Pobres, pero enriqueciendo a muchos (2 Cor. 8, 10)

El amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, amor infinitamente inventivo, convertirá los esfuerzos de nuestros brazos y el sudor de nuestra frente en hazañas maravillosas
Domingo XVIII del Tiempo Ordinario, Año A
El amor de Dios manifestado en Cristo Jesús –enseña san Pablo– nos asegura la invencibilidad en los momentos difíciles de la vida. Nuestra hambre y nuestra sed no nos apartan del amor de Cristo. Se convierten, más bien, en ocasión de dar de comer y beber a otros hambrientos y sedientos de cosas tanto materiales como espirituales.
No importa, pues, si somos pobres; les manda también Jesús a los que no traen nada o que tienen poco: «Dadles vosotros de comer». Sabrá multiplicar Jesús, a quien le da lástima la vista de gente afligida, lo que ofrecemos para que se pueda comer a plena satisfacción de todos y haya hasta comida de sobra. Ante la realidad del hambre, sed y pobreza, nos desafía Jesús que nos convirtamos, vaciándonos del egoísmo y llevando una vida sencilla que protesta contra tales condiciones o situaciones que conducen al hambre en la tierra –la cual es capaz, según los expertos, de producir alimentos de sobra para toda la humanidad– como las guerras, el desgobierno, el consumismo y la codicia insaciable y sin restricciones y sin conciencia que empuja a unos países ricos a sacrificar todo para enriquecerse cada vez más.
Y este corazón vacío y lo poco que traemos a la mesa común, los toma Jesús también y, mirando al cielo, los bendice y los parte y se los da a los discípulos para dárselos a la gente. De modo que lo que aportamos –¡maravilla de maravillas!– conduce a que se dé el banquete mesiánico profetizado por Isaías, «el sagrado banquete, en que Cristo es nuestra comida; se celebra el memorial de su pasión; el alma se llena de gracia, y se nos da la prenda de la gloria futura».
El amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, amor infinitamente inventivo, convertirá los esfuerzos de nuestros brazos y el sudor de nuestra frente en hazañas maravillosas, y el bocadito de pan, el trocito de carne, la tasa de sopa y la pastilla, ofrecidos a los pobres, en maná celestial que éstos necesitan también.


29 julio, 2005 








No hay comentarios aún... ¡Se el primero en dejar una respuesta!