1. Momento de Comprender:

La oportunidad de cursar estudios no era constante entre los hijos de los gascones. Vicente había sido sin duda un joven afortunado desde su infancia, sus padres vieron en el ingenio de aquel niño un signo esperanzador para el futuro sostén de su familia. Otros personajes aparecerán en el camino para “apadrinar” a Vicente como es el caso del Señor de Comet, primer protector del joven Vicente y el Duque de Epernón, quien le favoreció en sus primeros tiempo de sacerdote. Si seguimos las primeras cartas que conservamos de nuestro santo, nos percatamos fácilmente que en su interior estaba aquel noble propósito humano de obtener algún beneficio eclesiástico para poder ayudar a su familia. Con estas conmovedoras palabras escribía el 17 de febrero de 1610 a su madre:

Madre mía… me resulta penosa por impedirme marchar a devolverle los servicios que le debo; pero espero de la gracia de Dios que él bendecirá mis trabajos y me concederá pronto el medio de obtener un honesto retiro, para emplear el resto de mis días junto a usted… Me gustaría también que mi hermano hiciese estudiar a alguno de mis sobrinos, mis infortunios y el poco servicio que hasta el presente he podido hacer a la casa le podrán quitar acaso la voluntad de ello; pero que se imagine que el presente infortunio puede presuponer una suerte en el porvenir…

Hay que reconocer que entre 1600 y 1617 Vicente ocupará todas sus fuerzas juveniles en la realización de sus proyectos personales (el beneficio eclesiástico y el honesto retiro con su familia), entendibles y nobles desde el punto de vista meramente humano, pero limitados y egoístas leídos desde la conformidad con la voluntad de Dios, que tanto predicará el santo en sus últimos años de vida.

Sus proyectos personales lo llevarán a varios escenarios no muy fructíferos: la lucha perdida por ejecutar su nombramiento como cura de la parroquia de Tilh, su búsqueda de una carrera eclesiástica (¿acaso un episcopado?) desde los estudios en Toulouse y más tarde con su primera estancia en Roma, su llegada a París a finales de 1608 después de las promesas incumplidas de Monseñor Montorio en Roma (I, 83), la capellanía de la ex-reina Margarita de Valois y la toma de la Abadía de San Leonardo de Chaumes (14 de mayo de 1610)… Sin dejar de lado las tragedias que su ambición trajo consigo: la cautividad sufrida en manos de los turcos esclavistas (I, 77-84), la calumnia sobre el robo de los 400 escudos al juez con el que compartía el alquiler del cuarto en una pensión en París (XI, 230), la crisis espiritual sufrida entre 1611 y 1616 cuando intentó ayudar al doctor que también asistía a la reina de Valois, entre otros.

Todas estas escenas contrastan con el apóstol de los pobres que se vio peregrinar por las calles parisienses, el evangelizador incansable de las misiones en los lugares más abandonados de Francia, el organizador de las caridades y el pastor comprometido con la reforma del clero.

No cabe duda que el año 1617 representa un antes y un después en la vida de Vicente, el hombre que ha perseguido sus sueños y los de su familia, pero llegados a ellos encuentra la sequedad y el vacío de quien no sabe seguir más que sus propios ideales, siempre insuficientes para ser feliz de espaldas al proyecto de Dios.

La progresiva conversión de Vicente, que se aceleró entre la crisis del 1610 y las escenas de Chatillón y Folleville en 1617, así como el camino de perfección que nos permitirá observarlo a sus casi ochenta años lleno de humildad, mansedumbre y celo apostólico; han significado sin duda una renuncia al proyecto egoísta donde el centro era solamente él y la felicidad de unos cuantos seres queridos, cambiado por un proyecto mayor que ya no le pertenece sino que lo compromete a vivir como un feliz peregrino en el servicio de los más necesitados:

Pongamos, pues, nuestra confianza en él; pues, si la ponemos en los hombres, o si nos apoyamos en alguna ventaja de la naturaleza o de la fortuna, entonces Dios se apartará de nosotros… Busquemos solamente a Dios y él nos dará amigos y todo lo demás, de forma que no faltará nada. ¿Queréis saber por qué hemos fracasado en algunas tareas? Porque nos apoyábamos en nosotros mismos. Ese predicador, ese superior, ese confesor se fía demasiado de su prudencia, de su ciencia y de sus propias ideas. ¿Qué hace Dios entonces? Se aparta de él y lo abandona; y aunque trabaje, no consigue ningún fruto, para que reconozca su inutilidad y aprenda por propia experiencia que, por muchos talentos que tenga, no puede nada sin Dios. (XI, 731).

2. Momento de Contemplar:

¿Qué sentimientos experimento en mi interior al tomar conciencia del camino de conversión que ha tenido que vivir el apóstol de la caridad? ¿Qué puedo ver en el Vicente de antes de 1617? ¿Qué me hace sentir la opción radical de San Vicente en seguir la voluntad de Dios después de haberse dedicado a perseguir sus sueños?

Se recomienda leer la página 738 del tomo XI de las obras completas de San Vicente.

3. Momento de Meditar:

Para esta meditación creemos oportuno darle significado, para luego compartir en comunidad, a dos conceptos claves de esta Lectio:

  1. ¿Cuáles son mis Proyectos Personales que sin ser malos me alejan del proyecto de Dios? ¿A qué debo renunciar?
  2. ¿Cómo logro entender el proyecto de Dios dentro del carisma vicentino al que me ha llamado? ¿Cuál es la misión que Dios me está pidiendo asumir?

4. Momento de Comprometernos:

La cuaresma nos invita a vivir más intensamente nuestro proceso de conversión en el que buscamos revestirnos del espíritu de Jesucristo, y para lo cual necesitamos valernos del ayuno, la oración y la caridad. Para este tercer mes de nuestro jubileo proponemos a cada vicentino un compromiso firme durante la preparación a la pascua en al menos una de estas armas espirituales que también tienen eco en la espiritualidad de San Vicente:

  1. El Ayuno: la medida del progreso en nuestra vida espiritual (XI, 759)
  2. La Oración: tan necesaria al alma como el aire al hombre. (IX, 1132)
  3. La Caridad: a medida de la tentación (XI, 809)

Autor: Rolando Gutiérrez C.M., Vice-Provincia de Costa Rica.
Fuente: cmglobal.org

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