Sínodo de los Obispos

por | Oct 10, 2005 | Iglesia | 0 comentarios

El P. Alfredo Becerra, Director de VINCENTIANA y NUNTIA, en vía la crónica de las Congregaciones Sinodales V y VI

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Sínodo de los Obispos

Quinta y Sexta Congregación General

Quinta Congregación General

En la presencia del Papa Benedicto XVI se desarrolló en la tarde del 5 de octubre la Quinta Congregación General del Sínodo. El Presidente Delegado en turno fue el Cardenal Telesphore Placidus Toppo, Arzobispo de Rancho (India). Estuvieron presentes 246 padres sinodales.

Su Beatitud Gregoire III Laham, B.S., Patriarca de Antioquia de los Greco-Melquitas, Jefe del Sínodo de la Iglesia Grego-Melquita Católica (Siria), habló sobre la necesitad de sostener a la Iglesia de los árabes: «En la situación actual, después del 11 de septiembre de 2001, con la guerra contra Irak, con el conflicto palestino-israelí, con el crecimiento del fundamentalismo islámico y la extensión del fenómeno del terrorismo, es muy importante recordar a los cristianos árabes su papel en la Iglesia «de los árabes», en el contexto del Islam, con quienes han sido históricamente solidarios (‘Iglesia del Islam’). Esta mención ayudaría a infundir valor a los cristianos en el mundo árabe y en los países islámicos, y sería recibida muy positivamente en este mundo y en estos países. (…) Por lo que se refiere al tema de » La Eucaristía y la paz» -en el Instrumentum laboris -, sería conveniente mencionar Jerusalén y Palestina, patria espiritual de todos los cristianos: decir una palabra a favor de la paz en la Ciudad Santa y en Tierra Santa, clave de la paz en Oriente Próximo y en el mundo entero, y que para nosotros, cristianos del mundo árabe, es muy importante para preservar la presencia cristiana en el mundo árabe».

Mons. Juan Francisco Sarasti Jaramillo, C.I.M., Arzobispo de Cali (California), afirma cómo la Eucaristía responde verdaderamente al hombre de hoy: “ La Eucaristía es respuesta a los signos negativos de la cultura contemporánea. En primer lugar, frente a la cultura o anti-cultura de la muerte que trafica con armas, que construye sistemas masivos de destrucción, que legitima el aborto, que autoriza la investigación con embriones humanos, Jesús se define y se nos da como «Pan de vida». En segundo lugar, nuestra cultura está marcada por el odio y el terrorismo. (…) La Eucaristía es la posibilidad permanente de reconciliación con Dios y con los hermanos y la invitación a reconciliarnos entre nosotros antes de ofrecer el culto al Señor; de ahí que sea tan sentido en muchas comunidades el «rito de la paz» renovado en la reforma litúrgica. Otro rasgo contemporáneo es el positivismo científico y el relativismo; pero en la Eucaristía se reafirma la realidad del «misterio» y la validez del creer y del amar como vías del conocimiento; con la fe eucarística, sustentada en la tradición eclesial basada en las palabras del Señor, accedemos a certezas auténticas aunque imperfectas. (…) Ante la soledad y la desesperanza que acechan al hombre de hoy, la Eucaristía nos brinda (…) una compañía profunda y una promesa de vida eterna que nos llena de esperanza definitiva».

El Arzobispo Stanisław Rylko, Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos (Ciudad del Vaticano), alertó sobre la crisis de la identidad cristiana: “El extendido proceso de secularización y la difusión de la indiferencia religiosa y de un «extraño olvido de Dios» – como lo llama el Santo Padre Benedicto XVI – provocan entre muchos bautizados de nuestros tiempo un preocupante debilitamiento, si no la pérdida de la propia identidad cristiana. En esta situación, uno de los desafíos más urgentes que la Iglesia debe afrontar es el de una adecuada iniciación cristiana postbautismal, capaz de originar comunidades cristianas que vivan la fe en profundidad. (…) La celebración eucarística constituye un lugar privilegiado donde se construye la plena, madura y coherente identidad cristiana de los fieles laicos. Porque precisamente en la Eucaristía un cristiano laico lleva a cabo plenamente su participación en la triple misión que Cristo le confió: sacerdotal, profética y real. (…) Como nos ha recordado el Santo Padre en Colonia, la verdadera revolución que cambia el mundo parte precisamente de la Eucaristía. (…) De este modo, la Eucaristía se convierte no sólo en el corazón que late en la Iglesia , sino también en el mundo. Por eso, una espiritualidad laical auténtica no puede ser sino una espiritualidad eucarística».

