Tob 11, 5-17; Sal 145; Mc 12, 35-37.

“¿Cómo dicen los maestros de la ley que el Mesías es hijo de David?”

Nos encontramos hoy con la visión de Dios, un Dios cercano pero que también nos muestra una presencia radical. Jesús hace preguntas comprometidas. Esta vez es Él quien mete en apuros a sus interlocutores. A1 rey David se le prometió que de su descendencia vendría el Mesías. Pero en el Salmo 109, que se atribuía a David, éste le llama “Señor” a su descendiente y Mesías.

¿Cómo puede ser hijo y a la vez señor de David?

La respuesta hubiera podido ser sencilla por parte de los doctores de la ley: el Mesías, además de ser descendiente de la familia de David, sería también el Hijo de Dios. Pero eso no lo podían reconocer. Sus ojos estaban cegados para ver tanta luz.

Nosotros respondemos fácilmente: Jesús es el Señor y el Hijo de Dios. Él mismo nos ha dicho que es la luz, el camino, la verdad, la vida, el maestro, el pastor, la puerta. No sólo sabemos responder eso, sino que hemos optado en nuestra vida para seguirle fielmente y aceptar su proyecto de vida, aunque no siempre nos sea fácil. En eso consiste sobre todo nuestra fe en Jesucristo. No sólo en saber cosas de Él, sino en seguirle, es decir, hacer nuestros sus valores, aprender de sus actitudes, su amor de Hijo a Dios, su libertad interior, su entrega por los demás y adherirnos a su proyecto del Reino, proyecto de vida y esperanza.

Fuente: “Evangelio y Vida”, comentarios a los evangelios. México.
Autor: Blanca López Leija, HC

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