últimas noticias sobre el COVID-19

Un hecho sorprendente en torno a la Medalla

por | Ene 28, 2004 | Asociación de la Medalla Milagrosa | 0 comentarios


El P.Corpus Juan Delgado, actual Visitador de la C.M. en la Prov. de Zaragoza, envía esta carta dirigida al P.Robert P. Maloney, Superior General de la C.M. y Director General de la AMM

Como señalan sus compañeros en una carta enviada, y firmada por todos y<br /> cada uno de los hombres y mujeres que forman la dotaci

Sergio Méndez
Normal
JULIIO
2
0
2004-01-23T23:36:00Z
2004-01-23T23:36:00Z
1
1268
6975
UPV
58
16
8227
10.2625

Print
BestFit
Clean
Clean
21
9,35 pto
2
MicrosoftInternetExplorer4

/* Style Definitions */
table.MsoNormalTable
{mso-style-name:»Tabla normal»;
mso-tstyle-rowband-size:0;
mso-tstyle-colband-size:0;
mso-style-noshow:yes;
mso-style-parent:»»;
mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt;
mso-para-margin:0cm;
mso-para-margin-bottom:.0001pt;
mso-pagination:widow-orphan;
font-size:10.0pt;
font-family:»Times New Roman»;}

7 de
diciembre de 2003

 

 

                                               P. Robert Maloney, c.m.

                                               Superior
General

                                               Director General de la Asociación de la Medalla Milagrosa

                                   Roma

 

 

 

Muy querido Padre:

 

La gracia del Señor esté siempre con nosotros.

 

Le escribo hoy para compartir con usted la experiencia de
una familia cristiana en torno a la Medalla Milagrosa.

 

Mientras me encontraba de visita a nuestra comunidad de
Cartagena (Murcia), donde fui párroco desde septiembre de 2000 hasta enero de
2003, los esposos Rafael Aguirre y Ana Pastor me hicieron saber su deseo de
entrevistarse conmigo para exponerme un acontecimiento que les había llenado de
dolor y, al mismo tiempo, de paz.

 

Javier, hijo de Rafael y Ana, de 24 años, trabajaba en el
ejército, como lo había hecho su padre, como
lo hacían otros dos de sus tres hermanos
. Aquejado de una dolencia en
una pierna, se trasladó desde la base
de Rota (Cádiz), donde estaba destinado
, a Madrid para una sencilla
intervención quirúrgica en el Hospital Gómez Ulla de
las Fuerzas Armadas. Una vez intervenido, decide pasar los días de
convalecencia en Cartagena, ciudad de la residencia familiar. Su padre lo lleva
hasta la estación, donde debe coger el tren TALGO que ha de trasladarle a
Cartagena. Allí debe recibirle su madre, mientras su padre ultima unos asuntos
en Madrid.

 

Es el 3 de junio de 2003. Aquel TALGO partió de Madrid a
las 16 horas, pero nunca llegó a Cartagena. Un terrible accidente, sobrepasada
la estación de Chinchilla (Albacete), lo impidió. Sobre las 21:40 horas, el tren TALGO colisionó frontalmente con un tren
de mercancías
, calcinándose tres
convoyes
, dos de ellos de pasajeros, y provocando la muerte de 19 personas, tras producirse una
tormenta de fuego de más de 1.800º C. Entre los pasajeros que perdieron la vida
se encontraba Javier.

 

La familia Aguirre Pastor vivió con ansiedad primero, y
desesperación después, aquel acontecimiento, tanto más doloroso cuanto que los
cadáveres no pudieron ser entregados a sus familias hasta muchos días más
tarde, pues dada la violencia de las llamas, muchos de los cuerpos sólo
pudieron ser identificados tras realizarse las pruebas de ADN.

 

Las autoridades judiciales entregaron finalmente los
restos de los fallecidos a cada una de las familias. La familia Aguirre Pastor
recibió, entre otros enseres, dos bolitas de oro y una medalla de la Virgen
Milagrosa. ¿Qué significaba esto? Javier llevaba consigo una cadena y una
medalla de oro, que el fuego había fundido, reduciéndolas a dos bolitas. Javier
llevaba también, desde la edad de doce años, una Medalla Milagrosa de un
material sencillo y sin valor económico alguno, de la que nunca se desprendía.
Javier, que vivía como buen cristiano, profesaba un gran amor a la Virgen María
y llevaba siempre consigo esa Medalla.

Rafael
Aguirre, padre de Javier, recuerda además que en el momento de describir a las
autoridades la ropa y demás enseres que llevaba su hijo en el tren, olvidó
mencionar la Medalla. La misma Medalla que quedó intacta y que precisamente fue
la que sirvió a los analistas para identificar a Javier mediante el ADN.

 

Aquella familia no acertaba a entender cómo el fuego, que
había destruido todo lo que se encontraba en el vagón, fundiendo incluso el oro
de la cadena de Javier, no había alterado la insignificante Medalla Milagrosa.
¿Acaso estaba esta Medalla fabricada a partir de alguna aleación especial
resistente al fuego? Rafael Aguirre, padre de Javier, no pudo contener su
inquietud, y se acercó a Cieza, localidad en la que se encuentra la fábrica en la
que se hacen estas medallas. Preguntó al responsable del taller por el tipo de
aleación y por la temperatura de fusión. Este explicó que el material con el
que se fabrican estas medallas, compuesto en un 99,50% por aluminio, funde muy
pronto, apenas a 300º C. Ayudado de un soplete, el encargado hizo varias pruebas
con varias medallas, que al sufrir el contacto del soplete durante apenas un
par de segundos, fundieron. Al explicarle el padre de Javier que una de esas
medallas había soportado cerca de 1.800º C, el propio responsable del taller mostró su incredulidad, y aseguró la
imposibilidad física del suceso.

