Sínodo de los Obispos (8)

por | Oct 10, 2005 | Iglesia | 0 comentarios

Congregaciones IX y X del Sínodo de los Obispos. Crónica de Alfredo Becerra

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“ LA EUCARISTÍA , FUENTE Y CULMEN DE LA VIDA Y

DE LA MISIÓN DE LA IGLESIA ”

  Novena Congregación General.

En la tarde del viernes 7 de octubre se celebró la Novena Congregación General. El Presidente Delegado fue el Cardenal Juan Sandoval Íñiguez, Arzobispo de Guadalajara. Intervinieron 13 padres sinodales. Presentamos a continuación una breve reseña de algunos de ellos.

El Obispo Gervais Banshimiyubusa, de Ngozi (Burundi), habló sobre la Eucaristía como lugar privilegiado de reconciliación entre etnias en conflicto. “Burundi, país cristiano con más de un 60% de católicos, acaba de vivir un período de duras pruebas, con los conflictos trágicos entre las distintas comunidades étnicas del país. Estos conflictos han degenerado en una guerra civil, hasta el punto de que las personas de las distintas etnias no se atrevían ni siquiera a cruzarse por la calle. Las celebraciones eucarísticas se han convertido en los lugares privilegiados en los que las personas de distintas etnias podían encontrarse para rezar por su reconciliación. (…) La celebración eucarística ha sido una ocasión privilegiada para: un anuncio profético que ha alimentado regularmente la esperanza del pueblo de una posible reconciliación; una palabra que ha llamado a todos, sin prejuicios, a la conversión de los corazones y de las mentes. Más allá de todo, la celebración eucarística ha sido una fuente de gracia que ha donado a los cristianos una fuerza sobrenatural para ir contracorriente, rechazando, a menudo a costa de su propia sangre, la solidaridad negativa basada en la única fraternidad natural de la etnia o en el interés egoísta».

El Cardenal Francisco Javier Errazuriz Ossa, de los Padres de Schonstatt, Arzobispo de Santiago de Chile (Chile), recordó a los padres sinodales como la Eucaristía es el alimento que sacia el hambre de trascendencia. “La participación de los fieles en la liturgia, sobre todo en la celebración eucarística, consiste esencialmente en entrar en este culto, en el cual Dios desciende hacia el hombre y éste asciende hacia Dios. María, “mujer eucarística”, es, añadió, el mejor camino para compartir esos sentimientos. Los fieles participan con plenitud a esta unidad eucarística, “cuando toda ella es acogimiento de Dios, escucha de la Palabra , docilidad al Espíritu; cuando es adoración y acción de gracias, como asimismo renovación de la Nueva Alianza ; cuando ella entera es ofrenda y comunión, sacrificio, impetración y expiación, don gratuito de Dios para los hermanos».

El Obispo José de la Trinidad Valera Angulo, de la Guaira (Venezuela), recordó la necesidad de celebrar con alegría en sintonía con la exultación del Espíritu Santo. “El mundo necesita conocer y vivir la alegría en el Espíritu Santo, tiene hambre de Dios y es Cristo quien revela el hombre al hombre. La revelación, más que puro razonamiento, es VIDA, es el gozo de la comunicación de la Trinidad del Dios único. Nuestro servicio como pastores de la grey está en conseguir los caminos que permitan a nuestro pueblo vivir la alegría del Resucitado”. Insistió en tener en cuenta que las orientaciones litúrgicas han de ayudar a vivir el gozo en el Espíritu Santo para que el mundo crea y tenga vida.

El Cardenal Zenon Grocholewski, Prefecto de la Congregación para la Educación Católica , insistió en la centralidad de la Eucaristía en la formación de los futuros sacerdotes. “La centralidad de la Eucaristía para la vida y el ministerio sacerdotal tiene necesariamente que ser el corazón de la formación de los candidatos al sacerdocio”. Ella constituye el entramado de la formación humana, espiritual, intelectual y pastoral de los futuros sacerdotes. Esta centralidad tiene que ser enfatizada con fuerza en la vida del seminario, a distintos niveles: la sólida ilustración teológica del misterio eucarístico, y su relación con el sacramento de la penitencia, la debida explicación del significado de las reglas litúrgicas, el ejemplo dado por los educadores, la preparación adecuada de las mismas celebraciones eucarísticas para que puedan ser vividas íntimamente por toda la comunidad, y también la presencia y la disponibilidad de buenos confesores, las adoraciones eucarísticas bien preparadas, la invitación persistente a la adoración personal del Santísimo Sacramento y así sucesivamente”. La formación de los seminaristas es muy importante. “De los sacerdotes depende el modo en que se celebre la Misa y cómo es percibida y vivida por los fieles», añadió.

