¿Quién lo hubiera pensado que María y José, a quienes les alcanzaba solamente el dinero para ofrecer un par de tórtolas o dos pichones, presentarían en el templo al Señor de éste, el Señor que más tarde purificaría el templo de los ladrones quienes lo conviertieron en una casa de comercio?

Lea la reflexión completa de Rosalino

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