Dadles de comer vosotros (Mc. 6, 37)

por | Jul 28, 2006 | Reflexiones | 0 comentarios

Reflexión de Rosalino para el Domingo XVII del Tiempo Ordinario

Domingo XVII del Tiempo Ordinario, Año B

La confianza del profeta Eliseo—obvia en las dos veces que se mandó: «Dáselos a la gente, que coman»—suena así de inquebrantable que linda en arrogancia.

Al apóstol Felipe, sin embargo, no sólo le falta la confianza; le parece más complicado todavía el problema. Tal como evalúa él la situación, no hay donde comprar pan, en primer lugar, ni sería posible, en segundo lugar, que se juntara dinero suficiente con que comprar pan para una gran multitud.

Andrés, por su parte, se muestra menos pesimista. Como un buen recaudador de fondos, está enterado de recursos disponibles pero sin hacerse ilusiones de que éstos bastarán.

Como otros individuos, me imagino, a veces soy optimista, de vez en cuando pesimista, y otras veces realista. Pero si me centro en lo que soy, o en mi disposición o manera de ser, al enfrentarme a tal problema como el problema con que se encontraron Eliseo y un criado o Jesús y sus discípulos, creo que me equivocaría y me daría demasiado importancia. Pues, en dicha situación no se trata de mí, de qué o quién soy, sino se trata de otros, de los necesitados. Lo que importa no es mi condición sino la condición de necesidad de otras personas, de la cual debo tratar de sacarlas.

Las necesidades de otros me deben compeler a actuar, sin que importe si sea yo levita, sacerdote o samaritano o cualquier otro. Tengo la obligación de responder a los necesitados, es decir, soy responsable de ellos, sea yo o como un rico que puede vestirse de púrpura y lino fino y celebrar fiestas diarias, o como un sin dinero quien reconozca con franqueza su carencia completa de oro y plata, o como un centurión de las fuerzas de ocupación que considere piadoso dar limosnas a los ciudadanos del país ocupado, o como uno de aquellos que no dejan que sus graves tribulaciones y extrema pobreza les quiten el amor y la generosidad. No puedo usar como excusa ningún tipo de disposición ni condición ni estado de vida. Si el muchacho con unos panes y un par de peces no los hubiera compartido por la razón de que estos alimentarían a lo más dos personas solamente, ¿habrían comido los más de cinco mil personas? A los hombres nos toca hacer lo posible mientras dejamos para Dios lo imposible, siendo solamente lo imposible, según Simone Weil, lo que puede hacer Dios ya que él nos ha asignado lo posible.

Y las necesidades que me han de apremiar deben ser las que se me presentan de veras y no las que resulten imaginaciones y figuraciones mías solamente. Es cierto que la meta final es erradicar las causas de los problemas y prevenir que los problemas que se me presentan no desvengan en catástrofes humanitarias. Lo que queremos que se realice por último es que permanezcamos todos en comunión, es decir, que haya, como lo expresa el apóstol san Pablo:

Un solo cuerpo y un solo Espíritu,
como una sola es la esperanza de la
vocación a la que habéis sido
convocados. Un Señor, una fe,
un bautismo. Un Dios, Padre de todo,
que lo trasciende todo, y lo penetra
todo, y lo invade todo.

Pero no puedo permitir que la vista o visión de la meta final y del programa grande disminuya la atención precisa y concentrada que debo prestar a las cosas que están a mano. Un buen jugador de billar piensa, sí, en las jugadas próximas y se prepara para ellas, pero sigue concentrándose en la jugada presente, pues, bien sabe que de ésta dependen las siguientes. De más está decir que los grandes logros de san Vicente de Paúl resultaron de los comienzos pequeños, al parecer, de poca transcendencia.

Y Dios, por supuesto, se sirve de los que están disponibles sin que importe tanto que sean optimistas, pesimistas o realistas.

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