La excomunión de los diputados mexicanos del D.F. que votaron a favor del aborto, despertó algunas voces de protesta, pero ¿Cómo puede pedir y decir que está en común unión con Cristo, alguien que autoriza el crimen de miles de niños y niñas inocentes?En el siglo XIII dos grandes Santos Teólogos de la Iglesia discutían sobre la presencia real de Cristo en la Eucaristía. El caso hipotético que ilustró el debate entre San Ambrosio y Santo Tomás de Aquino, se refería en pocas y sencillas palabras a lo siguiente: Si en una iglesia, habita un pequeño ratoncito, el cual llega hasta la Capilla del Santísimo y en su búsqueda de comida, se logra colar en el Sagrario, comiendo una Hostia Consagrada. En ese caso, ¿Qué debemos hacer? Debimos haberle puesto un trajecito con corbatín y celebrarle que había hecho la primera comunión o perseguir al ratón y matarlo por sacrílego. Pues posiblemente ninguna de las dos cosas, porque el ratoncito no tenía conciencia de lo que estaba haciendo, simplemente comió del pan sin levadura, porque tenía hambre y no comprendió, porque no podía entender, de que ese pan estaba consagrado y que es la presencia real de Cristo.

Una vez contando esta historia del ratoncito, alguien me dijo: “entonces un niño Down, no entiende y es como el ratoncito”, entonces le contesté que el niño era un hijo de Dios y que la gracia actúa por fe y no por razón, porque sus padres, padrinos y la comunidad le compartimos la fe, ya que este niño es un hijo predilecto de Dios.

Por eso nosotros que si comprendemos tenemos un gran compromiso de que esa realidad de Cristo, se haga actualidad en nuestras obras. Si yo comulgo como cristiano, pero actúo como pagano, entonces estoy contradiciendo y rechazando la gracia que Dios me ofrece en la eucaristía. Por eso no es tan descabellada la decisión de excomulgar o negarle la comunión a una persona que vote y que esté a favor del aborto. Si ésta persona vota en contra de la vida humana, en contra de la palabra de Jesús que es “camino, verdad y vida”, que condena a la pena de muerte a miles de niños y niñas inocentes, que pagan los platos rotos de los errores de sus padres y que pagan con su vida. Estos nuevos Herodes, que con su voto, no mandaron a matar a cientos de niños en el tiempo de Jesús, pero autorizan la matanza de miles de criaturas menores de 12 semanas ó 3 meses, que ya tienen vida, que son hijos e hijas de Dios, ¿Cómo pueden decir luego que están en comunión con Cristo y la Iglesia?

La gracia rebasa nuestro entendimiento y como comunidad, nos encontramos en la Eucaristía, fuente y cumbre de nuestra vida Cristiana. En la cual nos comprometemos a una “misión” de allí la palabra “misa”. Cristo se hace presente, ya nos dijo en la última cena “Hagan esto en conmemoración mía” y nosotros como Iglesia Católica que tenemos la dicha y la gracia de que Dios se hace presente en ese pequeño pedazo de pan, el cual nos pide todos los días, a ser testimonio vivo de su amor y su fidelidad.

Ojala que no nos pase lo mismo que al ratoncito y comulguemos por inercia, sin tomar conciencia de que estamos recibiendo al mismo Cristo, quien nos pide que nuestro testimonio sea la actualización y realización de su evangelio, en especial al servir a los más necesitados, a los más vulnerables, y que más vulnerable que un óvulo fecundado, un feto que no puede hablar, pero que ya goza de la vida y de la gracia de Dios.

A vivir juntos en común unión la dicha de tener presente a Jesús en la eucaristía y que le podemos servir en los más pobres.

Julio A. Castellanos, AMM.

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