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Practicar las virtudes • Una reflexión semanal con Vicente

“Todas las enseñanzas evangélicas de que hemos hablado hasta aquí debemos observarlas en cuanto podamos, pues son muy santas y útiles. Pero algunas de ellas son más adecuadas para nosotros, de manera especial las que se refieren a la sencillez, la humildad, mansedumbre, mortificación y celo por las almas. En el cultivo y la práctica de estas virtudes la Congregación ha de empeñarse muy cuidadosamente, pues estas cinco virtudes son como las potencias del alma de la Congregación entera, y deben animar las acciones de todos nosotros” (RC, II, 14).

Vicente de Paúl

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Reflexión:

  1. Saca a colación el sr. Vicente las cinco virtudes que deben ser “las potencias del alma de la Congregación entera y deben animar las acciones de todos (los misioneros)”. Excelente aclaración del concepto “virtud”: fuerza interior (potencia del alma) y fuerza exterior (animación de la acción). ¡Qué lejana está esta concepción tanto del quietismo (al que tan aficionados eran más en el pasado que en el presente) como del activismo (al que tan aficionados somos más en el presente que en el pasado!
  2. Y es, por ello, a lo que viene la aclaración del “cultivo y práctica”. “Cultivo” referente a la dimensión interna de cada una de las virtudes; “práctica” que lleva a desplegar en la sociedad lo que se ha cultivado. Y esto se refiere a todas y cada una de las virtudes que se enseñan en la tradición cristiana. Así comienza su conferencia el sr. Vicente a los misioneros: “Todas las enseñanzas evangélicas de que hemos hablado hasta aquí debemos observarlas en cuanto podamos, pues son muy santas y útiles”.
  3. No obstante, no se recata en significar las que entiende deben perfilar el “pentágono virtuoso” de sus misioneros, de las que, por otra parte afirma “son más adecuadas”: la sencillez, la humildad, la mansedumbre, la mortificación y el celo por la salvación de las almas.
  4. La identificación con estas virtudes, supuesto su punto de partida en los años de formación inicial, es la tarea espiritual de la vida de un misionero. Es un proceso de mejora continua que debe configurar su “plan personal de formación permanente”. Que esto es trabajoso no tienen que recordármelo…

Cuestiones para el diálogo:

  1. ¿Tienes un Proyecto Personal de Formación escrito, concreto y evaluable?
  2. ¿Existe en tu Comunidad un Proyecto de Formación?
  3. ¿Hay en tu Provincia una preocupación real por la Formación Permanente?
  4. En este pentatlón de virtudes ¿cuáles son tus fortalezas y tus debilidades?
  5. ¿Son reconocibles en la Congregación de la Misión estas virtudes?

Mitxel Olabuenaga, C.M.
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