Mons. Pierre Trân Ñinh Tu, Obispo de Phu Coung (Viertnam), compartió con los padres sinodales la vivencia de la Eucaristía en Vietnam: “Los católicos vietnamitas son practicantes. Para ellos, la celebración eucarística tiene una importancia especial. Los domingos van a misa aproximadamente el 80% de los fieles y entre semana, el 15%. En las grandes fiestas como Navidad o Pascua, el número puede alcanzar el 95%. Si queremos buscar una explicación, podemos encontrarla en la formación catequística y la educación en la familia. En este año de la Eucaristía , todas las diócesis han realizado programas especiales. Se sensibiliza a los fieles para que estudien los documentos del Magisterio de la Iglesia sobre la Eucaristía. (…) El culto eucarístico en Vietnam ha tenido efectos saludables: la vida religiosa es elevada, las actividades comunitarias son más animadas, la comunión fraterna es más evidente y la ayuda mutua entre las familias es más natural y frecuente. En resumen, tenemos motivos para esperar que la devoción eucarística produzca muchos frutos en nuestro país».

Mons. Joseph Powathil, Arzobispo de Changanacherry de los Sirio-Malabares (India), solicitó el apoyo a las Iglesias Orientales: “La variedad de tradiciones litúrgicas y, por tanto, de las tradiciones de la fe de la Iglesia , sirve para manifestar la riqueza del misterio de Cristo y del plan divino de salvación. Por ello, el patrimonio de todas las Iglesias debe «permanecer completo e íntegro» y las Iglesias deben volver a estas tradiciones «si se alejaron para seguir las vicisitudes de los tiempos o de las personas». Por desgracia, Las Iglesias Orientales, en distinta medida, a través de las vicisitudes de la historia, no lograron conservar su valioso patrimonio. En el contexto actual de la globalización se corre el peligro de que estas pequeñas Iglesias puedan llegar a perder sus perspectivas. Deseamos, por tanto, que el Sucesor de Pedro, que tiene la misión de confirmar a sus hermanos en la fe, ayude de manera especial a las Iglesias orientales a crecer y a dar un testimonio más eficaz al mundo, con una mayor fidelidad a su valioso patrimonio. Esto, ciertamente, reforzará la causa de la unidad de los cristianos y la proclamación del misterio de Cristo en los tiempos actuales».

Sexta Congregación General

Benedicto XVI y los 243 padres sinodales iniciaron, en la mañana del 6 de octubre, la Sexta Congregación General de la XI Asamblea General Ordinaria del Sínodo. El Presidente Delegado fue el Cardenal Francis Arinze.

El Obispo, Mons. Javier Echevarria Rodríguez, Prelado del Opus Dei , insistió en eliminar los abusos de la celebración: “El Instrumentum laboris , en el número 34, subraya la importancia del sentido del carácter sagrado en la celebración de la Eucaristía. Es útil estudiar modalidades concretas que ayuden a los fieles a percibir de manera más clara el sentido de la sacralidad del Sacrificio eucarístico, para que el Pueblo de Dios sea fortalecido en su fe y ayudado a vivir santamente. Sería útil, por tanto, sobre la base de la Instrucción «Redemptionis sacramentum», hacer lo posible para eliminar los abusos que perjudican al carácter sagrado de las celebraciones eucarísticas, y también habría que replantearse algunas normas cuya aplicación se presta a una interpretación abusiva. A modo de ejemplo, podríamos plantearnos si son oportunas las ceremonias eucarísticas con un excesivo número de concelebrantes, que impide un desarrollo digno del acto litúrgico, o también habría que analizar la conveniencia de distribuir la Comunión a todos los participantes en una Misa con un gran número de fieles, cuando la distribución general va en detrimento de la dignidad del culto. Conceder importancia al mantenimiento del sentido de lo sagrado en las liturgias eucarísticas supondrá un gran bien para toda la Iglesia «.

