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Carta Superior General, Cuaresma 2012

 Cuaresma 2012 

“Nos has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en ti” San Agustín de Hipona

A todos los miembros de la Familia vicenciana

 Queridos Hermanos y Hermanas,

¡Que la gracia y la paz de Nuestro Señor Jesucristo llenen sus corazones ahora y siempre!

Vivimos en un mundo lleno de agitación. Las exigencias de la vida se nos imponen con un ritmo rápido y trepidante. Somos un pueblo cansado de vivir debido a las realidades de guerra, pobreza, terrorismo, disturbios políticos, catástrofes económicas y ecológicas. Nuestros sentimientos nos recuerdan los del salmista: “¿Hasta cuándo, Señor, hasta cuándo me esconderás tu rostro?” (Salmo 13, 2).

En medio de estos desafíos, la Iglesia nos ofrece un precioso regalo: el tiempo de Cuaresma. Este es un espacio sagrado, un tiempo que nos invita a pararnos, a apartarnos de la rutina diaria para ahondar, más intensamente, en la historia de nuestra salvación en Jesús: su vida, su pasión y su resurrección. Más sencillamente, la Cuaresma es un período sabático para el alma.

Como personas elegidas por Cristo, llamadas a vivir el carisma de San Vicente de Paúl, la Cuaresma puede ayudarnos a vivir mejor nuestra fe católica al estilo vicenciano. Como Vicente, nuestra identidad se enraíza en Cristo. Una de las lecturas del primer domingo de Cuaresma nos dice que Jesús “sufrió su pasión, de una vez para siempre, por los pecados, el justo por los injustos para conducirnos a Dios” (1ª Pedro 3, 18). Estos cuarenta días de Cuaresma no son sólo un tiempo de oración, de penitencia y de limosna, sino también un tiempo para la reflexión, la relación y la acción.

Un tiempo para la reflexión

Los Evangelios de los domingos de Cuaresma nos ofrecen materia suficiente para la reflexión, porque nos revelan la persona y el poder de Jesús. Se percibe a Jesús como un místico que regresa del desierto, el Mesías transfigurado delante de los apóstoles, un profeta impulsado a denunciar la injusticia en el recinto del templo, un maestro lleno de sabiduría que desea dialogar con un Fariseo,  y un siervo sufriente, dispuesto a dar gloria a Dios abrazando su Pasión. En estos Evangelios y en las lecturas de la Eucaristía de cada día durante esta Cuaresma, se encuentran los relatos del amor y de la misericordia de Dios hacia Israel, así como las palabras y las acciones de Jesús que proclaman el Reino de Dios.

Orando con las lecturas de Cuaresma y participando en la Eucaristía, nos abrimos a la gran misericordia de Dios, manifestada en la vida, la muerte y la resurrección de Jesús. Es la actitud diligente de Vicente de Paúl por meditar la vida y las enseñanzas de Jesús y su entusiasmo por integrarlas en su propia vida, lo que hicieron de él un “místico de la caridad”. Vicente imbuido por el deseo de servir a los pobres,  animó y responsabilizó a otras personas a hacer lo mismo. Pero lo que nutría su alma inquieta, no eran las ideas ni los resultados, sino un espíritu y un corazón inclinado a la reflexión y a la contemplación:

No podemos asegurar mejor nuestra felicidad eterna que viviendo y muriendo en el servicio de los pobres, en los brazos de la Providencia y en una renuncia actual a nosotros mismos, para seguir a Jesucristo” (San Vicente,  SV III, p. 359 Carta 1129 a Jean Barreau del 4 de diciembre de 1648)

La conversión personal de Vicente, que le llevó a asimilar las enseñanzas de Jesús y a fundar comunidades y organizaciones para servir a los pobres, fueron el fruto de una vida consagrada a la oración y a la reflexión. Dedicandotiempo a la reflexión, somos como los antiguos griegos que manifestaron al apóstol Felipe: “Señor, queremos ver a Jesús” (Jn 12, 21).  Y la vida de Vicente nos enseña que Dios nunca rechaza una invitación para comunicarse con nosotros. La Cuaresma es el tiempo que se nos concede para actuar así.

Un tiempo para la relación

El fruto del tiempo dedicado a la reflexión y a la oración  es una relación más profunda con Dios, con uno mismo, con nuestro prójimo y con los pobres. En un mundo agitado, marcado por la discordia y la división, la Cuaresma nos ayuda a profundizar en nuestra condición de seguidores de Cristo y en cómo vivir mejor nuestro carisma vicenciano. Podemos aprender mucho de Vicente, cuyo talento para crear lazos de unión entre las personas con miras al bien común perdura todavía hoy. Los Evangelios de Cuaresma presentan a Jesús como el que realiza siempre con fervor la voluntad del Padre. Por su oración y su pasión, Jesús está siempre unido a Dios.

Hace algunos años, un anuncio popular en los Estados Unidos, utilizaba como eslogan “Todos estamos interrelacionados”. En la actual era digital, esta frase es todavía más adecuada. Nuestra fe y nuestro carisma nos invitan a unirnos para practicar los mandamientos de Jesús, amar a Dios y servir a nuestro prójimo con más generosidad.  La Cuaresma nos invita a reconocer con mayor claridad la presencia de Cristo sufriente en nuestro mundo, para que podamos comprender la miseria de los pobres y ser Cristo para ellos.

Como Superior general, tengo el privilegio de visitar la Familia vicentina en todo el mundo y dar testimonio de cómo nuestro carisma identifica a los pobres con Cristo. Permítanme compartirles dos de estos encuentros. Se trata de dos servicios coordinados por las Hijas de la Caridad que se ocupan de niños indefensos y en riesgo, que viven pobremente.

