Más sobre el Terremoto en Honduras

El Visitador de la Provicia de Zaragoza, que en estos días se encuentra en Honduras, describe los desastres del terremoto de la noche del jueves 28 de mayo a las 2h 25 minutos de la mañana. El terremoto  afectó sobre todo a lo que es la Misión de los Padres de la Provincia de Zaragoza, y más en concreto las zonas de Puerto Cortés y Omoa.Hay también bastantes daños en algunas comunidades de la parroquia de Cuyamel, pero son menos cuantiosos. Comenzando por los daños que el terremoto causó en la zona de Cuyamel, los más significativos son los de la comunidad de Milla 3, cuya Iglesia quedó muy malparada, y los de la comunidad de Chachahuala, donde muchas casas de quedaron destrozadas. La Iglesia de Omoa, de considerable valor histórico, está seriamente dañada.

En Puerto Cortés los daños fueron cuantiosos y mucho más visibles: calles levantadas, cortes de agua y de alcantarillado, y muchas casas de familia destruidas. Por lo que se refiere a los daños en las estructuras de la Misión atendida por la Provincia de Zaragoza, hay muchas Iglesias de barrio dañadas en mayor o menor cuantía, pero todas con destrozos considerables. El daño más importante se refiere al templo del Sagrado Corazón, que es la sede principal de la Parroquia y que ha debido ser cerrado, porque amenazaba ruina. Habrá que reconstruirlo, y eso llevará mucho tiempo y bastante dinero.

En la casa anexa a esta Parroquia del Sagrado Corazón se encontraban dos seminaristas, un Hermano de la Provincia de Eslovaquia y los Padres José María Ibero y Carmelo Velloso. Los dos sufrieron golpes y un gran susto, pero nada que les impidiera seguir en pie, y ayudando a los damnificados.

El Padre Visitador y el Padre Superior, P. José Luis Induráin, no se encontraban en casa porque ese mismo día habían ido a Guatemala a visitar a Moisés, un seminarista Hondureño que estudia allí. Volvimos al día siguiente, justamente para contemplar la magnitud de la destrucción.

El Padre José María Ibero fue casi inmediatamente después de sentir el terremoto al Hogar de San Martín donde nuestras Hermanas cuidan de un asilo de ancianos, y de una comunidad de niños. Las Hermanas que los atienden: Sor Blanca Edith Flores, Sor Concepción Mendoza, Sor Teodora Sánchez y Sor María Mercedes Rodríguez, estaban bien, y sacaron a los niños y a los ancianos a la calle sin sufrir desgracias personales: el comportamiento de estas Hermanas fue ejemplar. En la casa habían caido dos tanque de agua que estaban en desuso, y los almacenes estaban en un gran desorden. Se dañaron muchas tuberías y tres bombas de agua. En esta comunidad había también un edificio de talleres para madres de familia que quedó totalmente dañado. Además de los almacenes que guardaban las cosas de los niños y de los ancianos, se dañaron los almacenes generales con grndes pérdidas económicas.

Las Hermanas están todas bien, y así mismo los niños y los ancianos, gracias a Dios.  En otra comunidad donde también se atienden a los niños de la calle, en la comunidad de San Ramón, la cuidadora que estaba de turno por la noche se armó de valentía y sacó a todos los niños, más pequeños, a la calle. Allí los encontraron el Padre José María Ibero y Sor María Mercedes, cuando fueron a buscarlos para prestarles ayuda. Tampoco esta vez hubo que lamentar desgracias personales, pero la comunidad de San Ramón ha quedado completamente destruída y casi sin posibildades de ser reparada: habrá que construirla de nueva planta.

La Congregación de la Misión ayuda también en la obra de una escuela de Formación Profesional, la escuela “Federico Ozanam”cuyos daños se están evaluando. Parece que será muy difcil que pueda seguir funcionando, y los costes de reparación se presumen altísimos.

Si hacemos un balance del terremoto, la primera cosa que extraña es la poca información que ha recibido el hecho del terremoto. Algunos medios de información lo achacan al hecho de que la OEA está reunida en San Pedro Sula, Capital Económica de la nación, situada en el Norte de Honduras.

A medida que vamos conociendo la realidad, damos infinitas gracias a Dios porque no hay que lamentar desgracias personales, pero al evaluar los daños causados por el terremoto, sentimos un sensación de impotencia, y de desánimo, porque hemos visto cómo ha desaparecido el trabajo de muchos años en pocos minutos. Las calles de Puerto Cortes son un ejemplo de desolación.

Le pedimos al Espíritu Santo que nos llene de sus dones para que podamos imitar a Jesús que tenía compasión de las muchedumbres, y para que podamos trabajar llenos de esperanza sin dejarnos vences por el desánimo.

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