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Asamblea Internacional de la AIC en Châtillon-sur-Chalaronne (Francia)

“Porque nos duele la pobreza, porque al verla queremos enfrentarla, acompañamos a las personas que viven en la pobreza hacia su autonomía, a fin de que pueda cambiar radicalmente su situación de vulnerabilidad. ¡Y en esta tarea ya llevamos 400 años! Desde que San Vicente de Paúl nos fundara aquí, en Châtillon (Francia) el 23 de agosto de 1617”.

Con esta tarjeta de presentación, se reunieron en el hermoso pueblo de Châtillon-sur Chalaronne (nombre actual del antiguo Châtillon-les-Dombes), los días 12, 13, 14 y 15 de este mes de marzo de 2017, alrededor de 350 miembros de la AIC (Asociación Internacional de Caridades de San Vicente de Paúl) venidos de 44 países de todo el mundo.

El motivo de esta magna reunión fue doble: la celebración de la Asamblea Internacional, según lo establecido en los Estatutos, y el solemne, gozoso y vivo recuerdo de los 400 años de la fundación de esta Asociación por parte del entonces párroco de Châtillon, Vicente de Paúl. Y para ello, no se pudo escoger mejor marco que este pueblo francés que huele a San Vicente de Paúl y a carisma vicenciano por los cuatro costados.

La Asamblea Internacional 2017 de la AIC giró en torno a seis ejes fundamentales que vertebraron y dinamizaron este histórico acontecimiento.

El primer eje lo constituyeron las celebraciones de la Eucaristía: bien preparadas litúrgicamente y muy participadas. La Eucaristía de apertura la presidió el P. Tomaz Mavric, C. M., Superior General. La segunda la presidió el P. Bertrand Ponsart, C. M., Asesor Nacional de AIC-Francia. El P. Álvaro Mauricio Fernández, C. M., Asesor Internacional de AIC, presidió la Eucaristía de la tercera jornada. Y el Cardenal-Arzobispo de Lyon, Mons. Philippe Barbarin, presidió la Eucaristía de clausura en la Parroquia de San Andrés donde estuvo de párroco, en el año 1617, Vicente de Paúl.

Las conferencias o reflexiones fueron el segundo eje. La primera conferencia tuvo lugar el domingo día 12. Estuvo a cargo del P. Celestino Fernández, C. M., Asesor Nacional de AIC-España. Versó sobre “Vicente de Paúl, un líder para nuestro tiempo”. La segunda trató sobre “Santa Luisa de Marillac y la caridad”, y fue impartida por Sor Pilar Caycho, una Hija de la Caridad peruana. La tercera fue pronunciada por el P. Álvaro Mauricio Fernández, C. M. sobre “La encíclica Laudato Si y el cuidado de la creación como una nueva obra de misericordia”. Estas conferencias fueron completadas con unos sencillos talleres de reflexión y de experiencias que trataron de llevar a cabo casi todos los participantes.

El tercer eje estuvo teñido de recuerdos emotivos. Porque se trató de la “historia de la AIC” narrada por las antiguas Presidentas Internacionales. Cada una de ellas aportó su memoria,  narró sus luces y sombras, contagió su profundo amor a la AIC y evidenció su convencida espiritualidad vicenciana.

Esta Asamblea Internacional también tuvo, lógicamente, una dimensión estatutaria. Es decir, hubo elecciones para los cargos de máxima responsabilidad. Y este fue el cuarto eje, donde fue reelegida la Presidenta Internacional, Alicia Dunhe, mexicana. Y de las ocho que forman el Consejo Directivo, fueron reelegidas seis, y elegidas, dos (una de ellas, la española Milagros Galisteo).

El quinto eje estuvo cargado de gran simbolismo y significado histórico, aunque fuera muy breve y sin la solemnidad de otros actos. Fue la entrega, a las Presidentas Nacionales, del nuevo “Documento de identidad de la AIC”. Este Documento sustituye, a partir de ahora, al que ha estado rigiendo, durante 36 años, en la AIC: el llamado Documento de Base titulado “Contra las pobrezas, actuar juntos”.

Por supuesto, no faltó la dimensión lúdica y festiva. El último día por la noche, el broche final lo puso una representación de los distintos folklores de todos los países allí representados. No se trató de ganar el “óscar” de oro o de plata. Se trató de estrechar los lazos de la fraternidad, de la solidaridad, de la comunión y de la pertenencia a una Asociación experta en caridad efectiva y en humanidad verdadera. No es necesario subrayar que este sexto eje de la Asamblea Internacional de AIC fue tan importante como los anteriores.

Tampoco faltó el aspecto de “visita y conocimiento histórico-vicenciano”. Hubiera sido un pecado gravísimo estar en la cuna de la AIC y no dedicar un tiempo amplio para empaparse de historia vicenciana. Este fue el séptimo eje. El programa lo etiquetaba como “peregrinación por Châtillon”. Y así, toda la tarde de la segunda jornada se dedicó al recorrido pausado, por grupos lingüísticos, de los lugares del pueblo relacionados con las Cofradías de la Caridad y con Vicente de Paúl: la iglesia parroquial de San Andrés, la casa donde vivió Vicente de Paúl (actualmente habitada por una Comunidad de Hijas de la Caridad), la plaza de San Vicente de Paúl con su estatua conmemorativa, el castillo, la antigua puerta de entrada a la villa, el mercado cercano a la iglesia, el antiguo Hospital donde Vicente de Paúl reunió al primer grupo de señoras que formarían la primera Cofradía de la Caridad, la capilla de dicho Hospital, el vestíbulo del Ayuntamiento donde se puede contemplar un cuadro del siglo XIX que representa la fundación de la Cofradía de Châtillon, y que el Emperador Napoleón III regaló al pueblo de Châtillon-les-Dombes…

En definitiva, esta Asamblea Internacional ha sido muy especial por todo lo que se ha celebrado y quedará grabada en caracteres de esperanza para la historia de la AIC. No en vano, todo lo vivido y experimentado durante esos cuatro históricos días queda sintetizado en el lema que presidió el acontecimiento: “400 años con San Vicente caminando hacia el futuro en nuestra casa común”.

Autor: Celestino Fernández, C. M.
Fuente: misionerospaules.org

 

 

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