Durante una visita a Haití para ver como se desarrolla nuestro Proyecto Zafen, visité una escuela que las Hijas de la Caridad han abierto para responder a la miseria de los niños Restavek. Es una situación verdaderamente trágica: entre 175.000 a 300.000 de estos niños proceden de familias que no pueden hacerse cargo de ellos y los envían a trabajar como “sirvientes  del  hogar”  para  miembros de su familia, conocidos u otras familias haitianas. Se les llama los  “Restaveks” (del Criollo “quedarse con…”). Su ritmo de vida no conoce el descanso;  no forman parte  “de” la familia a la que sirven. Con frecuencia maltratados y víctimas de abusos, los Restaveks  no pueden estar escolarizados y carecen de alimentos, ropa y cuidados.  En la escuela de los Restaveks, dirigida por las Hijas de la Caridad, se les enseña a leer y escribir, se les alimenta y son tratados con una atención, respeto y dignidad que nunca han conocido. Para informarse sobre los niños Restaveks, pueden visitar el sitio Web: http://www.restavekfreedom.org.

En Ghana, como en numerosos países en vías de desarrollo, la explotación de los niños está siempre presente. En Kumasi, la segunda ciudad más importante del país, numerosos niños sin hogar viven en la calle y sobreviven gracias a la mendicidad y al trabajo de la jornada. Muchosde estos niños, a menudo golpeados y maltratados, se convierten en victimas del tráfico de personas. Las Hijas de la Caridad con el Arzobispo de Kumasi, han fundado el “Proyecto de los niños de la calle”, un centro de acogida diurno que les brinda un respiro frente a los peligros de la calle. Aestos niños se les ofrece un lugar para descansar (aunque no sea más que un sitio en el suelo), con la posibilidad de utilizar los aseos, lavar su ropa, seguir cursos de alfabetización, beneficiarse de un acompañamiento y otras posibilidades. Es un lugar tranquilo en medio de la dureza de una vida de explotación. Para más información sobre esta obra, pueden visitar el sitio Web: http://www.streetchildrenprojectksi.org

Creo que estarán de acuerdo conmigo en que estas dos obras vicencianas hubieran sido queridas por san Vicente y santa Luisa, y se habrían sentido cercanos a ellas. Representan un maravilloso ejemplo de los esfuerzos realizados en el mismo lugar de los hechos, para responder conla Buena Noticiade Jesús al clamor de los pobres y de los olvidados. La Cuaresma es un tiempo, no sólo para meditar sobre la vida de Jesús, sino para relacionarse más con los pobres de Dios y actuar en su nombre.

Un tiempo para la acción

“¿Qué debemos hacer?” Esta fue la pregunta que la Señora de Gondi hizo a Vicente en 1617 cuando los dos fueron testigos de la miseria espiritual de los campesinos de su extensa propiedad familiar. La respuesta de Vicente a esta pregunta prosigue en el mundo actual, a través de los sacerdotes, hermanos, hermanas y laicos que constituyen el corazón vivo de la Familia vicentina. Nuestra realidad mundial tiene un alcance mucho mayor quela que Vicentey Luisa jamás pudieron imaginar.

Pero el tiempo de Cuaresma nos recuerda que Cristo sufriente en su pasión está presente en nuestro mundo bajo innumerables formas. Como discípulos de Jesús, nuestra tarea consiste en actuar en su nombre: “Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25, 40). Como depositarios del carisma vicenciano, nos corresponde la tarea, tanto a titulo personal como colectivamente, de responder con amor y a través del servicio. Aunque estemos sobrecargados de trabajo, permítanme que les sugiera otro tipo de acción.

Durante nuestra reciente Asamblea general, la Congregación de la Misión adoptó un plan estratégico quinquenal con unos objetivos anuales para vivir más plenamente nuestra vocación y el carisma de la Familia vicentina. El objetivo en el que centramos nuestra atención este año es “el cambio sistémico”, que definimos como el hecho de trabajar, no sólo por mejorar las condiciones de vida de los pobres sino por cambiar las estructuras de la sociedad que engendran la pobreza.

Para animar a nuestros cohermanos a integrar el cambio sistémico en sus provincias y apostolados,  se han sugerido estrategias. Si algunas son específicas de la comunidad de Lazaristas, voy a compartir con ustedes las que, me parece, pueden ser utilizadas por todas las ramas de la Familia vicenciana:

 

  • Favorecer las actividades que promueven cambios sistémicos en la sociedad, desarrollan el autogobierno local, la formación de grupos auto-ayuda y programas de micro-créditos locales.
  • Ofrecer asistencia jurídica para la defensa de los pobres y la promoción de la justicia;
  • Crear programas que se opongan a la trata de personas y aseguren la promoción de la vida, el acceso universal a la ayuda social, el cuidado del entorno, la dignidad de las mujeres y de los niños, los derechos de los emigrantes y la participación ciudadana.

 Estas estrategias del “cambio sistémico” extraídas del plan de la Congregación, les ofrecen   una gran diversidad de ideas para actuar. El cambio sistémico es un objetivo importante para la Familia vicenciana. Creo que todos podemos encontrar los medios para adaptarlo a nuestras obras y formar a los demás en este aspecto.

Durante la Cuaresma y a lo largo de este año, tenemos la oportunidad de crecer en la fe meditando la Palabra de Dios y participando en la Eucaristía, que hace más profunda nuestra comunión con los pobres. Esta es una tarea que nos puede sobrecoger pero como miembros de la Familia vicenciana, nuestra “mística de la caridad” nos inspira y nos lleva a recordar a quién servimos y  por qué.

  
  
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