Carta, saludo del Superior General

Primera carta del nuevo Superior General a todos los miembros de la Familia Vicenciana. Los misioneros podrán encontrar en www.famvin/cm/es una carta similar, dirigida a ellos.

Septiembre 11 de 2004

Fiesta de San Juan Gabriel Perboyre

A los miembros de las diferentes ramas de la Familia Vicentina

Queridos Hermanos y Hermanas,

¡La gracia y la paz de Nuestro Señor Jesucristo llene nuestros corazones ahora y siempre!

¡Reciban un saludo cordial! Primero que todo, quiero aprovechar esta oportunidad al principio de mi mandato para agradecer a todas ustedes el ofrecimiento de sus oraciones y el apoyo que me han manifestado a través de todos sus mensajes por carta, correo electrónico, etc. Solamente lamento no poder responder personalmente a cada uno de dichos mensajes. En estos primeros pocos días aquí en la Curia he dedicado varias horas a leer la correspondencia venida de muchos lugares del mundo. Lo anterior ha sido verdaderamente una experiencia que me ha hecho sentir pequeño y, al mismo tiempo, una inspiración para comenzar a tomar a fondo, con el corazón, esta responsabilidad de animador de la Familia Vicentina.

Quisiera compartir con ustedes un poco de lo que he hecho desde que comencé este nuevo oficio: la primera cosa era poder descansar un poco. Visité mi familia. Pasamos juntos en la playa.

Después de dos semanas de visita a la familia, el 15 de agosto regresé a Guatemala, donde fui calurosamente recibido en el aeropuerto por los cohermanos, un gran número de Hijas de la Caridad, y también por nuestro cohermano Obispo, Mons. Ríos Mont. Ésta fue también una experiencia que me hizo sentir pequeño. Fui a la Casa Provincial de Guatemala y tuvimos una oración en nuestra capilla, y después la comida compartida al ritmo de la música, con alegría y en ambiente de fiesta. ¡Fue un momento fabuloso!

El día siguiente viajé a la misión de Panamá, que visité con cohermanos, Hijas de la Caridad y miembros de la Familia Vicentina. Participé en la ordenación de un joven cohermano de la Provincia de América Central. Tuve el privilegio de celebrar con él su primera Misa. Él me pidió que hiciera la homilía. La primera lectura, del Profeta Isaías, hablaba de ser enviado para ser mensajero del Señor y de estar dispuesto a ir a lugares lejanos para que el nombre de Dios sea conocido en todas las naciones. ¡Palabras muy apropiadas para un misionero recién ordenado!

Después regresé de nuevo a Ciudad de Guatemala. Allí el Superior local había preparado varias actividades con los cohermanos, las Hijas de la Caridad y la Familia Vicentina. Tuve la oportunidad de compartir la Eucaristía, la comida y el diálogo con cada uno de estos grupos. Esto fue ciertamente edificante para mí, pero, al mismo tiempo, fue difícil. Durante los cinco años en que yo era Visitador de la Provincia de América Central, he conocido y amado profundamente a los cohermanos, las Hijas de la Caridad y los miembros de la Familia Vicentina. La despedida fue entre las lágrimas pero, al mismo tiempo, con la esperanza de que ellos continuarán trabajando juntos como Familia en la evangelización de los pobres.

Desde que llegué a Roma, he tenido la oportunidad de reflexionar y de proponerme algunas metas. Lo que deseo además compartir en esta Circular es, primero que todo, que quisiera tomar seriamente mi responsabilidad como animador del carisma vicentino. Espero poder visitar los cohermanos, las Hijas de la Caridad y la Familia Vicentina a lo largo y ancho del mundo. Quiero dedicar tiempo a los jóvenes de las diferentes ramas de la Familia Vicentina. Me gustaría visitar las obras que la Familia tiene con los más pobres entre los pobres. Ellos son nuestro orgullo y nuestra alegría, “un tesoro escondido en el campo”. Es con ellos con quienes nosotros en realidad podemos vivir más profundamente nuestro carisma, siendo fieles en el seguimiento de Jesucristo, evangelizador de los pobres.