Mons. Arthur Roche, Obispo de Leeds (Inglaterra), habló sobre la Eucaristía y el Sacerdocio: “El escaso aprecio de la naturaleza insustituible del sacrificio eucarístico también tiene implicaciones lógicas sobre el modo de entender el sacerdocio. Facilitar el acceso a la Sagrada Comunión es tan importante como estar presentes en la celebración de la Misa. Tenemos que unir nuevamente el acceso a la Sagrada Comunión con la oferta de la Misa , a través de la cual participamos en el sacrificio de Cristo en la Cruz. La Sagrada Comunión forma propiamente parte de la Misa , como fruto de un acto sacramental en el que encontramos el sacrificio de Cristo en la Cruz. En este debate, el valor del lugar de la adoración eucarística llega a ser muy importante para nuestra oración y nuestra contemplación. La presencia de Cristo y su sacrificio están unidos; derivan de la Misa y nos conducen a ella, es decir, a la celebración sacramental en la que el ofrecimiento del sacrificio y la presencia de Cristo en la Sagrada Comunión están íntimamente unidas».

Mons. Edward Ozorowski, Obispo Auxiliar de Bialystol (Polonia), invitó a reflexionar sobe como la Eucaristía actualiza el sacrificio de la cruz: “El sacrificio es el primum principium de la Eucaristía que ordena jerárquicamente todas las verdades a ella ligadas en la enseñanza sobre la Eucaristía. (…) En la misma se subrayan muchos temas importantes: el banquete, la comunión, la escucha de la Palabra de Dios, el sacramento y otros. Sin embargo, esas tendencias no tienen un punto de referencia. Esto causa una determinada protestantización de la teología de la Eucaristía que, en tal enseñanza, se revela como un rito bello pero poco significativo para la vida. (…) Mientras tanto, el sacrificio de la Cruz de Cristo, al que el hombre accede a través de la Eucaristía , es lo más importante que hay en este misterio. El sacrificio de Cristo en la Cruz ha traído la salvación a los hombres Gracias a la Eucaristía , aquello que en la vida humana es sacrificio, se transforma en el sacrificio de Cristo. Solamente recorriendo el camino de la Cruz , se puede llegar a la gloria de la resurrección».

Mons. Arnold Orowae , Obispo Coadjutor de Wabag (Papua Nueva Guinea), invitó a hacer de la Eucaristía una realidad viva para las comunidades cristianas: «Las experiencias de injusticias, violencia, corrupción, pobreza, etc., muestran que hay una separación entre Eucaristía y Vida. Por eso, la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía , que salva y transforma, no hay que entenderla vagamente y tomarla a la ligera, sino que los católicos deben ser serios en su fe, con debido respeto y adoración. (…) Cómo puede ser una realidad para las comunidades que viven en los pueblos alejados que no tienen la posibilidad de participar con frecuencia en la Misa y en la recepción de la Eucaristía ? Esto plantea una cuestión, qué clase de sacerdotes necesitamos en nuestra situación? Son necesarios años de formación intelectual en filosofía y teología para otorgar los servicios necesarios a los pobres en las zonas perdidas, que no tienen la misma preparación intelectual? El problema que se plantea no es el de que haya más vocaciones, sino la justicia e igualdad para todos los hijos de Dios, que tienen derecho a hacer de la Eucaristía el centro de sus vidas, celebrándola y recibiéndola siempre que puedan. (…) La Iglesia no debería permitir una formación esencial a los cristianos maduros, con una fe sólida, comprometidos, para que presidan la celebración eucarística y permitan a esas personas participar en la Eucaristía , de modo que su importancia y centralidad sean una realidad para ellas».

Mons. Antonhy Sablan Apuron, O.F.M. Cap., Arzobispo de Agaña (Guam), insistió en desarrollar los símbolos eucarísticos y fortalezca la fe en ambientes en donde esta la presencia evangélica: “En el Pacífico la escasez de sacerdotes y la agresividad de las sectas evangélicas representan un reto a la supervivencia misma de la fe católica. Basándome en mi experiencia, la única respuesta a este doble obstáculo es la formación de comunidades basadas en la fe. (…) Es necesario que la Iglesia de hoy haga claramente visibles los símbolos eucarísticos: quizá hace falta que la Iglesia recurra al «pan verdadero» para el pan que se transformará en el Cuerpo de Cristo, del que todos se alimentarán y al vino que se transformará en la Sangre de Cristo, que beberán todos. Estos símbolos representan plenamente y con fuerza la realidad que expresan. (…) Llamo a cuantos hoy guían a la Iglesia a que hagan todo lo posible para ayudar a las personas a conocer realmente a Jesucristo a través de los símbolos de la Eucaristía y la realidad que representan».

P. Alfredo Becerra V. C.M.

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