Sus ídolos son de plata y oro (Sal. 115, 4)


La Natividad del Señor

Reflexión de Rosalino

En el New Jerome Biblical Commentary, dice el comentario sobre el evangelio de Lucas que en Lc. 2, 1-20 ya se presentan ocho temas que forman parte del tapiz tejido por el evangelista–alimento, gracia, alegría, humildad, paz, salvación, actualidad y universalidad. La llave que nos abre el significado del pasaje citado se encuentra, según el comentarista, en los versículos 11-14. Estos versículos constituyen la proclamación angélica a los pastores:

No temáis, os traigo una buena noticia,
una gran alegría para todo el pueblo:
hoy, en la ciudad de David, os ha nacido
un Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí
tenéis la señal: encontraréis un niño
envuelto en pañales y acostado en un
pesebre. …. Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz a los hombres que ama
el Señor.

Los temas de gracia, alegría, salvación, actualidad y universalidad se ven bien claro, a mi parecer, en la primera oración de la proclamación. La mención luego de «un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre», y cuyo nacimiento se anuncia a los pastores, hace referencia a los temas de humildad y alimentación: este niño, débil, cual otro niño, e indefenso y sujeto a los aprietos y limitaciones de la existencia humana, nacido en un lugar cualquiera, en un rincón sucio quizás y hediondo, debido a que sus padres no lograron tener sitio en la posada, se ofrece, sin embargo, como comida, pues, está en el pesebre donde se coloca el alimento para el ganado. El tema de paz obviamente se afirma en el loor angélico de «¡Gloria in excelsis Deo et in terra pax hominibus bonae voluntatis!».

Dicha proclamación angélica, me la sigo repitiendo con la esperanza de que me empape del verdadero espíritu de la Navidad. Es que fácilmente me distraigo y me dejo llevar por los elementos superficiales de esta temporada. Me dejo llevar por el consumismo que trata de tragárselo todo, incluso la Navidad (cf. el artículo de John F. Kavanaugh, S.J., en la revista America del 19 de diciembre de 2005). Así consumiendo y consumido, acabo festejando el 25 de diciembre por las luces artificiales y el resplandor de fantasía de las casas y los jardines, de las calles y los escaparates comerciales, sin diferenciarme realmente de los antiguos paganos romanos cuando celebraban el nacimiento del sol invicto. Dado a tal idolatría, quedo deshumanizado y despersonalizado y me vuelvo como mis ídolos, que tienen boca y no hablan, ojos y no ven, oídos y no oyen, nariz y no huelen, manos y no palpan, pies y no caminan, ni emiten algún sonido con su garganta (Sal. 115, 5-8).

Por repetir y escuchar la proclamación angélica, me muestro vivo por lo menos y capaz de ser, de acuerdo con el pensamiento de San Irineo, la gloria de Dios. Por conservar el mensaje angélico en mi corazón y meditarlo, imito a la Virgen María, modelo por excelencia de la fe, y espero llegar a la santidad que consiste principalmente –como lo reconoce el Padre Robert P. Maloney, C.M., en su artículo “The Historical Mary” en la antedicha revista America de la misma fecha– en escuchar persistente y fielmente la palabra de Dios y mantener la fidelidad en medio de la vida diaria no fácil. Dice el Padre Maloney a continuación:

Esto es lo que exemplifica la «María
histórica». Mientras los acontecimientos
se desarollaban alrededor de ella, con
sorpresa para ella frecuentemente, tuvo
que averiguar continuamente qué era lo que
le pedía Dios a ella. Buscó ella la
palabra de Dios en la gente y los
acontecimientos, escuchó aquella palabra,
la meditó, y luego actuó de acuerdo con
aquella palabra. Sin duda, repitió ella
una y otra vez lo que dijo a Gabriel:
«Hágase en mí según tu palabra» (Lc. 1, 38).
De día en día ella vivió una «peregrinación
de la fe», por usar las palabras del
Vaticano II.

Que comience hoy, ahora mismo, no tarde o temprano, mi propia peregrinación de la fe y me alimente de Jesús y me embeba del Espíritu, con que fue ungido por Dios el Evangelizador de los pobres, el Espíritu que espira e infunde gracia, alegría, humildad, paz, salvación y universalidad. ¡Ahora a dejarme ya de mis ídolos¡

¡Feliz Navidad!

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