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Carta de Cuaresma de Tomaž Mavrič, CM, Superior General

“El misterio de la Santísima Trinidad”: este es el tema que nos propone el P. Tomaž Mavrič, CM, para el tiempo de Cuaresma, en una carta dirigida a toda la Familia Vicenciana, que a continuación reproducimos.

Después del texto encontrarás enlaces para descargarla en varios idiomas.

Roma, 22 de febrero de 2017

A todos los miembros de la Familia vicenciana

Queridos hermanos y hermanas,

¡La gracia y la paz de Jesús estén siempre con nosotros!

Al comenzar de esta carta, quisiera aprovechar la ocasión para darles las gracias de todo corazón a cada uno de ustedes por las numerosas felicitaciones de Navidad y de Año Nuevo que he recibido por correo, e-mail o por los diferentes medios de comunicación social. Admiro su testimonio y su servicio heroicos en momentos difíciles y en regiones alejadas del globo terrestre. Mi corazón está con cada uno de ustedes, acompañándoles todos los días con mis pensamientos y mis oraciones.

¡El tiempo de Cuaresma está muy cerca!

En mi carta de Adviento, medité sobre “la Encarnación” como uno de los principales misterios de la espiritualidad de san Vicente de Paúl. En la carta de Cuaresma de este año, quisiera reflexionar con ustedes sobre el misterio de la “Santísima Trinidad” como otro de los principales misterios de la espiritualidad de san Vicente.

San Vicente escribe en las Reglas comunes de la Congregación de la Misión:

Por la bula de fundación de nuestra Congregación debemos venerar de manera especial, los misterios inefables de la Santísima Trinidad y de la Encarnación. Debemos hacer esto con el mayor cuidado y de todas las maneras posibles, y en particular de estas tres: 1.ª haciendo a menudo y de corazón actos de fe y de religión acerca de estos misterios; 2.ª ofreciendo cada día en su honor algunas oraciones y obras buenas, y sobre todo celebrando sus fiestas con solemnidad y con la mayor devoción posibles; 3.ª trabajando con diligencia con la palabra y con el ejemplo por esparcir en las almas de las gentes el conocimiento, el honor y el culto a estos misterios. (Reglas Comunes X, 2).

En las Constituciones de la Congregación de la Misión, podemos leer:

“Como testigos y mensajeros del amor de Dios debemos rendir veneración y culto peculiar a los misterios de la Trinidad y de la Encarnación” (Constituciones IV, 9).

¿Cuál es el mensaje de la Santísima Trinidad para mí personalmente, para la comunidad en la que vivo, la Congregación o el grupo al que pertenezco, para mi familia, para las personas a quienes Jesús me envía a servir?

Jesús nos ayuda a comprender la Santísima Trinidad: la identidad, la misión y el designio del Padre, del Hijo y del Santo Espíritu. Jesús nos ayuda a comprender la relación que existe entre las tres Personas, el vínculo íntimo que las une, y la influencia de la Trinidad sobre cada persona individualmente, así como sobre la sociedad en su conjunto.

A medida que descubrimos y desarrollamos, con la gracia de Dios, un vínculo indisoluble entre la Trinidad y cada persona, entre la Trinidad y la comunidad, entre la Trinidad y la humanidad, nos acercamos cada vez más al modelo perfecto de “relaciones” que son los componentes fundamentales de nuestras vidas. No hemos sido creados como islas, separadas las unas de las otras, sino como seres sociales y como familia, de tal forma que, en la profundidad de nuestro ser, somos uno con Dios, es decir con la Trinidad y entre nosotros.

La Trinidad sigue siendo un misterio para nosotros. Jesús nos ha transmitido lo que sabemos sobre el Padre, el Hijo y el Espíritu. Jesús nos ha presentado la Trinidad como el modelo perfecto de “relaciones”.

Nuestra reflexión sobre la Trinidad debe estar acompañada por la voluntad y el objetivo de encarnar este modelo perfecto de “relaciones” en la situación de vida concreta en la que me encuentro, en la comunidad en la que vivo, en la Congregación o el grupo al que pertenezco, en mi familia, con las personas a quienes Jesús me envía para servirlas.

