Vocaciones de hoy. El P.Ricardo Sasso c.m.
Ordenado sacerdote por el obispo de Agnani y Alatri, ha celebrado su Primera Misa, el día de la Asunción: «He encontrado a Jesús Salvador: sólo en Él está la verdadera alegría» «Adios a la droga; vuelvo a vivir, ahora soy sacerdote» Después de haber vencido en su guerra contra la heroína, Ricardo Sasso ha llegado al sacerdocio. Todo comenzó cuando el joven llamó a la puerta de la Comunidad de Trevillano.«La dependencia manifiesta la pobreza radical del hombre. Allí podemos experimentar el amor de Dios»
Desde Trevillano (Frosinone) Augusto Cinelli
http://www.db.avvenire.it/avvenire/edizione_2007_08_19/articolo_782152.html”
Quien pasa por entre las colinas de la Ciociaria, entre Fiuggi y Alatri, probablemente no vea los tejados escondidos de Trivigliano, un pueblo que no llega a los 1.500 habitantes. Y sin embargo, precisamente aquí, ha sucedido una de esas cosas que escapan a las crónicas, pero que proyectan una luz nueva sobre la realidad. En la Comunidad de Recuperación «En diálogo», fundada hace dieciséis años por el sacerdote paúl, P.Mateo Tagliaferri para acoger a jóvenes toxicómanos, alcohólicos, personas con diversos desajustes sociales, ha habido fiesta grande. Ha sido ordenado sacerdote, Ricardo Sasso, un joven que ha vivido por años en esa misma comunidad, siguiendo el camino esforzado de la salida de la toxicodependencia, que ha querido después permanecer allí como cooperador y que seguirá allí ahora como sacerdote. Ha presidido el rito el obispo de Agnani-Alatri, Lorenza Loppa. Y en la solemnidad de la Asunción, el P. Ricardo, que el año pasado había emitido los votos en la congregación vicenciana (la C.M.), ha celebrado su Primera Eucaristía, rodeado de familiares y amigos, y también de los muchachos que residen en la casa y de aquellos que habiendo terminado el camino de recuperación, han vuelto a sus familias y a la sociedad. Hace unos diez años, Ricardo, romano y con el título de abogado en el bolsillo, llamaba a la puerta de este lugar pidiendo ayuda. Ha aceptado contarnos su historia con el estilo totalmente evangélico de quien intenta sacar a la luz los caminos insospechados de la gracia y testimoniar cómo Dios puede recomponer los desgarros de la desesperación, sirviéndose como en su caso de alguien que toma sobre sí el sufrimiento de los otros.
«Entré en la Comunidad, explica, en junio de 1997. Tenía 32 años y tenía que afrontar mi problema de dependencia de la heroína, un problema que venía arrastrándose por algunos años, a pesar de tener un buen trabajo. Un buen día me di cuenta de que tenía que elegir: continuar en aquella doble vida que me estaba arruinando, o dejarlo todo y buscar una ayuda de otro tipo. Fui acogido en la comunidad, por el responsable, P. Mateo Tagliaferro, con un gran respeto y amor.
¿Cómo ha dio mi camino en la comunidad?
El programa de recuperación ha sido serio y exigente, pero estando centrado sobre el conocimiento profundo y objetivo de uno mismo, ha sido capaz no sólo de comenzar a poner en tela de juicio mis errores, sino también de redescubrir una fe que había dejado de lado hace tantos años. Bien pronto me di cuenta de que en mi vida había estado buscando, aunque de modo equivocado, un plus de autenticidad en la vida, un sentido que hasta mi ingreso en la comunidad siempre se me había escapado.
¿Y qué ha sucedido para descubrir mi llamada al sacerdocio?
En 1999 terminaba mi programa de recuperación y decidí de repente no volver a mi ambiente laboral anterior, sino permanecer en la comunidad como cooperador. En el 2000, por el jubileo el entonces obispo de Anagni-Alatri, Francesco Lambíais, tomo la decisión, creo que inédita, de hacer la comunidad de Trivigliano, sede jubilar de la diócesis. En aquella ocasión tuve la oportunidad de acoger y acompañar más de 80 grupos que visitaron la comunidad. A través de aquella experiencia, comprendí mejor la acción de Dios en la recuperación de tantos jóvenes, incluida la mía, y comencé a darme cuenta de una llamada particular de parte de aquel Jesús a quien yo ya había experimentado como Salvador. Elegí comenzar el camino vocacional con la Congregación de la Misión porque había experimentado como pobre, quiero decir desde el punto de vista humano, el amor por los últimos, que es la herencia más profunda de nuestro fundador San Vicente de Paúl. Me di cuenta, por experiencia personal, que la dependencia manifiesta la pobreza radical del hombre y que en esta pobreza se nos concede experimentar el amor vivificante de Dios.
¿Cómo se desarrolla la llamada?
En los años de seminario, primero en Roma y después en el Colegio Alberoni de nuestra Congregación en Piacenza, siempre me ha acompañado la fuerza del amor de Dios. Sobre todo, los votos perpetuos, el 15 de marzo del 2006 y la ordenación diaconal, el 30 de septiembre del mismo años, de manos del entonces obispo de Piacenza-Bobbio, Luciano Monari, han sido otras tantas ocasiones de encuentro con Jesús Salvador. También me ha marcado mucho la experiencia de voluntariado en la Casa Don Venturi, en Piacenza, para los enfermos de SIDA de la asociación «La ricerca de Don Giorgio Bosini»
¿Qué página comienza hoy?
Hoy vengo a desempeñar mi servicio justamente dentro de la Comunidad. Es como si Cristo me hubiese puesto de nuevo en el mismo lugar diez años después de mi ingreso como toxicodependiente. ¿Para que? Yo creo que para testimoniar el amor gratuito e inmenso de Dios que ha sido derramado sobreabundantemente sobre cada uno. Vengo a repetir a cada persona desesperada que la vida es posible, que la vida vence a la muerte y que sólo el amor puede curar las heridas de tantas personas. Quiero reforzar en los jóvenes la conciencia de que la fuerza que devuelve la alegría de vivir es el amor gratuito de Dios. Hoy mi corazón abarca a todos aquellos que se encuentran en nuestros quince centros en Italia y los que hay fuera de Italia, y siento también la presencia amorosa de tantos jóvenes que han vivido en la Comunidad y han muerto por diversas enfermedades, pero siempre con gran confianza en el abrazo final del Señor que les esperaba. También ellos me han acogido en mi ministerio. Como ha dicho el obispo en el día de la ordenación. Con tu ministerio, querido Ricardo, podrás contribuir a reducir cada vez más la sombra de la muerte en torno a ti, dondequiera que el Señor te llame a trabajar.
Traducción de Jusuol


21 agosto, 2007 








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