 

La familia Aguirre Pastor entendió entonces que esta
Medalla era para ellos un signo. En la entrevista que mantuvieron conmigo me la
mostraron en un relicario. La Medalla está completa, se puede leer perfectamente
la inscripción, e incluso la argolla por la que pasa la cadena, permanece
intacta. Se la entregaron en una funda séptica, y nadie después la ha tocado.

 

Los padres de Javier necesitaban una palabra que les
confirmara en su fe, y por eso habían decidido hablar conmigo (una familia
amiga así se lo había sugerido). ¿Podían interpretar este signo como una
expresión de que su hijo había muerto en paz, en las manos de María? ¿Podían
entender que su hijo sigue acompañándolos desde el cielo con la Virgen Inmaculada?
¿Podían escuchar una renovada invitación a fortalecer su fe y su vida
cristiana?.

 

En aquella entrevista mis palabras no fueron muy
abundantes, pero sí quise apoyarles en la lectura cristiana que hacían de
aquellos acontecimientos.

 

Entonces los padres de Javier me contaron todavía un
detalle de sus últimos momentos, porque “Javier siempre estaba pendiente de
ayudar a los demás
”. Cuando se produjo el accidente, la fuerte colisión
entre trenes produjo una tremenda explosión y de una rápida propagación del
fuego. En ese momento, Javier se quitó su camisa para que la señora que estaba
a su lado pudiera evitar que el humo la invadiera mientras trataba de salir del
amasijo de hierros y poder así huir de las llamas. La señora, que salvó la
vida, extendió su mano, una vez estuvo fuera, para intentar ayudar a salir de
aquel horror a Javier, que tenía una pierna inmovilizada. Las llamas fueron más
rápidas. De Javier sólo quedaron… y su Medalla.

 

Como señalan sus compañeros en
una carta enviada a los padres de Javier, y firmada por todos y cada uno de los
hombres y mujeres que forman la dotación de la Fragata ‘Numancia’, Don Javier o
el Alférez de Navío Aguirre –como le llamaban-, era “buen amigo y compañero,
dispuesto siempre a ayudar a quien lo necesitase; alegre en su vida cotidiana y
serio en su trabajo; con una personalidad arrolladora, sorprendente en personas
de su edad. También Don Javier era buen oficial; exigente al tiempo que
comprensivo; emprendedor, con el ímpetu de los jóvenes que creen en lo que hacen;
preparado profesionalmente y previsor como pocos; correcto y respetuoso con
todos, viendo así a la persona que hay detrás de cada uniforme. (…) un oficial
ejemplar, en lo humano y profesional
”.

 

Una muestra más de la
admiración y el cariño que profesaba a Javier quien le conocía se pudo observar
el día que se celebró la misa en su memoria, en la parroquia castrense de Santo
Domingo, en Cartagena. Como reproduce un periódico local, “el templo estaba
a rebosar
”. Allí estaban sus padres y hermanos, amigos, compañeros de
promoción, y la tripulación de la fragata ‘Numancia’ al completo. Y prosigue
este mismo diario, “uno de los momentos más emotivos de la ceremonia fue
cuando el capellán castrense de Santo Domingo, José Luis Arnal,
se dirigió durante la homilía al hermano gemelo de Javier, Fernando, que
también es marino: Te han formado en el sacrificio y la entrega para que des
hasta la última gota de sangre, pero el Señor no te ha pedido tu sangre física,
sino tu sangre moral, la de tu hermano, y te pide que seas fuerte para seguir
adelante
”.

 

No sólo los padres de Javier,
también sus hermanos han entendido que tienen ahora una misión: conocer y dar a
conocer la Medalla Milagrosa y, lo que es más importante, vivir como Javier:
con una fe militante y comprometida, con un espíritu de servicio a los más
desfavorecidos y con un gran amor a María.

 

En estos días leen con interés
el significado de las apariciones de la Virgen a Santa Catalina y la historia
de la Medalla Milagrosa, y se disponen a peregrinar a la Rue
du Bac para celebrar la
eucaristía por Javier, con Javier.

 

Aseguré a la
familia que haría conocer a la Asociación de la Medalla Milagrosa este
testimonio, que se une a la larga historia de fidelidad y renovación de la vida
cristiana obrada por la Medalla.

 

Un abrazo,

 

                                                           Corpus
Juan Delgado, c.m.

 

 


La familia de Javier


Javier


Javier participa como lector en la Eucaristía


Guardados como oro en paño


La Medalla sorprendentemente conservada

Etiquetas:

0 comentarios

Enviar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

homeless alliance
VinFlix
VFO logo

Archivo mensual

Categorías

Noticias de .famvin y de otras webs vicencianas, en varios idiomas

Sígueme en Twitter

colaboración

Pin It on Pinterest

Share This