que también vosotros tengais comunión (1 Jn. 1, 3)

por | Abr 14, 2006 | Reflexiones | 0 comentarios

Lo que hemos visto y oído, os proclamamos para que también vosotros tengais comunión con nosotros (1 Jn. 1, 3)

Domingo de Pascua de la Resurrección, Año B

Lo que hemos visto y oído, os proclamamos para que también vosotros tengais comunión con nosotros (1 Jn. 1, 3)

De vez en cuando se me ocurre preguntar: ¿Por qué se les apareció el Cristo resucitado a sólo unos cuantos testigos designados? Si se hubiera aparecido a más gente, más contemporáneos de él se habrían convertido en seguidores suyos, ¿verdad? Y les habría sido menos difícil la tarea de predicar al pueblo a los encargados por Dios de hacerlo, los cuales no habrían tenido que enfrentarse con mayor número de opositores incrédulos. Si Jesús resucitado se hubiera hecho ver por las personas a quienes él había predicado y dado de comer en descampado, ¿no se habrían hecho todas ellas apologistas intrépidos y convincentes de la resurrección?

Pero se me presentan también unos escollos: ¿Les habría interesado realmente a los beneficiados por la multiplicación de los panes y peces la aparición del Resucitado? Saciados, comenzaron luego a decir que en verdad Jesús era el profeta que había de venir al mundo. Pero resultó que se interesaban más bien en saciarse que en ver las señales de Jesús. Y, ¿acaso significarían estabilidad resuelta el entusiasmo y la euforia del momento de los que vieran a Jesús resucitado? Uno puede preguntarse si no fueron pocos los que, después de haberle aclamado a Jesús con repetidos hosannas, proclamándolo hijo de David, luego pidieron a voz en cuello que él se crucificase? Y si se hubiera aparecido Jesús a otras personas más, ¿lo habrían reconocido por cierto? Ni siquiera los discípulos camino a Emaús lo reconocieron enseguida. Todavía dudaban otros de que fuera Jesús, estando ya él en medio de ellos, (Mt. 28, 17; Lc. 24, 41).

De modo que «ver para creer» no siempre se aplica. Los indiferentes a la Escritura quienes no la tratan de entender, y por consiguiente indiferentes también al pobre Lázaro y no lo tratan de entender, éstos tampoco harán caso a otro, aunque se haya levantado de entre los muertos. La aparición del levantado de entre los muertos no garantiza que quien la tenga luego creerá en él o lo reconoderá siquiera. Aún de entre los que ven, siempre habrá quienes acaben por decir que la aparición es un fantasma nada más o un producto de la imaginación. Y en lugar de tener a éstos por colaboradores incansables en la apología de la fe en Cristo resucitado, el creyente los encontrará dificilísimos de convencer. Si bien que en el caso de Saulo la aparición condujo a la conversión, la aparición sola no basta ni hace el trabajo en sí mismo menos pesado para los que han de estar siempre dispuestos a responder con amabilidad y respeto a cualquiera que les pida razón de la esperanza que albergan en su corazón (1 Pe. 3, 15).

Hace falta algo más que la aparición, lo cual, por más que comprenda palabra dura que muchos hallan inaceptable (Jn. 6, 60-66), dispone a que un testigo de la resurreción sea más amable y más respetuoso, y por eso, menos pesado. Hace falta la comunión.

Sí, la comunión. Se les abrieron los ojos a los discípulos yendo a Emaús y hubo reconocimiento durante la fracción del pan. Se disiparon las dudas de los discípulos cuando Jesús se les acercó y, por medio de la gran comisión, compartió con ellos su autoridad y su ministerio. Sanó Jesús resucitado los temores, la incredulidad y la dureza de corazón de los que se habían negado a creer al sentarse él a la mesa con ellos y al comer con ellos, y mostrarles también las manos y los pies, dejándose tocar y permitiéndoles sentir su carne y hueso. Se inició el reconocimiento de Jesús resucitado de parte de María Magdalena al llamarla Jesús por nombre de María y al volverse ella y fijarse en él y decirle: «Raboni».

Aunque haya aparición, pues, parece que la revelación no se realiza sin la comunión. A la revelación conduce la aparición sólo si ésta se toma no tanto como una lección enseñada en una clase como una invitación al amor sin reservas. El maestro se contenta con la conformidad mental que dan los estudiantes a la lección. El amante, por otro lado, está en espera de no sólo un consentimiento mental sino de una entrega total e íntegra, es decir, de todo ser–corazón, alma y mente–y con todas las fuerzas y las ganas de que la persona convidada al amor sea capaz.

Creo que de tal entrega trata precisamente el Padre Walter J. Burghardt, S.J., patrólogo y predicador de renombre, al hablar de la necesidad de que haya convergencia entre la teología y la espiritualidad, la convergencia que se puede notar en las obras de los más ilustres primeros teólogos cristianos (cf. «Nourishing Head and Heart» en la revista America del 20 de marzo de 2006). Según Burkhardt, Orígenes, San Juan Crisóstomo, San Agustín, San León Magno y San Gregorio Magno buscaban no sólo ideas sobre Dios sino a Dios mismo, luchando para conseguir la unión con la divinidad. Señala también el jesuita que los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola no son principalmente esfuerzos intelectuales; su propósito es que el ejercitante tenga experiencia de Jesús, caminando con el Jesús de Nazaret, hablando con el Jesús de Jerusalén, sufriendo con el Jesús en la cruz, resucitando de la muerte con Jesús, a fin de que Jesús obre dentro del ejercitante de modo que los dos se hagan colaboradores.

Y si la persona convidada, respondiendo con tal entrega, come y bebe con quien convida, convive y comulga con él en todo, inclusive, en la identificación con Lázaro a la puerta, con los indocumentados inmigrantes pobres en la frontera, esta persona designada queda como testigo de la resurrección.

¡Muy feliz Pascua de la Resurreción!

Etiquetas:

0 comentarios

Enviar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

homeless alliance
VinFlix
VFO logo

Archivo mensual

Categorías

Sígueme en Twitter

colaboración

Pin It on Pinterest

Share This