Un niño pequeño los guiará (Is. 11, 6)

por | Sep 21, 2006 | Reflexiones | 0 comentarios

Reflexión de Rosalino para el Domingo XXV del T.O.

Domingo XXV del Tiempo Ordinario, Año B

Dice Daniel J. Harrington, S.J. (cf. “The Origin of Wars and Other Conflicts” en la revista America del 18 de septiembre de 2006):

La carta de Santiago no tiene
todas las soluciones a nuestros
problemas sociales y personales.
Pero con respecto a las guerras
y contiendas, parece perspicaz
y además sabia la sugerencia de
Santiago que éstas vienen de
la envidia y la ambición egoísta,
de las pasiones desordenadas
y la codicia.

Me temo, sin embargo, que muchos líderes políticos que han tomado la decisión de entrar en guerra no encontrarían sabiduría ninguna en el análisis jacobino. No me sorprendería si les pareciera digna de risa esa sabiduría que, según Santiago, viene de arriba, es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera. Y si por casualidad unos de estos líderes se ponen de acuerdo con Santiago, no creo que acepten su culpabilidad y reconozcan que son ellos quienes abrigan la envidia y la ambición egoísta, las pasiones desordenadas y la codicia; estas disposiciones internas que conducen a la guerra —insistirían más bien, creo— les caracterizan no a ellos mismos sino a sus contrincantes.

Tal vez estos líderes se considerarían también muy doctos en la política para dejarse guiar simplemente, por ideas provenidas de la antigüedad cristiana, las cuales, a su parecer, ya no sirven, pues, con el ataque del 11-septiembre «nuestro mundo ha cambiado, nuestro enemigo ha cambiado y ha de cambiar también nuestra estrategia». Ellos se creerían entrados en años, emancipados y con suficiente conocimiento, habilidad, destreza, experiencia, riqueza y poder que, lejos de ser como niños dependientes de los adultos, ya no tienen que depender de nadie.

Pero a los humildes dirige Dios en la justicia y les enseña su camino (Sal. 25, 9). Y nos asegura San Vicente de Paúl: «Es entre ellos, entre esa pobre gente, donde se conserva la verdera religion, la fe viva».

Los no niños, los no pobres, los que no tienen necesidad de nada y de nadie, los que, creyéndose no tener iguales ni en poder, ni en riqueza, ni en moralidad y religión, no quieren que se incomoden ni se les echen en cara sus posibles pecados y desviaciones ni se les ponga en duda su acostumbrada certeza supuesta, los que todo lo manipulan para colocarse en el mejor puesto de poder y autoridad y no entienden la instrucción cristiana sobre la pasión y la muerte que preceden la resurrección–todos éstos no lograrán, creo, tener la sabiduría que nos enseña a pedir bien, la misma que también conduce a la paz y al fruto de ésta, la justicia. La sabiduría de arriba se ha puesto, pues, del lado de los que el mundo tiene por locos, por débiles, de lado de los que en el mundo son los más bajos, despreciados y son nada, del lado de los que —por usar las palabras del Padre Luis Espinal Camps (http://www.fespinal.com/espinal/llib/es64.rtf)— tienen miedo y admiten que su fortaleza es de barro y se reconocen frágiles y ven enigmático el futuro y su camino internado en niebla, pero siguen dándose de todos modos, porque Alguien está esperando en la noche con mil ojos rebosando lágrimas, esto debido quizás, me atrevo a añadir, a las guerras y las contiendas.

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