Ocúpate siempre de los criados tanto como de los amos, y de los obreros como de los ricos: ese será en el futuro el único camino de salvación para la Iglesia de Francia. Es necesario que los curas renuncien a sus pequeñas parroquias burguesas, rebaños de élite en medio de una inmensa población a la que no conocen, a la que se atrae sin embargo por predicaciones especiales, por asociaciones de caridad, por el afecto que se les muestra y que les conmueve más de lo que se cree. Es necesario que se ocupen no solo de los indigentes, sino de toda esa clase pobre que no pide limosna. Es ahora más que nunca cuando habría que meditar un hermoso pasaje del capítulo II de la carta de Santiago, que parece escrito expresamente para el tiempo presente.

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Federico Ozanam, carta a Alphonse Ozanam, del 6 de marzo de 1848.

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Reflexión:

  1. En una reflexión anterior mencioné de pasada parte de este texto, que Federico escribe a su hermano de sangre, Alphonse, que era sacerdote diocesano. Vamos ahora a dedicarle ahora su propio espacio, pues es una reflexión tan actual e importante que incluso nos conecta con las mismas intuiciones y exhortaciones de nuestro papa Francisco.
  2. Un breve contexto histórico:
    1. Ante las próximas elecciones a la Asamblea Nacional francesa, Federico acepta presentarse a diputado, impulsado por un “gran número de lioneses que me pidieron que me presentara” (Cf. carta a Alphonse Ozanam, del 6 de marzo de 1848). Pasó por momentos de duda, pero al final consintió: “después de haber pensado en ello delante de Dios y pedido consejo a los que tienen derecho sobre mi conciencia y sobre mi corazón, después de oír los consejos de mi familia y de mis amigos, me he decidido a asumir un sacrificio que no podría rehusar sin faltar al honor, al patriotismo y a la abnegación cristiana” (misma carta).
    2. Comienza, pues, una etapa muy interesante, y poco conocida creo yo, de la vida de Ozanam: junto a otros compañeros funda un nuevo periódico, l’Ere Nouvelle, cuyo primer número saldrá en abril de 1848, y que durante aproximadamente año y medio servirá a Federico para mostrar sus ideas sociales y políticas. Desafortunadamente muchos de los textos escritos en este periódico son difíciles de encontrar, porque no se incluyeron en las Œuvres complètes de Federico Ozanam o, si lo hicieron, fueron sesgados.
  3. Las primeras palabras de este texto nos recuerdan también la forma en que san Vicente de Paúl se relacionaba tanto con los poderosos de su tiempo como con los humildes. Pero no es una relación equidistante, ni en Federico ni en Vicente, quien lo deja claro, por ejemplo, en este texto: “¿Verdad que nos sentimos dichosos, hermanos míos, de expresar al vivo la vocación de Jesucristo?… Ved cómo lo principal para Nuestro Señor era trabajar por los pobres. Cuando se dirigía a los otros, lo hacía como de pasada” (SVP, XI, 55-56). Los otros, evidentemente, son los “no-pobres”. Si esa fue la actuación de Jesucristo, ¡cómo ha de ser la nuestra!
  4. Otra de las frases de Federico que llama la atención es la de “es necesario que los curas renuncien a sus pequeñas parroquias burguesas”. ¿No resuena en nosotros la llamada del papa Francisco a salir a las periferias? Dijo el papa Francisco en la vigilia de Pentecostés de 2013: “Una Iglesia cerrada es una Iglesia enferma. La Iglesia debe salir de sí misma. ¿A dónde? Hacia las periferias existenciales, cualesquiera que sean, pero salir“.
  5. Una nota más respecto a esta afirmación de Ozanam: “Es necesario que se ocupen no solo de los indigentes, sino de toda esa clase pobre que no pide limosna”. La clase obrera, en tiempos de Federico, vivía oprimida y apenas lograban conseguir recursos para sobrevivir. Formaban parte de esa clase pobre de la que Federico habla, y ellos formaban, por tanto, parte también de los necesitados a los que la Iglesia debía socorrer.
  6. Menciona Federico el siguiente pasaje de la carta de Santiago (Sant 2, 1-9): “Hermanos míos, no entre la acepción de personas en la fe que tenéis en nuestro Señor Jesucristo glorificado. Supongamos que entra en vuestra asamblea un hombre con un anillo de oro y un vestido espléndido; y entra también un pobre con un vestido sucio; y que dirigís vuestra mirada al que lleva el vestido espléndido y le decís: «Tú, siéntate aquí, en un buen lugar»; y en cambio al pobre le decís: «Tú, quédate ahí de pie», o «Siéntate a mis pies». ¿No sería esto hacer distinciones entre vosotros y ser jueces con criterios malos? Escuchad, hermanos míos queridos: ¿Acaso no ha escogido Dios a los pobres según el mundo como ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a los que le aman? ¡En cambio vosotros habéis menospreciado al pobre! ¿No son acaso los ricos los que os oprimen y os arrastran a los tribunales? ¿No son ellos los que blasfeman el hermoso Nombre que ha sido invocado sobre vosotros? Si cumplís plenamente la Ley regia según la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, obráis bien; pero si tenéis acepción de personas, cometéis pecado y quedáis convictos de transgresión por la Ley.” Se acusaba a la Iglesia, en tiempos de Federico, de estar más de lado de los poderosos que de los humildes y desprestigiada ante el pueblo que sufre la opresión. Con este texto, Ozanam nos vuelve a pedir que pongamos la centralidad de nuestro ser y actuar en donde verdaderamente debe estar. “¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres!”, exclamó el papa Francisco ante una audiencia de periodistas, en marzo de 2013, poco después de su nombramiento como papa. Es el mismo pensamiento que expresó Federico más de ciento cincuenta años antes; y sigue siendo plenamente actual y válido.

Cuestiones para el diálogo:

  1. ¿Cómo es nuestra “presencia política” como cristianos y como vicencianos? ¿Qué valores estamos defendiendo?
  2. ¿Son los pobres nuestra prioridad? ¿De palabra y de obra? ¿Denunciamos la injusticia?
  3. La clase obrera de hoy en día, ¿sigue viviendo la misma opresión que denunciaba Federico? ¿Pasa solo en los países menos industrializados, o lo vemos también en los países más poderosos?
  4. A la luz de los textos de Santiago y san Vicente de Paúl mencionados anteriormente, podríamos preguntarnos: ¿Cómo es la relación de los vicencianos con los ricos y poderosos? ¿Es como debería de ser? Si no… ¿cómo debería de ser?
  5. ¿Qué debe de significar para un vicenciano “salir a las periferias”?
  6. ¿Qué debe de significar para un vicenciano “renunciar a nuestras parroquias burguesas”?

Javier F. Chento
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