Cuantos creen que la Navidad es la fiesta de un viejito, barba blanca que dice JO, JO, JO, con un trineo de renos y se olvidan del verdadero y original motivo, el nacimiento del Hijo de Dios.Hace algunos años escuche de una encuesta que se realizó en los Estados Unidos en donde se les preguntaba a algunos niños y niñas sobre la celebración del 25 de diciembre. El resultado fue sorprendente y variado. Desde la celebración del cumpleaños de Santa Claus (Santo Clos, Papa Noel, San Nicolás), festividad de invierno, hasta ser una fecha nacional creada por el gobierno norteamericano para que los niños disfruten de juguetes nuevos. En la mayoría de respuestas estaba ausente el gran protagonista de la fiesta, el niño en el pesebre, el Emmanuel, el Dios-con-nosotros, el Jesús que asume la naturaleza humana, siendo de naturaleza divina, se hace pobre y se hace semejante a nosotros, menos en el pecado.

Quedando claro que no se trata de una persona a la cual le asignamos la categoría de «dios», como lo que sucede con grandes líderes políticos, que se sienten dueños de un país o del mundo entero; no se trata de artistas que son calificadas como “divas” (divinas) o deportistas, a los que muchos endiosan y que cuando caen, como si fueran los dioses de la mitología griega, decepcionan a muchos. Por ejemplo lo que le pasó al excelente jugador del equipo francés Zinedine Zidane, en este año en la Copa del Mundo de fútbol. Zizou no pudo contener su cólera frente al insulto que le expresó el italiano y le brindó un cabezazo, lo que le valió ser el titular y el comentario de los periódicos en los días posteriores a la final del Mundial. Ese acto no le quita todos los méritos como jugador y creativo del equipo francés, que dejó en el camino a muchos equipos favoritos para ganar la Copa. Lo que pasó fue que nos mostró su lado flaco, ya que es una persona de carne y hueso, a quien algunos lo habían subido a los altares, pero como cualquier humano, tiene sus luces y sus sombras.

En cambio, para Jesús no hay sombras, sólo la luz. La luz de la verdad, de la justicia y de la libertad. Luz que la encontramos en el desposeído, en el que no tiene nada, ni siquiera un lugar digno donde nacer. En ese Jesús que no goza de seguro médico o seguro de viaje. Que nace en un humilde pesebre, entre animales, en la pobreza absoluta, dándonos un ejemplo y testimonio del que comparte con los más Pobres.

De esta forma su nacimiento, la persecución a la que es sometido, su emigración a otras tierras y otros hechos, son una clara denuncia de las sombras de una humanidad y sociedad injusta, que excluye a los desposeídos. Un aparato social mercantilista, que se lucra con el consumismo que nos promueven, vendiéndonos cosas que no necesitamos y en lo que muchos caemos, lastimosamente, en esta época navideña.

Feliz Navidad a todos y todas las personas que componemos las ramas de la Familia Vicentina, sinceramente,

Julio Adolfo Castellanos, AMM
San Salvador 20 de diciembre de 2006.

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