está invitado a vivir la alegría de la salvación de Dios, que invitándolo a un banquete de bodas.

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Jesús fue invitado a las bodas de Caná. Estaba allí también su madre. Ellos no rehusaron participar en las alegrías de los hombres. Pero nos enseñaron que cuando, en el banquete de bodas, el vino se acaba, los hombres sólo podemos llenar las tinajas de agua. Es un esfuerzo necesario, pero insuficiente para aumentar la alegría. El pan y el vino, fruto de la tierra y del trabajo de los hombres, se han de convertir en Pan de Vida y Bebida de Salvación. La Eucaristía es signo del banquete del Reino.

2. Palabra de Dios:

Del Profeta Isaías 62,1-5.

Por amor de Sión no callaré,
por amor de Jerusalén no descansaré,
hasta que rompa la aurora de su justicia
y su salvación llamee como antorcha.
Los pueblos verán tu justicia,
y los reyes, tu gloria;
te pondrán un nombre nuevo,
pronunciado por la boca del Señor.
Serás corona fúlgida en la mano del Señor
y diadema real en la palma de tu Dios,
Ya no te llamarán «abandonada»,
ni a tu tierra «devastada»;
a ti te llamarán «Mi favorita»,
y a tu tierra «Desposada»;
Porque el Señor te prefiere a ti
y tu tierra tendrá marido.
Como un joven se casa con su novia,
así te desposa el que te construyó;
la alegría que encuentra el marido con su esposa
la encontrará tu Dios contigo.


De la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 12,4-11.

Hermanos:
Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de servicios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra toda en todos. En cada uno se manifieste el Espíritu para el bien común. Y así uno recibe del Espíritu el hablar con sabiduría; otro, el hablar con inteligencia, según el mismo Espíritu. Hay quien, por el mismo Espíritu,recibe el don de la fe; y otro, por el mismo Espíritu, don de curar. A este le han concedido hacer milagros; a aquél, profetizar. A otro, distinguir los buenos y malos espíritus. A uno, el lenguaje arcano; a otro, el don de interpretarlo. El mismo y único Espíritu obra todo esto, repartiendo a cada uno en particular como a él le parece.

Del Evangelio según San Juan 2,1-12.

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea y la madre de Jesús estaba allí; Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.
Faltó el vino y la madre de Jesús le dijo:
-No les queda vino.
Jesús le contestó:
-Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.
Su madre dijo a los sirvientes:
-Haced lo que él diga.
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.
Jesús les dijo:
-Llenad las tinajas de agua.
Y las llenaron hasta arriba.
Entonces les mandó:
-Sacad ahora, y llevádselo al mayordomo.
Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo:
-Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú en cambio has guardado el vino bueno hasta ahora.
Así, en Caná de Galilea, Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos en él.
Después bajó a Cafarnaún con su madre y sus hermanos y sus discípulos, pero no se quedaron allí muchos días.

3. Reflexión:

En Caná, Jesús inició sus signos y manifestó su gloria. Dios manifestó su gloria naciendo como hombre en Belén, manifestó su gloria en el Jordán, declarando a Jesús su Hijo amado, y manifestó su gloria, mostrándose en Jesús como el liberador y salvador del hombre.

Dios no ha llamado al hombre a servirle en la esclavitud y como a la fuerza, sino que quiere que participe en su vida y en su felicidad. La comunión del hombre con Dios se manifiesta en la alegría que encuentra el esposo con su esposa. Como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyó. La imagen es suficientemente expresiva del gozo y de la alegría de unos proyectos de futuro, anticipados ya en la esperanza, y vividos en el esfuerzo diario, compensado con el apoyo mutuo y el gozo del encuentro.

Ningún esfuerzo humano, es suficiente para mantener ý expresar esta alegría de nuestra unión con Dios. No hay vino que pueda bastar para sostener la alegría de estas bodas. Y cuando falta el vino de la alegría en nuestro vivir diario, nos damos cuenta de que nosotros no alcanzamos más que a llenar las tinajas de agua. El don del Espíritu realiza esta nuestra comunión con Dios y convierte nuestros esfuerzos sinceros en vino generoso.

En el signo eucarístico, el pan y el vino, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, se convierten precisamente por la acción del Espíritu en nuestra acción humana, en Pan de Vida y en Bebida de Salvación.

A cada uno se le da la participación del Espíritu para utilidad común, en esa multiplicidad de dones con que el Espíritu enriquece a la Iglesia y que explica su diversidad en la unidad. Cada uno habrá de poner su don particular para utilidad de todos. Por eso la comunión esponsal con Dios lleva a la comunión fraterna con los hermanos. También en el signo Eucarístico invocamos al Espíritu para que nos congregue en la unidad a cuantos participamos en la comunión sacramental.
María que, en Caná, atendía en silencio, a las necesidades de la comunidad de amigos, intervino en el momento oportuno.

4. Cuento alusivo al tema:

El Zar y la camisa:

Estaba muy enfermo el zar, y dijo:

– ¡Daría la mitad de mi reino a quien me curase!

Entonces todos los sabios se reunieron para ver de curarle, pero no encontraban el medio.

Uno de ellos, sin embargo, declaró que sabía cómo podía curarse el zar.

– Si se encuentra un hombre feliz sobre la tierra -dijo-que le quiten su camisa y se la pongan al zar. Entonces quedará curado.

El zar mandó buscar un hombre feliz por todo el mundo. Los enviados del soberano recorrieron todos los países, pero no hallaron lo que buscaban. No encontraron un solo hombre que estuviera contento con su suerte.

El uno era rico, pero enfermo; el otro estaba sano, pero era pobre; aquel rico y sano, se quejaba de su mujer; éste de sus hijos: todos deseaban algo más y no eran felices.

Un día el hijo del zar, que pasaba por delante de una pobre choza, oyó que en su interior alguien exclamaba:

– Gracias a Dios he trabajado y he comido bien. Soy feliz, ¿que más puedo desear?

El hijo del zar se sintió lleno de alegría e inmediatamente mandó por la camisa de aquel hombre, a cambio de todo cuanto quisiera.

Los enviados se presentaron a toda prisa en la choza del hombre feliz para quitarle la camisa; pero el hombre era tan pobre que ni siquiera tenía camisa.

León TOLSTOI

Julio Suescun c.m.

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