El Arzobispo Dominic Jala, S.D.B. de Shillong (India), habló sobre la presencia de los seguidores de otras creencias pone serios interrogativos. “En los contextos pluri-religiosos, la asamblea reunida para celebrar la Eucaristía con frecuencia no está compuesta sólo por católicos. La presencia de los seguidores de otras creencias plantea una cuestión muy seria a nuestra eclesiología eucarística, sobre todo en la India. ¿Qué lugar ocupan estas personas en el seno de nuestras comunidades de fe? ¿Hasta qué punto puede extenderse la comunidad eucarística? Si el sacrificio de la comunión se celebra por la salvación de todos, ¿qué relación tiene la comunidad eucarística cristiana con las demás? La fe y la disciplina de la Iglesia admiten a la comunión solamente a los que comparten la misma fe y profesan la misma fe eucarística”. Dijo que tenemos el desafío de encontrar la forma de enseñar a los fieles de otras creencias algunas de las formas de la hospitalidad eucarística. Reconoció como la devoción eucarística fuera de la Misa ha tenido y sigue teniendo una gran influencia para atraer a la gente a la Iglesia y ayudar a las comunidades a ser más misioneras. Reiteró su preocupación por los lugares que no pueden participar de la celebración dominical.

El Obispo Leo Laba Ladjar, O.F.M., de Jayapura (Indonesia), recordó la importancia de los sacerdotes y los laicos para edificar la Iglesia. Hay algunas prácticas y reglas que deberían ser discutidas, por ejemplo: la autoridad del sacerdote para celebrar la Eucaristía en ausencia de una asamblea de fieles; la limitación de la finalidad de la ordenación dirigida sólo a la Eucaristía ; aumentar la diferencia entre el sacerdocio ministerial y el común; la importancia de la reconciliación en la comunidad. y en la asamblea litúrgica está infravalorada. “Mi impresión de que el Instrumentum laboris está «centrado en el sacerdote”. Invito a animar a los animar a los teólogos para que estudien y formulen una nueva teología del sacerdote relacionada al triple munus de los eclesiásticos en la comunidad eclesial, que tenga también en cuenta la práctica durante el tiempo apostólico y en las Iglesias orientales».

Décima Congregación General

  En la mañana del sábado 8 de octubre, con la presencia del Santo Padre, se llevó a cabo la Décima Congregación General. El Presidente Delegado fue el Cardenal Telesphore Placidus Toppo, Arzobispo de Ranchi. Intervinieron 24 padres sinodales en el encuentro.

El Arzobispo Sean Baptis Brady, de Armagh (Irlanda), Presidente de la Conferencia Episcopal Irlandesa, recordó, desde su experiencia, como la Palabra de Dios puede cambiar los corazones. “ La Palabra de Dios es viva y activa, tiene la capacidad de cambiar las mentes y los corazones. Puede responder a las necesidades del individuo y la comunidad reunidos en escucha de la Palabra de Vida. Constituye una fuente importante de la actividad transformadora del Espíritu Santo en la Liturgia. (…) Es gratificante notar cómo palabras de la Sagrada Escritura como justicia, paz, perdón, se hayan convertido en la «lengua franca» del proceso de paz”. Su país ha vivido un momento histórico en el proceso de paz que llevó a la reducción de las armas por parte de las organizaciones paramilitares. “A los dos representantes de la Iglesia que trabajaron durante muchos años para promover el diálogo y la reconciliación, un ex presidente de la Iglesia metodista y un sacerdote redentorista, se les pidió que firmasen el acta de desarme. Quizá, debido al reconocimiento, entre otras cosas, del papel de los ministros de la Palabra de Dios en la creación de las condiciones para la reconciliación y la paz. Esto testimonia el poder de la palabra, bajo la acción del Espíritu Santo, de renovar todas las cosas».

