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Domingo 7º del Tiempo Ordinario

por | Feb 14, 2006 | Reflexiones | 0 comentarios

Reflexión de Rosalino para el Domingo 7º del Tiempo Ordinario.

Otro recurso, ya en famvin, sobre los textos de este Domingo 7º del T.O.

Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas (Sal. 98, 1)

Domingo VII del Tiempo Ordinario, Año B

Después de haber tratado un poco la semana pasada de los riesgos que corre uno estando en casa, leo ahora en el evangelio de este domingo que Jesús estuvo en casa. En casa estuvo tras haber vuelto a Cafarnaún.

Pero resultó que su casa no fue su casa. O por lo menos, su casa no se tomó como suya. Pues, unas personas quitaron sin más ni más unas tejas de la casa, si bien que dichas personas tuvieron la más noble de las intenciones y monstraron una fe muy admirable.

Me parece increíble tal actuación de parte de los que llevaban el paralítico. Jamás he visto una cosa semejante. Increíble y admirable asimismo considero la reacción de Jesús. Veo en dicha reacción como si él indicara, entre otras cosas, que su casa es la casa también de quienquiera que busque sanación y amparo en él. Interpreto la reacción de Jesús como la proclamación de su solidaridad con los pobres y sufridos, como su manera de declarar lo que se afirma en 2 Cor. 1, 19-20, a saber, que en él todas las promesas han recibido un «sí» y por él podemos responder a Dios: «Amén». ¿No quiere decir esto también que Jesucristo, de verdad, es tanto la invitación por excelencia que Dios ofrece al hombre como la respuesta por excelencia que el hombre da a Dios? De todos modos, increíblemente maravilloso es esto de a la vez estar y no estar en casa, esto de la exaltación de Cristo Jesús en su humillación, esto de ser él Dios a lo pleno en ser hombre a lo más profundo. Realmente, uno puede preguntarse maravillado como el salmista en Sal. 113, 5-6: «¿Quién es como el Señor nuestro Dios, que está sentado en las alturas, que se humilla para mirar lo que hay en el cielo y en la tierra?»

Pero creo que solamente serán capaces de preguntarse y notar maravillados las novedades que el Señor realiza y hace brotar quienes se vacíen de sí mismos. Esto lo tengo entendido de la conferencia de San Vicente de Paúl, la misma a que hice referencia la semana pasada. En esta conferencia del 6 de diciembre de 1658 dijo en parte San Vicente con humildad, creo, pero sin andarse con rodeos:

¿Y quiénes serán los que intenten
disuadirnos de estos bienes que hemos
comenzado? Serán espíritus libertinos,
libertinos, libertinos, que sólo
piensan en divertirse y, con tal que
haya de comer, no se preocupan de nada
más. ¿Quiénes más? Serán … Más vale
que no lo diga. Serán gentes comodonas
[y decía esto cruzando los brazos,
imitando a los prezosos], personas que
no viven más que en un pequeño círculo,
que limitan su visión y sus proyectos a
una pequeña circunferencia en la que se
encierran como en un punto, sin querer
salir de allí; y si les enseñan algo
fuera de ella y se acercan para verla,
enseguida se vuelven a su centro ….

Así que dichosos los que, a la manera de Jesús, están y, al mismo tiempo, no están en casa, porque se quedarán atónitos y darán gloria a Dios.

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