La Santísima Trinidad es el modelo perfecto de “relaciones”, Jesús nos muestra el ideal.

La relación recíproca entre el Padre y el Hijo.
La relación recíproca entre el Padre y el Espíritu.
La relación recíproca entre el Hijo y el Espíritu.
La relación Padre, Hijo y Espíritu.

¿Qué podemos ver en esas “relaciones”?

  1. Podemos ver que la atención siempre está dirigida hacia la otra persona y no sobre uno mismo.
  2. Podemos ver que siempre se concede la prioridad al otro y no a uno mismo.
  3. Podemos ver que la alabanza, el agradecimiento, la admiración siempre se ofrecen a la otra persona y no a uno mismo.
  4. Podemos ver que cada una de las tres Personas de la Trinidad expresa siempre la necesidad de colaboración con las otras para cumplir su misión.
  5. Podemos ver que cada una de las tres Personas de la Trinidad expresa siempre claramente que sería insuficiente e ineficaz para cada una de ellas actuar solo.

¿Qué me dice el modelo de las relaciones en el seno de la Trinidad sobre mi propia vida?:

  • mi relación con Dios,
  • mi relación con la comunidad,
  • mi relación con mi familia,
  • mi relación con aquellos a los que Jesús me envía a servir?

Porque no somos islas, sino que pertenecemos a la familia humana, las “relaciones” son una parte inseparable de nuestra misión. El modelo ideal de la Trinidad que Jesús nos ha dejado es el modelo a seguir.

San Vicente de Paúl hizo del modelo ideal de la Santísima Trinidad uno de los fundamentos de su espiritualidad. En este tiempo de Cuaresma, estamos invitados a avanzar para acercarnos al modelo perfecto de “relaciones” que Jesús nos presenta.

Si cada uno de nosotros da la prioridad al otro, le antepone a sí mismo, antes que a sus propios deseos, antes que a sus propios intereses, antes que a sus propias aspiraciones personales; si cada uno presta atención al otro, comparte tiempo, pensamientos, experiencias, dificultades, dudas, sufrimientos, alegrías, etc… siguiendo el modelo perfecto de “relaciones de la Trinidad”, entonces alguien hará lo mismo por cada uno de nosotros. Así tomará forma un conjunto maravilloso y milagroso de relaciones donde, juntos, realizaremos la misión confiada por Jesús de la mejor manera y lo más eficazmente posible.

Para ayudarnos a meditar sobre este modelo perfecto de “relaciones”, vamos a utilizar otros dos pasajes de san Vicente sobre la Trinidad, así como una breve reflexión del Padre Getúlio Mota Grossi, CM :

“Mantengámonos en este espíritu, si queremos tener en nosotros la imagen de la adorable Trinidad, si queremos tener una santa unión con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo. ¿Qué es lo que forma esa unidad y esa intimidad en Dios sino la igualdad y la distinción de las tres personas? ¿Y qué es lo que constituye su amor, más que esa semejanza? Si el amor no existiese entre ellos, ¿habría en ellos algo amable?, dice el bienaventurado obispo de Ginebra. Por tanto, en la Santísima Trinidad se da la uniformidad ; lo que el Padre quiere, lo quiere el Hijo ; lo que hace el Espíritu Santo, lo hacen el Padre y el Hijo ; todos obran lo mismo ; no tienen más que un mismo poder y una misma operación. Allí está el origen de nuestra perfección y el modelo de nuestra vida. Hagámonos uniformes; seamos todos como si no fuéramos más que uno y tengamos la santa unión en medio de la pluralidad. Si ya la tenemos un poco, pero no bastante, pidámosle a Dios lo que nos falta y veamos en qué diferimos unos de otros para procurar parecernos todos y conseguir la igualdad; pues la semejanza y la igualdad engendran el amor, y el amor tiende a la unidad. Por tanto, procuremos tener todos las mismas aficiones y los mismos gustos por las cosas que se hacen o no se hacen entre nosotros” (Conferencia 129 del 23 de mayo de 1659 Sobre la uniformidad, SVP XI/4, 548-549).