En mis visitas no quiero hablar mucho. Deseo escuchar lo que quieran decir. Considero como uno de los desafíos más grandes que tenemos ante nosotros, aprender a trabajar juntos como Familia para el bien de los pobres, por su evangelización. Mientras respetamos la autonomía de todas y de cada una de las ramas de la Familia, no podemos perder de vista el hecho que nosotros hemos surgido del mismo carisma. Que el amor de Dios que inspiró San Vicente paraservir a los pobres es el mismo que nos inspira hoy a nosotros. Viviendo fielmente nuestro carisma, estamos llamados a ser misioneros, lo cual quiere decir que no conocemos fronteras, sean éstas geográficas, nacionalísticas, o aún familiares.

Si somos gente de fe y seguidores de Jesucristo, sabemos que esto es importante: que donde existan barreras, donde se hayan abierto heridas, estamos llamados a derribar las primeras y a sanar las segundas, a superar las diferencias que puedan dividirnos y a poner toda nuestra energía al servicio de los pobres.

Permítanme ahora ofrecerles algunos puntos prácticos en relación con mis futuras visitas:

  • No soy un conferencista. Tengo, si se quiere, un “estilo” que considero dialogal. En ese sentido, espero que mi presencia no sea “académica” y que pueda facilitar el compartir espontáneo, la escucha y la libre expresión de las distintas opiniones. Una de las cosas que he aprendido después de 19 años de ministerio pastoral en América Latina es que, como Iglesia, somos llamados a vivir nuestra fe basados en un modelo de “comunión y participación”, algo que corresponde mejor con mi manera de ver las cosas. Cuando yo vaya donde ustedes, no será mucho lo que les diré, porque espero que podamos compartir juntos nuestra experiencia de Jesús en los pobres. En el diálogo mutuo podemos incrementar nuestros esfuerzos por servirles.
  • Espero compartir la celebración de la Eucaristía donde vaya. Prefiero siempre basarme en la Palabra de Dios que la Iglesia Universal propone para cada día. Estamos llamados a vivir plenamente nuestro ser parte de la Iglesia Universal. San Vicente nos quiere como gente comprometida con la Iglesia, trabajando para hacer presente el Reino de Dios. Cuando celebramos la Eucaristía – elpunto más alto de nuestra fe – escuchamos la Palabra de Dios, el mensaje que la Iglesia entera está escuchando al mismo tiempo. Nosotros entramos así en armonía con la Iglesia Universal, y juntos como Iglesia, permitimos que esa Palabra revitalice nuestras vidas, dándonos ánimo para nuestra conversión personal y comunitaria, y también para la del mundo en que vivimos.
  • Otro punto práctico que quisiera mencionar antes de concluir se refiere a los regalos. Quizás en mis visitas me querrán hacer un regalo como recuerdo de mi presencia. Ciertamente aprecio este gesto, pero, como un signo de recuerdo de mi visita, prefiero a un objeto material, que puede ser incluso costoso, una donación en dinero para las necesidades de los pobres. Si estoy visitando un lugar donde no es posible lo anterior, el más grande recuerdo sería que los miembros de la Familia Vicentina puedan darse ellos mismos al servicio generoso – y más concretamente – donarse ellos mismas en regalo de servicio en uno de las lugares donde haya necesidad de apoyo. Les pido considerar ambas cosas, la donación económica para los pobres y el ofrecimiento voluntario que nos pueda ayudar a seguir dando vida a los más abandonados de nuestro mundo.

Quisiera concluir esta circular reiterando lo que soy: “un misionero”. Fui inspirado para ser misionero por un misionero. Agradezco a Dios por darme la oportunidad de servir como misionero. Como Superior General, continuaré siendo un misionero. Quiero invitar a todos ustedes a hacer vida su espíritu misionero de modo que juntos podamos continuar sirviendo al Señor, evangelizando los pobres.

Su hermano en San Vicente,

G. Gregory Gay, C.M.
Superior General

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