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Confianza entre las personas • Una reflexión semanal con Luisa

“La pobreza y la confianza en Dios son los dos puntales de la Compañía de las Hijas de la Caridad… No sé si me engaño, pero me parece que Nuestro Señor querrá siempre más confianza que prudencia para conservar la Compañía, y que esta misma confianza hará actuar a la prudencia en las necesidades sin que lo advirtamos; y me parece que la experiencia lo ha dado a conocer así en las diversas ocasiones en que la pereza de mi espíritu lo ha necesitado” (c. 545 y 546).

Luisa de Marillac, Cartas a Sor Luisa Cristina y al Señor Vicente.

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Reflexión:

  1. Santa Luisa tenía muy claro, y lo manifiesta en multitud de cartas, que la confianza es el aire que nos permite respirar; que sin confianza no se puede vivir. Ella, que tanta seguridad daba a los demás y tanto aplomo ponía en los asuntos de la vida material, sentía la inseguridad de su conciencia en la vida interior y acudía continuamente a sus directores. Siempre se fio de ellos, y a las Hijas de la Caridad les aconsejaba que confiasen en la Providencia, en los directores, en los superiores, en las Hermanas, en los pobres, en todos.
  2. La sociedad ha logrado introducir en las comunidades la idea de que en la vida cada uno busca sus intereses y ha puesto como norma el axioma “desconfía y acertarás, que cada uno se valga por sí mismo”. Sin embargo, en las relaciones sociales y comunitarias, o nos fiamos unos de otros o la vida se hace insoportable. ¡Qué seguridad nos da un médico en quien confiamos, aunque no pueda curar todas las enfermedades ni detener la vejez! Pues sabemos que hará lo posible por curarnos. Suele decirse que es insensato fiarse de todos, pero no confiar en nadie es una locura.
  3. Sin una comunidad, una familia o unos amigos que nos den seguridad no podemos afrontar las dificultades de cada día. Sentir que alguien potente y generoso está a nuestro lado y nos acepta es lo que da sentido a nuestra vida. Los Vicentinos que confían unos en otros construyen un paraíso de amor, y los que desconfían, viven en un infierno de sospechas. Que los demás se fíen de nosotros es vital, sin que la prudencia haga distinciones, como escribía santa Luisa: “Que la prudencia nos enseñe a darles confianza en sus necesidades, sin preferencias por nadie” (c. 580).
  4. El testimonio más eficaz que pueden dar los Vicentinos es contagiar su confianza a los familiares, amigos, a los miembros de la Familia Vicenciana y a los demás, porque nos fiamos de todos ellos; es valorarlos y considerarlos capaces de emprender acciones que cambien muchas situaciones desdichadas de este mundo y pongan la fe evangélica que pide Jesús en los corazones humanos.

Cuestiones para el diálogo:

  1. Ante todo, ¿confías en Dios como en un Padre? ¿Y en Jesús como nuestro Redentor? ¿Y en la Virgen María que Jesús nos dio por Madre? ¿Y en Medalla Milagrosa que la Virgen nos la dio como emblema de su amor poderoso hacia nosotros sus hijos?
  2. ¿Confías en ti mismo, en tus cualidades superiores a tus defectos? ¿Confías en que eres capaz de emprender grandes iniciativas?
  3. ¿Confías en tus familiares, amigos, compañeros de trabajo, en los miembros de la Familia Vicenciana? Si desconfías, ¿has analizado y reflexionado por qué?
  4. ¿Qué valor das a la frase de Pascal, “si supiéramos lo que hablan de nosotros los amigos, cuando estamos ausentes, no habría cuatro amigos en el mundo”?

Benito Martínez, C.M.

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