“Vivan todas unidas, sin tener más que un solo corazón y una sola alma (cf. Hechos de los apóstoles 4,32), a fin de que por esta unión de espíritu sean una verdadera imagen de la unidad de Dios, ya que su número representa a las tres personas de la Santísima Trinidad. Le pido para ello al Espíritu Santo, que es la unión del Padre y del Hijo, que sea igualmente la de ustedes, que les dé una profunda paz en medio de las contradicciones y de las dificultades, que necesariamente tendrán que existir alrededor de los pobres; pero acuérdense también de que allí es donde está su cruz, con la que Nuestro Señor las llama a él y a su descanso. Todo el mundo aprecia mucho el trabajo que realizan y las personas de bien no ven en la tierra ninguno que sea tan digno de veneración y tan santo, cuando se hace con devoción” (Carta del 30 de julio de 1651 a Sor Ana Hardemont, en Hennebont, SVP IV, 228-229).

La devoción de San Vicente a la Trinidad no fue una ocupación intelectual sino una búsqueda de su corazón. Le llevó y nos lleva, en cuanto Congregación que aún vive el carisma del Fundador, a una doble vivencia:

a) A imitar las relaciones mutuas de las tres personas. “Como Iglesia y en la Iglesia, la Congregación descubre en la Trinidad el principio supremo de su acción y de su vida” (Constituciones II, 20). Llamada a ser imagen de la Trinidad, Dios-Amor misericordioso y compasivo (cf. Conferencia 76 del 6 de agosto [1656] Sobre el Espíritu de Compasión y de Misericordia, SVP XI/3, 233), Dios de los Pobres, los últimos, los más débiles, a quienes somos destinados por nuestro carisma. Esto vale para nosotros, para las Hijas de la Caridad y para toda la Familia Vicenciana.

Llamados a la unión en el amor, la unidad en la pluralidad, la comunión de vida, la unión en la diversidad de dones; animados por el Espíritu Santo, enviados, como Jesús, a la caridad misionera, evangelizadora de los Pobres, carisma inspirado por el Espíritu a San Vicente, donado a la Compañía y heredado por nosotros; somos desafiados a la fidelidad creativa al carisma del seguimiento de Jesús evangelizador de los Pobres.

b) Entonces, nuestra devoción a la Trinidad, como la de San Vicente, debe estar ligada a la Misión (cf. Conferencia 41 del 23 de mayo de 1655, Repetición de la Oración, SVP XI/3, 104-106), al anuncio del misterio del amor de Dios a los Pobres, para salvarlos (cf. ibid., 105). El Verbo se encarnó, enviado por el amor del Padre (cf. Jn 3, 16), concebido bajo la sombra del Espíritu Santo (Lc 1, 35), en el seno de María, y ungido por el mismo Espíritu para llevar la Buena Noticia a los Pobres. En el Verbo Encarnado, presente en los Pobres, San Vicente vio la más perfecta manifestación del amor de Dios (cf. Jn 3, 16; 14, 9), el amor privilegiado de Dios uno y trino a los últimos de este mundo. (Getúlio Mota Grossi, CM)

Celebramos el 400º aniversario del carisma de san Vicente de Paúl. Que este año jubilar nos conceda frutos en abundancia. Con una confianza total en la Providencia, por la intercesión de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, de san Vicente de Paúl y de todos los santos y beatos de la Familia vicenciana, prosigamos el camino interior hacia nosotros mismos, y exterior hacia nuestras comunidades, nuestra familia y las personas que Jesús nos envía a servir, hacia los que quizás aún no conocen el carisma o hacia esos lugares en los que el carisma aún no se ha enraizado.

Espero y rezo para que las celebraciones de la Semana Santa, de Pascua y del tiempo pascual de este año, aporten un aumento de alegría y de sentido para cada uno de nosotros y para nuestra misión, mientras que meditamos sobre la Trinidad y caminamos hacia el modelo perfecto de “relaciones”.

¡Continuemos rezando los unos por los otros!

Su hermano en san Vicente,

Tomaž Mavrič, CM
Superior general

Presentación basada en esta carta:

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