La presente reflexión, pretende que juntos analicemos y oremos por el futuro de nuestra iglesia en América Latina y en el mundo, en especial el papel que debemos jugar como Familia Vicentina.Actividad de Formación de la Familia Vicentina para el sábado 19 de mayo de 2007.
Por: Julio Adolfo Castellanos, AMM

En estos días en que se celebra la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano en la ciudad de Aparecida, Brasil, es un buen momento para reflexionar sobre los grandes aportes que nos han dejado las anteriores Conferencias y en especial el llamado que nos formula a nosotros, los vicentinos en el siglo XXI.

Por lo que propondré un aspecto a considerar y a destacar en cada una de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano en estos últimos 50 años y el aspecto a destacar para quienes conformamos las diversas ramas de la Familia Vicentina.

Rio de Janeiro 1955, Pastoral de Conjunto.
La Primera Conferencia del Episcopado Latinoamericano que se realizó en Brasil en el año de 1955, fue el fruto de la visión futurista de un grupo de obispos latinoamericanos, que deseaban buscar la unidad pastoral en medio de las diversas realidades. De hecho cuando analizamos nuestras raíces, nuestra historia, nuestros idiomas, nuestras creencias y tradiciones, encontramos que son más los elementos que nos unen que los que nos separan. A tal grado que en los Estados Unidos dejamos de ser de tal o cual país y nos convertimos simplemente en “latinos”. Las fronteras creadas luego de las peleas independentistas del siglo XIX, algunas creadas por intereses que se cultivaron en el tiempo colonial, lograron separarnos y dividirnos, encapsulándonos en pequeños mundos, en los que se nos informa de lo que pasa en Estados Unidos y de los sucesos que ocurren en los 20, 50 ó 100 mil kilómetros cuadrados que abarca el país. Es por eso que los obispos latinoamericanos, dan un ejemplo de unidad al crear el Consejo Episcopal Latinoamericano CELAM y más adelante fundan su sede en la ciudad de Bogotá. Este ejemplo nos puede servir a la Familia Vicentina, quienes por años trabajamos de manera independiente, cada quien defendiendo “su grupito”, sin pensar en el trabajo en conjunto, porque las necesidades de los Pobres son las mismas y juntos podemos ser más eficaces. En 1955 no se hablaba de globalización, pero estos obispos visionarios, lograron unirse para lanzar líneas pastorales en conjunto. Hoy en el siglo XXI, no podemos seguir siendo “grupitos” aislados de ayuda social, somos un árbol frondoso, con muchas ramas que conformamos la Familia Vicentina y que conservando la identidad propia podemos ejecutar proyectos pastorales en beneficio de los más necesitados.

Medellín 1968, El Método: ver, juzgar y actuar.
Colombia, se convierte en el nuevo centro de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano y se reúne luego del Concilio Vaticano II, para analizar la realidad del continente y ofrecer respuestas eficaces a la luz del evangelio. De esta forma se aborda al análisis de 16 temáticas, con el método de “Ver, Juzgar y Actuar” y creo que ese es el gran aporte de la Conferencia a la Familia Vicentina. Porque como Familia Vicentina, debemos en primer lugar “Ver”, ver con ojos de misericordia al que sufre, pero ver con los ojos bien abiertos, llegando a la observación detallada. Los vicentinos y vicentinas debemos de saber en donde estamos parados, conocer la realidad del país, de la región, de la comunidad y de las personas, para ayudar de manera eficaz y no con proyectos generados en un escritorio, que muchas veces no responden a las verdaderas necesidades de la gente. Por eso el segundo paso es el “juzgar”, que en realidad es el reflexionar y orar sobre la situación, para pedirle a Dios que nos ilumine, como debe ser nuestra respuesta a tal o cual situación. En el juzgar, los vicentinos no debemos de quedarnos únicamente con el análisis teológico de la situación, sino que la reflexión, nos lleve plantear actividades y estrategias, sin olvidar que como decía San Vicente: “Dame un hombre de oración y será capaz de todo”, porque debemos de orar por nuestros proyectos, de esta forma podremos responder a la realidad que hemos visto de la mejor manera posible. Y por último, el “actuar”, como vicentinos, somos hombres y mujeres de acción, que no nos quedamos con los brazos cruzados, sino que vamos como el “buen samaritano” a ser efectivos y eficaces en nuestra acción pastoral concreta con el más necesitado.