El Arzobispo Metropolitano Berhaneyesus Sourophiel, C.M., de Addis Abeba (Etiopía), Presidente de la Conferencia Episcopal de Etiopía y Eritrea, denunció el grito de dolor del Cuerno de África. “La celebración de la Eucaristía dominical presupone que exista un «domingo», el día del Señor predispuesto a ello y que la Eucaristía se pueda celebrar con libertad ese día. En algunas partes del mundo no es posible. Por ejemplo, en Arabia Saudita o en otros países musulmanes, el domingo es un día laborable y la Eucaristía no se celebra porque no hay Iglesias, ni sacerdotes, o sencillamente no hay libertad religiosa. Muchos cristianos salen de Etiopía y Eritrea para vivir y trabajar en países musulmanes. (…) Antes de ir a los países musulmanes se ven obligados a cambiar sus nombres cristianos en nombres musulmanes y, sobre todo las mujeres, tienen que vestirse según las reglas musulmanas. Una vez llegados a su destino, les quitan los pasaportes y sufren toda clase de abusos y explotaciones. Muchos, a raíz de la situación, se ven forzados a convertirse en musulmanes. Se ven obligados a ir a esos países musulmanes por la pobreza de sus naciones de origen y porque las puertas de otros países cristianos están cerradas para ellos. Sabemos que muchos cristianos africanos mueren atravesando el desierto del Sahara o se ahogan en el Mediterráneo intentando llegar a los países cristianos de Europa y América. (…) Pido a los padres sinodales, especialmente a los que trabajan en países musulmanes donde los cristianos pobres van en busca de empleo, que extiendan su atención pastoral a estos cristianos y que soliciten a los países musulmanes que respeten la libertad religiosa de los cristianos».

El Obispo Félix Lázaro Martínez, Sch.P. , de Ponce (Puerto Rico), insistió en profundizar la catequesis. «Muchos católicos están muy lejos de poder rendir o dar razón de su propia fe, tal como propone San Pedro en su primera carta: «Estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere». Por otra parte, no se puede amar lo que no se conoce. Y si no se tiene conocimiento de la Iglesia , de la Eucaristía , de la fe cristiana, mal se puede amar la Iglesia , la Eucaristía y la misma fe cristiana. Catequesis es lo que se necesita. A mi parecer se adolece de falta de catequesis. (…) La ausencia de catequesis y formación religiosa puede quizá explicar también la facilidad y el por qué algunos de nuestros fieles se van a otras denominaciones o sectas religiosas, atraídos por la luz de bengala que les ofrece una pseudo ciencia religiosa, porque no se les supo iluminar a tiempo con la luz del Evangelio a través de una buena y oportuna catequesis».

El Obispo Amédée Grab, O.S.B., de Chur (Suiza), Presidente del Consejo Episcopal de Europa, invitó a retomar la “intercomunión” y el diálogo ecuménico. “En el diálogo ecuménico con estas comunidades se nota, y no pocas veces, una convergencia creciente sobre importantísimos temas: presencia real, carácter de sacrificio del memorial, necesidad de la ordenación. Más difícil es la formulación de la naturaleza de la Iglesia y el acuerdo sobre el hecho de que a Ella se le ha confiado la Sagrada Eucaristía , fuente y cumbre de su vocación y de su misión, por lo cual «sería errado no pertenecer a la comunidad eclesial y querer recibir la comunión eucarística». Para nosotros no son posibles la inter-celebración, la intercomunión, la hospitalidad general ofrecida a muchos bautizados (o incluso presentes)”. Invito a tener en cuenta como la participación en la Sagrada Comunión de los bautizados no católicos está explícitamente prevista por el nº 129 del Directorio ecuménico de 1993. “Esta posibilidad no debería ser olvidada”. Es importante tenerla en cuenta en el comporta­miento de los pastores hacia quienes, sin pertenecer a la Iglesia católica, comparten la oración de Jesús para la unidad.

El Obispo Gabriel Piroird, de Constantine (Argelia), compartió la experiencia de pequeñas iglesias esparcidas en grandes territorios. “Somos Iglesias particulares muy minoritarias que viven en un mundo donde el Islam ha determinado fuertemente la cultura. (…) Algunos viven lejos de cualquier presencia sacerdotal. De hecho, solo pueden participar en la Eucaristía de tanto en tanto. Esa situación nos ha llevado a profundizar los lazos entre Eucaristía y misión. Nuestra acción de gracias se une a la de nuestros amigos musulmanes que también alaban a Dios por su obra de creación y de misericordia. Espiritualmente, podemos incorporar sus plegarias a nuestras Eucaristías. A veces nos admiramos al ver como nuestros amigos musulmanes «se asocian misteriosamente al misterio pascual». Cuando ofrecemos nuestra vida a Cristo, ofrecemos, de alguna forma la de nuestros amigos. Invisiblemente nuestras celebraciones eucarísticas reúnen también a personas todavía ausentes: las que buscan a Dios en la rectitud de su corazón. Para una Iglesia particular la forma de vivir la Eucaristía es inseparable de su historia concreta con la del pueblo a la que ha sido consignada por el Señor».

