Congreso de la Familia Vicenciana en España
En los días 5-7 de marzo de 2010 se celebró en Madrid, un Congreso de la Familia Vicenciana en España, con ocasión del 350 aniversario de la muerte de San Vicente y de Santa Luisa. Famvin felicita a la Familia Vicenciana de España por la buena organización, brillante celebración y esperanzadores frutos del Congreso. Sor Rosa Mendoza, Hija de la Caridad de la Provincia de Barcelona, nos hace aquí partícipes de su reflexión sobre este Congreso.
La Web de la Provincia de la C.M. en Madrid, publica abundante información con profusión de fotografías.
CREO EN EL CONGRESO
Congreso de la Familia Vicenciana en España
El Congreso de la Familia Vicenciana, celebrado en Madrid durante los días 5, 6 y 7 de Marzo del 2010, se abría con estas palabras: “Estamos ante un encuentro fraterno, no de altos vuelos”. La coordinadora aludía a la sencillez con que se ha gestado y al talante de fraternidad en el que había de desarrollarse. Eso estuvo bien pero… Después de los saludos rituales llegó Luis González de Carvajal para decirnos que había que creer a Dios (credere Deo) y creer en Dios (credere in Deum). Metidos en los latines, hubo que “alzar el vuelo” para ponernos en sintonía con la fe de Vicente de Paúl; fe que, pasando por una noche oscura, alcanzó el grado al que Jesús apuntaba cuando decía aquello de que “la fe traslada montañas”. Mucho se dijo de Vicente, todo sabido y resabido, para llegar a la conclusión de que “las noches oscuras dejan de serlo cuando, alzando la mirada, es decir, el vuelo, se encuentra a Dios en los pobres.
El 350 aniversario de la muerte de San Vicente y Santa Luisa ha sido un argumento oportuno para que la Familia Vicenciana planteara un congreso hablara, una vez más, de ellos y se metiera en la entraña de las motivaciones profundas que les movieron a obrar. Cada Ponencia o Comunicación, como algo que surgiera de un consenso, llevaba a una conclusión: sólo será posible apuntar a cambios sistémicos desde una profunda espiritualidad Vicenciana, enraizada en Cristo y, como diría el Superior General, con un corazón apasionado y lleno de misericordia.
Considero que el Congreso estuvo bien. Las publicaciones que salgan a la luz nos darán motivos para una reflexión serena, que nos animará a querer, cada día más, el Carisma en el cual hemos sido engendrados como familia.
Tengo fe en esta asamblea de la Familia Vicenciana porque
CREO en el Congreso que aburre por repetitivo. El aburrimiento puede ser un síntoma claro de superficialidad; de que “lo muy sabido” pasa levemente por nuestro ser sin levantar pasiones. El día que nos desperece lo “mil veces oído”, es que ha llegado a ser algo nuevo… y eso ya es mejor. Si en algún momento pareció aburrido el Congreso es para tomar nota y enhebrar la aguja.
CREO en el Congreso que reza y reivindica la plegaria como fuente de gozo espiritual, sin la cual no es posible la entrega. La misión de la Familia es clara: “hacer lo que el Hijo de Dios vino a hacer en la tierra”. No se puede afrontar esta obra sin anclajes… la dejaríamos a medias y en mal estado. La relación con Dios no ha de ser sólo de creencia en unos principios… es la experiencia filial, inexplicable a menudo, pero visible por sus efectos. La caridad es amor recibido y ofrecido – nos decía Mons. Francisco Pérez, Arzobispo de Pamplona- .
CREO en el Congreso donde se habla el mismo idioma: “el de la diaconía”; el mismo que usaba Jesús cuando decía: “no he venido a ser servido si no a servir”. Cuando ayudar a los demás ocupa la mente y el corazón, se hace fácil el entendimiento… el vocabulario se unifica y el diálogo se hace más fácil. Y la familia Vicenciana ha de dialogar para alentar un servicio que sea creíble a los ojos de Dios y ante los hombres.
CREO el Congreso que llama “afluentes de un mismo río” a los que, fijando los ojos en Vicente y Luisa optaron por seguir sus intuiciones. Y es bueno que el río lleve caudal y sepa donde va a desembocar – nos decía el Padre General – porque si el fin está bien definido, los medios harán causa común.
CREO en el Congreso que insta a buscar las raíces de la marginación en comunión con los pobres; que invita, insiste y urge a una “misión compartida”, a discernir por donde atacar con más eficacia el mal que aflige a tantos seres humanos. A misión tan ardua no se puede ir en solitario… “la unión hace la fuerza”, decimos… y nunca fue tan verdad como en estos momentos en los que las crisis se acumulan antes nuestros ojos. “Dios nos empuja, Él está ahí; si arrimamos el hombro, todo irá saliendo”, nos decía con brío el joven representante de Misevi.
CREO en el Congreso que no olvida sus raíces, que pone ante nuestros ojos a los muchos Vicentes y Luisas que nos han precedido en la tarea. Nos gusta saber que con ellos vamos tejiendo la historia de la Familia; somos parte integrante de los hilos de la trama que, con matices diferentes, han ido dando color al lienzo: Antonio Portail, Margarita Naseau, Manuela Lecina, Felipa Salarich, Ozanan, etc.
CREO en el Congreso que reivindica la Pastoral en las escuelas; que supo poner la nota limpia de unos coros, proclamando las virtudes de Vicente y Luisa. El canto enardece, catequiza, crea un poso en las almas que sólo Dios sabe hasta donde puede dinamizar y crear actitudes en los educandos. Si, es otra de las urgencias… descuidarla es truncar la voluntad de Dios que nos llama a ser evangelizadores. Unos plantan, otros riegan… y Dios dará el fruto a su tiempo. Toda familia está llamada a educar y a auto-educarse; la Vicenciana no es una excepción…
CREO en el Congreso que olvidó, ¡que no por descuido!, a la octava rama de la Familia Vicenciana. El mismo San Vicente vio como daba su vida en martirio el P. Juan Le Vacher en Túnez. Comenzaba con él una larga lista de Padres y Hermanas que ofrecieron sus vidas en el ejercicio de la caridad. Ellos son una rama vigorosa, cargada de frutos de vida y orgullo de nuestra Familia. Como diría San Vicente de Santa Luisa, “ellos son otros tantos cuadros a los que debemos mirar”. Su vida en Dios sigue operativa; tienen algo a decirnos porque fueron maestros en el Don.
CREO en el Congreso y en la capacidad de reacción de los que allí estuvimos. Éramos muchos, casi seiscientos…; el efecto multiplicador tendrá su resultado. El pretexto para semejante movida fueron ellos: Vicente y Luisa, muy bien escogidos por Dios para empujarnos a seguir haciendo “lo que su Hijo vino a hacer en la tierra”.
Rosa Mendoza
Hija de la Caridad
Provincia de Barcelona


13 marzo, 2010 








Felicidades por el Congreso de la Familia Vienciana en Madrid.
También nosotros CREEMOS, como los que asitieron al Congreso, en que hay muchas Luisas y muchos Vicentes a nuestro rededor, pero debemos verlos, debemos entenderlos, debemos unirnos sinérgicamente y juntos, como Iglesia,voluntarios y empobrecidos -que al final todos lo somos- construyamos el cuerpo de Cristo con nuestra acción solidaria y nuestra incondicional disponibilidad total hacia todos los “otros” que están también, esperando a quien les invite a correr hacia el encuentro de los que más sufren. Somos felices como vicencianos, pero somos mucho más como cristianos y vicencianos. Un abrazo fraterno desde Aguascalientes, México. Felices fiestas del Jubileo.