Ramón, baja en Calor y Café

por | Mar 17, 2004 | Pobreza: Análisis y respuestas | 0 comentarios

Ramón era un hombre anónimo que mucha gente conocía, pero nadie sabía quien era. Hoy ha causado baja, en CALOR Y CAFÉ. La Familia vicenciana, todas las Instituciones que colaboran en CALOR Y CAFE han llorado a Ramón.

Ramón ha causado baja en «Calor y Café»

RAMON CAUSA BAJA EN CALOR Y CAFÉ

Sor Consuelo Ajenjo
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Y ¿quién era Ramón?, pues no sé.
Ramón era un hombre anónimo que mucha gente conocía, pero nadie sabía quien
era. Mendigo de profesión,
vocacionalmente pobre. Deambulaba desde hace muchos
años por las calles de León y arribaba siempre al mismo sitio: un poyo en la
vieja muralla, al lado de la Catedral. Allí se sentaba con un cartón de vino
como única compañía, que a medida que iba consumiendo lo iba alegrando y
sumiéndole en una semiconsciencia voluntaria.

 

¿Era feliz? Me atrevería a decir
que si. A su modo. Desarraigado geográfica, social y familiarmente, tenía el
status que deseaba, o al menos con el que convivía pacíficamente. No deseaba
más. Su voluntad estaba anulada para otras ambiciones y la palabra “promoción”
le ocasionaba risa.

 

Por la mañana acudía puntualmente
a la Asociación Leonesa de Caridad, tomaba el desayuno caliente, esperaba el
turno de la ducha, se cambiaba de ropa y…, hasta mediodía que venía a comer y
después…, seguía bebiendo y volvía a la hora de la cena.

 

El momento para conocer un poco a
Ramón, en su ser natural, era el de la mañana. Acudía despejado. El único
momento que lo estaba; se mostraba bueno, pacífico, tolerante, alegre. Nunca
generaba algaradas, ni daba empujones por ser el primero. No daba las gracias,
tampoco exigía; estaba cercano y tenía una conversación ágil y amena. No tenía
posesiones, ni las quería, sólo el pan y el vino de cada día.

 

Ramón no soportaba un techo sobre
él, ni siquiera se guarecía bajo un banco del jardín. Nunca quiso ir al
Albergue, ni ejerció de okupa en ninguna nave
desmantelada. Lo suyo era ver las estrellas. Siempre que lo vi
agazapado en el entrante de algún garaje, estaba con los ojos abiertos ¿contaría
las estrellas hasta el amanecer?

 

El invierno pasado, inauguró la
temporada de CALOR Y CAFÉ y, cosa extraña, fue habitual cliente en las noches
gélidas del invierno leonés, hasta el verano, que volvió a contar estrellas.

 

Este invierno, llegó de nuevo. Le
quedaban poquitas noches, porque la primavera apuntaba y seguro que ya estaba
pensando en ir a esperar a la luna, en cualquier banco del jardín.

 

Una noche de marzo, Ramón, se
sintió mal, tuvo una profunda hemorragia y sin dar tiempo a más, sin
aspavientos, sereno, lo imagino sonriendo, mientras el aroma del café
impregnaba la sala, se durmió para siempre. Y mientras se adormecía, una nueva
estrella nació arriba en la noche clara.

 

La Familia vicenciana, todas las
Instituciones que colaboran en CALOR Y CAFE han llorado a Ramón. Hoy, el
párroco de San Martín, su parroquia, la parroquia de CALOR Y CAFÉ, junto con
otros concelebrantes de las parroquias frecuentadas
por él, han celebrado el funeral. Todos, todos estábamos allí: Asociación de
San Vicente de Paúl, Hijas de la Caridad, Voluntariado vicenciano,
Asociación de la Medalla Milagrosa, Cáritas
Diocesana, Voluntarios fijos y esporádicos, sus compañeros “colegas” (ha muerto
el abuelo, decían)…, éramos su familia.

 

D. Argimiro,
el párroco, aplicó bellamente el evangelio de las Bienanveturanzas
a todos los presentes y emocionado, recordó a Ramón pacífico y pobre, sacramento
de Cristo, al que la Iglesia ha acogido y arropado en sus últimos momentos,
como lo hizo en vida.

 

Hoy ha causado baja, Ramón, en
CALOR Y CAFÉ, pero en nuestro corazón sigue ocupando un lugar preferido. Él ya
no contará las estrellas, porque las tiene junto a sí, ahora desde allí nos
contemplará a nosotros y nos sonreirá pacífica y alegremente, como siempre lo
hacía.

 

Sor Consuelo
Ajenjo

17 marzo 2004

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