El Cardenal Georges Marie Martin Cottier, O.P., Pro-teólogo de la Casa Pontificia (Vaticano), dijo: “Si la Iglesia ha formulado directivas relacionadas con la admisión a la Eucaristía de los cristianos no católicos y si rechaza la intercomunión, es porque la comunión eucarística no es un punto de partida, sino que más bien expresa y lleva a su perfección una comunión que presupone en su integridad: comunión en la doctrina de los apóstoles, en los sacramentos y comunión con el colegio apostólico del cual Pedro es el Jefe. Sucede que esta posición no es comprendida y nuestros hermanos protestantes la consideran injustamente dura. Es, por tanto, un deber fraternal que la Iglesia manifieste que no está en su derecho disponer según su voluntad de lo que es un don recibido del Señor. Su actitud es de adoración, de alabanza y de obediencia».

Conmemoración 40 ANIVERSARIO SINODO DE LOS OBISPOS

La tarde del sábado 8 de octubre se celebró, en el Aula del Sínodo, una Congregación General especial para conmemorar el 40 aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos. El Presidente Delegado de turno fue el Cardenal Telesphore Placidus Toppo, Arzobispo de Ranchi.

Al inicio de la sesión, el arzobispo Nikola Eterovi ć habló sobre el sínodo como expresión privilegiada de la colegialidad episcopal. Afirmó que este aniversario “es una ocasión propicia para profundizar en la naturaleza teológica y jurídica de esta institución, nacida en el Concilio Vaticano II». El Sínodo, dijo, «ha tenido el gran mérito de desarrollar la dimensión sinodal del «corpus episcoporum», de fomentar la colegialidad episcopal entre los obispos y con el Santo Padre».

Desde su institución, el 15 de septiembre de 1965, el Sínodo de los Obispos “hasta ahora ha tenido cuatro presidentes: Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II y Benedicto XVI. El Sínodo de los Obispos, continuó, «ha tenido el privilegio de que dos Relatores Generales de Asambleas Generales Ordinarias, de 1974 y de 1980, hayan sido Papas: el Cardenal Karol Wojtyla y el Cardenal Joseph Ratzinger.

El arzobispo Eterovic puso de relieve que «un signo tangible de la juventud del Sínodo es el hecho de que más de la mitad de los padres sinodales de la XI Asamblea General Ordinaria está participando por primera vez en una asamblea sinodal».

A continuación, el Cardenal Jozef Tomko, Presidente del Pontificio Comité para los Congresos Eucarísticos Internacionales, y el Cardenal Peter Erdö, arzobispo de Esztergom-Budapest (Hungría), hablaron respectivamente de los aspectos teológicos y jurídicos del Sínodo de los Obispos .

El Cardenal Adrianus Simonis, arzobispo de Utrecht (Países Bajos), habló sobre la Asamblea Especial para los Países Bajos -convocada por Juan Pablo II y celebrada en enero de 1980- de la que fue miembro.

De la Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos (abril-mayo de 1994), habló el arzobispo Paul Verdzekov, de Bamenda (Camerún), de la que fue miembro.

El arzobispo Cyril Salim Bustros, M.S.S.P., Eparca de Newton de los Greco-Melkitas (EE.UU.), ofreció una reflexión sobre los resultados de la Asamblea Especial para el Líbano, celebrada en noviembre de 1995 y de la que fue Relator General.

El cardenal Juan Sandoval Iñiguez, arzobispo de Guadalajara (México), habló de los frutos de la Asamblea Especial para América (noviembre-diciembre 1997), de la que fue Relator General.

De los resultados de la Asamblea Especial para Asia (abril-mayo 1998), habló el cardenal Paul Shan Kuo-Hsi, S.I., de Kaohsiung (Taiwan), de la que fue Relator General.

El arzobispo John Atcherley Dew, de Wellington (Nueva Zelanda), leyó el texto preparado del que fuera presidente delegado de la Asamblea Especial del Sínodo de Obispos para Oceanía (noviembre-diciembre 1998), el Cardenal Thomas S. Williams, emérito de esta archidiócesis.

Por último, el Cardenal Antonio María Rouco Varela, Arzobispo de Madrid (España), habló de la II Asamblea Especial para Europa del Sínodo de los Obispos (octubre 1999), para la que fue elegido Relator General.

Alfredo Becerra Vázquez, C.M.

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