Puebla 1979, la opción preferencial por los jóvenes y por los pobres.
México es el escenario en el que se toman dos ejes preferenciales para la iglesia latinoamericana. Preferenciales, pero no excluyentes, que desean remarcar las urgencias en nuestro continente. En primer lugar la juventud, ya que por el creciente número de jóvenes en los que se deposita la esperanza del futuro y en nuestros grupos vicentinos es claro, al crear divisiones juveniles, promover la pastoral vocacional o en el caso especial de las JMV, que nos animan al ver sus testimonios del servicio entusiasta que ofrecen a los más necesitados; pero debemos de estar atentos, porque precisamente es a los jóvenes a quienes se dirigen los segmentos del mercado que busca que gasten en sus productos, y se ven asediados por música y publicidad que fácilmente los lleva a perder la fe, por lo que se nos propone como vicentinos, animar a los jóvenes en la fe por medio de la caridad y la entrega a los Pobres. Y esta es la segunda opción de la Iglesia Latinoamericana, la cual está en total sintonía con el carisma vicentino, pero en el que se nos invita a pasar del discurso del Pobre, a las acciones por el Pobre y por mejorar las condiciones y estructuras sociales que empobrecen al pueblo de Dios. De esta forma la iglesia y en especial los vicentinos, debemos ser la voz de conciencia ante las injusticias que se cometen con la gente con menos recursos, ser como decía Monseñor Romero “La Voz de los sin voz”, siendo “sal y luz” del mundo, sin caer en la tentación de amarrarse con proyectos de partidos políticos que crean falsas esperanzas, manteniendo la independencia como Iglesia, porque si nos comprometemos con un solo proyecto político, estamos traicionando la misión profética de anuncio de la buena nueva y denuncia de las injusticias.

Santo Domingo 1992, la inculturación.
En el marco del V Centenario de la llegada del mensaje evangélico al continente americano, se realiza la Cuarta Conferencia del Episcopado Latinoamericano en la República Dominicana, isla caribeña en donde se inició la misión de llevar la palabra de Dios hasta los últimos confines de la región, en donde los primeros evangelizadores fueron testigos del amor a Dios y de su entrega por adaptar las palabras del evangelio a los diferentes grupos étnicos del continente. De esta forma los vicentinos nos comprometemos a reflexionar en la figura de San Vicente de Paúl, quien vivió en un contexto determinado, respondiendo a las necesidades de su tiempo y de su lugar, y hoy nos pide a ser creativos para responder de diversas formas, a las necesidades de “nuestros amos y señores, los Pobres”, quienes viven en los diferentes continentes y llama a hombres y mujeres, para que en medio de la realidad de globalización, podamos comprender y evangelizar a las diversas culturas que conviven en nuestro mundo.

Aparecida 2007, Discípulos y Misioneros
Es claro el llamado de esta quinta conferencia llamado a ser discípulos y misioneros. La idea de San Vicente de Paúl de crear una congregación dedicada a la misión, se funda en la idea del seguimiento a Cristo, como primer ideal de vida, expresando la idea de ser primero un buen discípulo que está en contacto con la palabra del maestro por medio de la lectura de la Biblia y de la oración personal y comunitaria. A partir de esa experiencia como discípulos fieles se lanzan a la misión, siendo este compromiso no sólo herencia de la Congregación de la Misión, sino que se comparte con toda la Familia Vicentina.

Ser el continente con más católicos en el mundo, que expresan su fe de diversas formas, en especial por medio de una devoción profunda a las diversas advocaciones marianas, es una muestra de ser el continente de la esperanza, pero también es un compromiso para llegar a ser el continente del amor, de la caridad, demostrada en el servicio y a misión, y como parte de este continente, la Familia Vicentina asume un reto de evangelización en el siglo XXI, en medio de una sociedad marcada por el materialismo, el consumismo y la indiferencia religiosa.

Tremendo compromiso para la Familia Vicentina, que Jesucristo evangelizador de los Pobres y nuestra Madre la Virgen María, nos bendiga y nos aliente en esta gran tarea.

Preguntas para reflexionar:
¿Cómo han impactado los documentos del Episcopado Latinoamericano en nuestros grupos de la Familia Vicentina?
¿Cuáles creen que son los principales retos que nos propondrá la Conferencia de Aparecida?
¿Cuál será nuestro compromiso como Familia Vicentina ante los retos que vislumbramos de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano?

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