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¿A QUIÉN INTERESAMOS?

por | Nov 11, 2003 | Reflexiones | 0 comentarios

Grupo de jóvenes de Pastoral Penitenciaria – Diócesis de Donostia

«¿A quién interesamos?». Esta es la pregunta que dirigen los presos de Martutene a la Iglesia de Guipúzcoa y a la sociedad en general cuando el día 24, festividad de Nuestra Señora de la Merced, se celebrará el día de los reclusos y trabajadores de las prisiones.

¿A QUIÉN INTERESAMOS

José Luis Casla

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Luis Miguel

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Nuestra intención es ofrecer una visión desde

nuestra experiencia con los presos y desde unas reflexiones sobre el reto de

este mundo para nuestra diócesis y la sociedad guipuzcoana.

 

Percibimos que la sociedad y también gran parte de

la comunidad cristiana adoptan ante el problema de la cárcel una actitud de

indiferencia y olvido. El colectivo de presos no interesa prácticamente a

nadie. El mundo de las prisiones es un mundo marginado por casi todos. Por lo

tanto creemos que una de las labores básicas a realizar es la de informar y

concienciar debidamente a la comunidad eclesial y social sobre la realidad de

los presos. El objetivo de esta sensibilización es promover una mayor

humanización de los centros penitenciarios, una mayor participación social en

el problema de los presos, sobre todo de aquellos que están más desamparados, y

un apoyo más eficaz en la búsqueda de alternativas para la prisión.

 

No es fácil olvidar la primera vez en que se entra

en una cárcel: puertas que se cierran detrás de uno.

Espacios cerrados. Los reclusos y reclusas. Cada uno de ellos posee un

historial únicamente delictivo: “varón, 29 años, homicidio, 15 años de condena;

mujer, 23 años, robo con violencia, 7 años de condena…”. Pero en la prisión

hay mucho más que eso. Hay enfermedad social y deterioro humano. Ante las

dificultades a las que nos solemos enfrentar en el mundo de los presos no es

bueno caer ni en la desesperación ni en la ingenuidad. Muchos de los internos,

esclavos de la droga, con la salud deteriorada, privados de afecto, con un

horizonte incierto, con miradas tristes… necesitan manipular a quien se

acerca a ellos, mentir, engañar, aprovecharse. ¿Cómo podemos entonces ayudar a

estas personas?

 

La diócesis de San Sebastián, desde su Pastoral

Penitenciaria, pretende continuar trabajando tres aspectos: el de la

prevención, denunciando aquellas condiciones de extrema pobreza y marginación,

antesalas de la cárcel; el de una acción de presencia que, ante la justicia

humana que cree necesario separar a un individuo peligroso, lleve a la

comunidad cristiana a ofrecer al preso su presencia no antilegal pero sí supralegal; en tercer lugar, el acompañamiento personal al

preso, viendo su mundo en el interior de la prisión deteniéndose en ella. En

todo ello intervienen elementos nucleares, algunos de los cuales quisiéramos

apuntar a continuación.

 

Desde una vivencia del Evangelio de Jesús, nuestra

labor en la cárcel trata de arrancar y tener como objetivo decisivo el ofrecer

a los presos y presas la experiencia del «perdón-acogida». Desde el perdón de

Dios el hombre y la mujer toman conciencia de su mal y culpa. Pero no se hunden

en él. La acogida del perdón es lo que da fuerzas a la persona para reconocerse

pecador y para cambiar radicalmente. Además, libera a la persona del desprecio

y marginación social, y le devuelve la dignidad perdida. En el caso de los

penados, el agente de Pastoral Penitenciaria ha de recordar permanentemente al

preso el perdón y aceptación de Dios, aunque la sociedad le recuerde sin cesar

su condena. Esto significa que todo ha de estar inspirado por una actitud de

respeto, cercanía, escucha, comprensión y nunca por el juicio, la condena, el

rechazo, la distancia o el menosprecio.

 

Por otro lado nos hallamos con la necesidad de

promover el «principio-misericordia», en palabras de Jon Sobrino. Consiste en

interiorizar el sufrimiento ajeno injustamente inflingido hasta hacerlo propio

de algún modo, de tal manera que la interiorización de ese sufrimiento se

convierta en principio interno y eficaz de actuación para erradicarlo.

 

También ha de tenerse en cuenta la vía de

conciliación-reparación entre víctima-autor. Sus ventajas son diversas. Por una

parte, se toman en consideración y se garantizan mejor los derechos de la

víctima. Por otra parte, contribuye directamente a la resocialización

del delincuente ya que lo enfrenta con las consecuencias de su delito, le ayuda

a tomar conciencia del daño causado a otras personas, le obliga a asumir su

responsabilidad, se le reconoce como persona capaz de solucionar el conflicto

creado por su delito y se crean unas condiciones objetivas que le permiten

recuperar su dignidad personal ante la víctima y ante la sociedad.

 

No quisiéramos concluir sin definir la naturaleza y

el carácter de lo dicho hasta ahora. Nuestra acción en el ámbito penitenciario

no ha de estar inspirada por motivaciones políticas ni ideológicas, sino por un

espíritu evangélico de justicia y defensa de los débiles. Debe evitar todo tipo

de discriminaciones y tiene que ser respetuosa con las competencias propias de

abogados y demás profesionales, sin entrometerse indebidamente en su campo.

Creemos que este es el mejor modo en que la Iglesia de Gipuzkoa

puede ayudar a los hombres y mujeres privados de libertad que viven entre

nosotros, a sus familias apoyándolos en su dolor y necesidades,  a las víctimas solidarizándonos con su

sufrimiento y ofreciéndoles nuestro apoyo afectivo y efectivo.

 

                                                                       Publicado

en el Diario Vasco, 21/09/03

                                                                       P.

Luis Miguel Medina

                                                                                                                                                        

 

 

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